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Archive for Enero, 2001

14 del 1 de 2001; 01:04 PM - Pensamiento crítico

Los “abominables arpíos” y otros terribles escépticos

Las Guerras Magufas contra el Poder Oscuro


La pesadilla del magufo
Una horda de orcos cientificistas arremete contra los honrados magufos, seres de corazón luminoso y mente abierta de par en par.

Los Abominables Arpíos y otros Autodenominados Escépticos… Una Terrible Secta de Inquisidores, Dogmáticos negativistas, que anhelan la vuelta de la Inquisición y los tiempos de Intolerancia y Quema de brujas. Un grupo de Presuntos Científicos, Sospechosos y Grises Individuos cuya misión es Velar por el Sistema. Desde las Tinieblas actúan de forma Organizada, pagados por La CIA, la KGB y la tenebrosa NASA para ocultar las pruebas definitivas de la presencia ExtraTerrestre, arropados por El Ejército y el Gobierno por defender el Orden Establecido, los Dogmas de la Ciencia Oficial y de la Medicina Oficial, los oscuros Intereses de las Multinacionales, en definitiva… el Sistema.

Mientras tanto, los honestos Magufos, seres de Luz, Investigadores de lo Misterioso, Abren su Mente ante lo Desconocido, Desvelan lo Oculto al Pueblo, que quiere Saber. Los Ufólogos y Parapsicólogos, los Periodistas de lo Enigmático y lo ParAnormal, Recorren Kilómetros y Kilómetros para llegar a los más Recónditos y Exóticos lugares y recoger Testimonios de manera Imparcial y Objetiva, y realizar Valientes Reportajes. Desafiando a lo Establecido, al Dogma de la Ciencia Occidental y al
Ominoso Sistema, estos Aguerridos Investigadores de Corazón Luminoso y Mente Abierta de Par en Par, estas Criaturas Repletas de Sabiduría Interior, pronto van a Desenmascarar el Fraude de los Terribles Arpíos.

.o0O0o.

A qué viene esta chorrada? Pues a que, por lo visto, me encuentro metido en una especie de guerra que tiene poco que envidiar a la descrita en El Señor de los Anillos (y no me refiero al malísimo estilo de los párrafos anteriores, a años luz de Tolkien, sino a lo imaginativo de las batallas). Desde el Programa Mundo Misterioso, en Radio Voz, ciertos magufos se dedican a berrear sandeces sobre ARP y los escépticos. Que si estafamos becas. Que si reventamos conferencias. Que si amenazamos a rectores. Que si controlamos los medios de comunicación. Y la última es la mejor: ¡ahora resulta que hacemos piras y quemamos libros sobre astrología y parapsicología! (esta gilipollez se dijo en el mencionado programa de radio, el día 4 de julio de 1998, y totalmente en serio. No dábamos crédito a nuestros oídos).

¿Son tan abominables los “arpíos”?. En todo el mundo existen personas que dedican parte de su tiempo a fomentar la actitud crítica ante las afirmaciones extraordinarias, y a impulsar el desarrollo de la ciencia y del pensamiento racional. Generalmente son conocidos como escépticos (skeptics, en inglés americano). Aunque esta palabra suele tener connotaciones negativas en nuestro idioma, no significa realmente “descreído”, “cínico” o “pasota”, sino más bien observador crítico. Existen asociaciones de escépticos en muchos países (aunque no todo escéptico está asociado). La más más importante es el CSICOP (Committee for the Scientific Investigation of the Claims of the Paranormal). ARP-SAPCEn España tenemos ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico (antigua Alternativa Racional a las Pseudociencias). Como ya habréis adivinado, a sus miembros se nos conoce, en el mundillo del negocio basado en el misterio, como arpíos.

Efectivamente, no nos tragamos que los extraterrestres estén entre nosotros, o que los espíritus graben memeces como “ooooigaaa” o “estaaamos al otro laaaado de la mueeeerte” en cintas de casete. Y así lo manifestamos públicamente. Por eso algunos investigadores de lo paranormal dicen que los miembros de ARP nos hemos proclamado la Nueva Inquisición, y que actuamos a manera de Fascistas, Terroristas o Etarras. La verdad es que estas pataletas de microcéfalo, al principio le cabrean a uno, pero acaban por hacernos reir. Una anécdota: en una ocasión le pregunté por chat a un conocido investigador (de mandíbula portentosa, para más señas) que qué le había hecho yo para que se pusiera a insultarme de esa manera nada más dirigirle la palabra. Su respuesta fue “¿Qué te ha hecho a ti ETA?“. De manicomio, vamos.

¿Por qué tanta saña y mala aura? ¿Por qué tanto espumarajo por la boca? Bueno, ellos viven del cuento a costa del crédulo y el desinformado, y nuestras críticas pueden llegar a afectar a su bolsillo. El hecho de que no sepan contestarlas con argumentos, y que acudan fácilmente al insulto y a la mentira rebuznante, nos da ciertas pistas sobre el grado de desarrollo intelectual y moral de algunos de estos “profesionales” a quienes llamamos, (despectivamente, por supuesto) magufos.

(Nota: en este escrito hago una serie de generalizaciones sobre los magufos. Estas generalizaciones no se deben al prejuicio, sino al “postjuicio”, es decir, se hacen de manera consciente a partir de mi experiencia personal el el trato con estas personas, que parecen cortadas por el mismo patrón, más clónicos que las lentejas de agua (Lemna) que crecen en mi acuario. Excepciones honrosas las hay, como en todo)

Entre las estafas a las universidades y las piras de libros, a estos magufos sólo les ha faltado decir que adoramos a Satán y que devoramos niños. En fin… es precisamente eso, la estupidez, la que intentamos combatir. Pero ¿se puede combatir algo que no tiene límites?

Veamos las tres grandes mentiras en las que se basa el ataque al pensamiento crítico, calificaciones infundadas que los crédulos fanatizados y/o profesionales de lo misterioso han lanzado contra ARP, o contra los escépticos en general, pertenezcan o no a alguna asociación. Intolerancia, Dogmatismo y Negativismo.

Intolerancia

Es curioso cómo se tergiversa el significado de las palabras. Hay quien llama intolerante a aquel que critica una opinión. Y quien no se contenta con usar dicho término, puede añadir “fascismo”, “nazismo”, “terrorismo”, “inquisición”, “censura”, etc. Cada vez está más extendida la idea ñoña de que toda opinión es respetable. No es así: son respetables todas las personas, pero no todas las opiniones; hay opiniones que no merecen ningún respeto, por ejemplo, las opiniones racistas. Hay quien, adoptando una postura de “escepticismo universal”, afirma incluso que todas las opiniones son igual de válidas, que “todo es relativo” y que lo único que importa es que cada cual esté convencido de la suya. No, señor: también importa la relación entre esas opiniones y la realidad, y a veces, algunas veces, esto se puede determinar y valorar.

La gente que piensa así no puede comprender el derecho a discrepar, el derecho a criticar u ofrecer un punto de vista diferente. Cualquier crítica a sus afirmaciones la toman como una manifestación de intolerancia. Los magufos suelen llamar intolerantes a quienes se oponen a sus afirmaciones extraordinarias o a quienes les desenmascaran (pues muchas veces es fácil pillarles mintiendo descaradamente). Según ellos, lo tolerante sería que cerrásemos el pico. Y así pretenden ser más demócratas que nadie…

El filósofo Fernando Savater ha tratado esta actitud falsamente democrática, en un artículo publicado en El País Semanal (5 de julio de 1998), titulado Lo indiscutible. Me permito transcribir dos magníficos párrafos [Nota: con “escepticismo universal”, Savater no se refiere al escepticismo ante la pseudociencia y lo oculto, sino todo lo contrario, es decir, a la postura ecléctica del “todo vale”]:

Lo curioso de este escepticismo universal (las opiniones sólo sirven para mostrar la postura de cada cual, nunca para descubrir entre unas y otras la perspectiva objetivamente menos errónea) llena de gozo democrático a los imbéciles que la sustentan. Según ellos, lo característico de la democracia es que cada cual tenga su opinión, que todas las opiniones sean igualmente válidas o respetables y que nuestras opiniones no demuestren más que cómo somos nosotros, no cómo es la realidad.

Quien piensa que hay opiniones fundadas y otras infundadas, que respetar todas las opiniones es tan sensato como considerar bebidas igualmente sanas el buen vino de Rioja y el ácido prúsico, que cuando discutimos puede no buscarse el poder de la facción propia, sino el establecimiento de la verdad, queda inmediatamente caracterizado como un dogmático impenitente o un hipócrita. Y de este modo, en lugar de ser más demócratas que nadie, lo que hacen es cargarse la democracia para todos.

Fernando Savater

Dogmatismo

El magufo suele llamar “dogmático” a quien, a causa de la inexistencia de pruebas fiables, no cree en los fenómenos paranormales, en la magia, en los milagros o en las abducciones de los extraterrestres, por poner algunos ejemplos. De este modo, los magufos dan la vuelta a la tortilla: mientras que ellos son los “tipos guays” que tienen la mente abierta, el escéptico pasa a ser un cerril “adepto” de una religión que tiene a la Ciencia como Dios. Mejor dicho, a la ciencia oficial, ya que los magufos suelen distinguir entre “ciencia oficial” y “no oficial”, y también entre “ciencia occidental” y “ciencia oriental”.

Pero la ciencia es una, y es universal; no sabe de geografía ni de instituciones. Lo que la caracteríza es su método; un método que le permite autocontrolarse, autocorregirse y en definitiva avanzar. La ciencia es todo menos dogmática: en la ciencia, las hipótesis y las teorías pueden rechazarse y sustituirse si se prueba que son erróneas. Aquello que va en contra “de la ciencia oficial” lo tiene muy fácil: pruébese sin trampas, sin ambigüedades, y con los debidos controles y será reconocido. De lo contrario, que nadie espere que lo creamos porque sí. Eso sí sería dogma.

Negativismo

Según los magufos, los escépticos somos “profesionales de la negación”, que niegan por sistema todo aquello que vaya en contra de su limitada visión de las cosas. Al negar, no aportan nada al conocimiento. Con una actitud tan negativa, nunca se llega a ninguna parte, dicen otros. Pues bien, los escépticos generalmente gastamos más energías en afirmar que en negar. Son los magufos quienes suelen rechazar precisamente aquellos hechos o teorías más fuertemente comprobadas mediante la ciencia, simplemente porque no les gustan.

Es muy frecuente oír a un magufo negar el hecho de la evolución biológica, porque les gusta creer que descienden de ángeles, o de seres celestiales. O niegan las limitaciones impuestas por la Relatividad de Einstein, porque destruye sus pretensiones de estar en contacto con seres de otras galaxias. O niegan el virus VIH como causa del SIDA, porque prefieren pensar que la “medicina oficial” conspira para salvaguardar sus oscuros intereses, y que las enfermedades se deben en realidad a desequilibrios de la energía vital. O niegan lo que conocemos sobre la estructura interna de la Tierra, porque les gusta la idea de un planeta hueco repleto de duendecillos. Los “negativistas” son ellos.


En fin, hay mentiras muy evidentes. Las de los magufos lo son. Tolkien no lo dice, pero hasta Saurón oía la voz de su conciencia. Dicen que no era más que un siervo, bajo el dominio de un ser de fuertes mandíbulas. A veces, el pobre Saurón se preguntaba si estaba en un bando decente. Pero bastaba una mirada hipnótica y fulminante de su Amo para que las dudas se esfumaran.


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por Cibernesto | Enlace | Comentarios (22)



12 del 1 de 2001; 05:26 AM - Pensamiento crítico

El sesgo de la prensa en el tema de las pseudomedicinas

La información que dan los medios de comunicación suele estar muy sesgada, y no precisamente a favor del consumidor

La siguiente carta fue publicada (con algún que otro recorte) en El País Semanal el 23 de mayo de 1999. Entre los 18 firmantes había periodistas científicos, miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, y participantes de la lista de correo Escepticos. Aunque hace referencia a un artículo concreto del mencionado diario, el sesgo de la prensa que denuncia la carta es patente en infinidad de artículos de éste y de prácticamente el resto de los periódicos.

Medicinas alternativas: información sesgada

Deseamos protestar por el tratamiento sesgado que se le está dando en los medios de comunicación, incluido este diario, a las llamadas “medicinas alternativas” (MA) o “complementarias”. Sesgo que favorece claramente a la parte interesada, es decir, a quienes ganan dinero con ello, estén o no licenciados en medicina.

El artículo Curarse en salud de El País Semanal (25 de abril), continúa en esta línea propagandística que evita cualquier referencia al (inexistente) fundamento científico de las MA. Pero aunque la mona se vista con titulaciones o decretos, mona se queda: los médicos pueden ponerse de acuerdo entre sí y con los políticos para convertir en “oficiales” a las MA, pero eso no salvará al diagnóstico por el iris de su carácter claramente pseudocientífico. Pueden “regularse” las MA, pero eso no cambiará los desastrosos resultados de la homeopatía en los ensayos clínicos, ni tampoco hará que se revise la “ley” homeopática de los infinitesimales, que contradice flagrantemente las leyes físico-químicas.

Se hace necesario contrastar el conocimiento científico sobre la naturaleza y la salud, con los principios de las MA, que muchas veces son tan anacrónicos y disparatados como considerar, a estas alturas, que la Tierra es plana. Se pierde una buena oportunidad para hacer divulgación científica, fomentar el pensamiento crítico, y en definitiva informar al lector, pues poca gente sabe que los productos homeopáticos frecuentemente no contienen ni una sola molécula de la supuesta sustancia curativa. Quizá, si estuvieran mejor informados, no pagarían tantos billetes por frascos con “agua bendita” y caramelos de anís corrientes. “Me aterra pensar que un día tengan que ingresarme y me traten sin tener en cuenta mis convicciones holísticas“, dice una homeópata en el artículo. A muchos nos aterra, en cambio, lo que estas personas puedan recomendar, dadas sus convicciones, a un enfermo que tenga una dolencia seria.


Ciencia y homeopatía.

(Lo que sigue es una réplica a la carta anterior. La recibí por correo y también fue enviada a El País, aunque parece que este diario no la llegó a publicar. La autora utiliza los argumentos más usuales de los partidarios de las “medicinas alternativas” y hace referencia a una publicación científica que carece de validez, como se explica en la contrarréplica):

Leo con estupor que un biólogo y 17 firmas mas hablan de las medicinas alternativas y, concretamenteþde la Homeopatía, con un total desconcimiento del tema. Es una lástima que todavía haya profesionales la ciencia que no hablan desde una postura científica y abierta a la realidad sino desde unos prejuicios pseudocientíficos y viscerales.

  • En primer lugar hablan de “. . .quienes ganan dinero con ello (los homeópatas). . . ” como si los demás profesionales trabajaran por amor al arte.
  • En segundo lugar hablan del ” . . (inexistente) fundamento científico de la la Homeopatía”

A Dios gracias existen científicos aplicados y sin prejuicios y una publicación tan prestigiosa como la revista NATURE da fe de ello: Sobre finales del 88 principios dei 89, bajo el titulo “When to belive the unbeliebable” (”Cuándo creer lo increible”) publicó una interesantísima investigación, Ilevada a cabo por diferentes investigadores en distintos lugares y condiciones que revela la incontestable acción “in vitro” de remedios homeopáticos incluso en diluciones en las que se puede afirmar que ya no contienen ni siquiera una molecula de la sustancia que le da nombre.

Sobre su accion “in vivo” no hace falta ni que se pronuncien los cientificos , pues somos muchas las personas que nos hemos beneficiado de ella. EI hecho de que animales y lactantes aquejados de enfermedades graves sean beneficiarios de esta curiosa medicina demuestra que no es el efecto placebo el que funciona. Además el efecto placebo dura poco y yo estoy hablando de curaciones definitivas. (existe abundante casuística).

  • En tercer lugar, este biologo y sus 17 compañeros firmantes hablan del “caracter pseudocientífico y de los desastrosos resultados de la homeopatía en ensayos clínicos”.

Esto quiere decir que ni tienen noticia de las investigaciones pubiicadas en NATURE y, por otra parte pecan de ingenuos al pensar que realmente es la ciencia lo que da caracter real a las cosas ¿Acaso la tierra empezó a girar alrededor del sol cuando la ciencia le dio permiso? ¿No es siempre la realidad la que existe primero para que la ciencia la descubra?

  • En cuarto lugar hablan de de que “la ley homeopática de los infinitesimales contradice flagrantemente las leyes fisco-quimicas” otra vez la ingenuidad omnisciente que pretende que actualmente ya se sabe todo sobre el universo (Solo se que no se nada, diria un auténtico científico).

Intentar explicar el fenómeno de la homeopatía desde esa simpleza equivaldría a pretender captar las ondas sonoras que transmite el agua haciendo un análisis químico de ese agua. ¡Por favor, seamos serios! Como A.T.S. conozco múltiples casos de pacientes que encontraron en la homeopatía una solución mucho más profunda y duradera para sus males, en algunos casos la única solución . He procurado informarme bien acerca de este tema y aún así considero que no sé nada acerca de este apasionante arte de curar. ¿Es mucho pedir que se hable de lo que se conoce?


Contrarréplica

Esta es la respuesta que envié a la autora de la réplica anterior. Se aclaran algunas malinterpretaciones y se responde a los argumentos de la autora, especialmente los referidos al famoso experimento de la memoria del agua (el “caso Benveniste”). Nota: he omitido del texto el primer párrafo, en el que se habla de “cuidar las formas” en el envío de cartas, y que no creo que tenga interés para el lector:

Estimada X.,

En el texto de la carta que ha mandado usted a El País hay un grave error, que puede resultar divertido en una carta personal, pero tratándose de un texto dirigido a miles de lectores de El País, ya no es tan divertido, pues constituye otro de los innumerables casos de desinformación acerca de estas “otras medicinas”.

¿En qué consiste el error? Bien, usted hace referencia a un experimento publicado en la prestigiosa (efectivamente) revista Nature en el año 1988, es decir, hace 11 años. Once años, estimada X., en los cuales ha llovido mucho: el experimento aquel y todo lo que sucedió después ha pasado a denominarse “el caso Benveniste” y a citarse como uno de los ejemplos de mala ciencia más interesantes. Veamos:

Aunque el experimento de Benveniste no probaba la eficacia de la homeopatía, sí justificaba aparentemente el disparate de las diluciones homeopáticas, ya que supuestamente establecía la existencia de la “memoria del agua”. Pero este fenómeno hoy en día (después de 11 años) es algo totalmente descartado en la comunidad científica. Los experimentos han dicho que no existe.

Nature era consciente de lo que suponía publicar un experimento tan flojamente controlado y con semejantes resultados. Cito un párrafo del informe de Carlos Tellería, Victor J. Sanz Larrínaga, Miguel A. Sabadell , a petición del Instituto de Estudios de la Salud de la Generalitat de Catalunya:

“El motivo de la publicación del artículo en Nature es permitir que miembros destacados de la comunidad científica puedan descubrir fallos o agujeros en el planteamiento, o sugieran nuevas experiencias que permitan validar las conclusiones. Añade, con gran perspicacia, que no puede haber justificación para utilizar las conclusiones de Benveniste fuera de dicha motivación.”

Las críticas que recibió la revista Nature fueron duras: ni los datos ni el diseño del experimento eran rigurosos, y así lo habían notado los referees (los que se encargan de dar el visto bueno a la calidad de un artículo para su publicación). Una comisión evaluadora, en la que participó el director de Nature, repitió el experimento y obtuvo resultados opuestos a los de Benveniste, decidiendo que no había razones para aceptar las conclusiones de éste como válidas. Muchos otros grupos repitieron el experimento de forma independiente, con resultados también nulos: no había memoria del agua; Benveniste estaba bajo sospecha (¿falta de rigor en su experimentación, o simple fraude? ¿Tuvo algo que ver la financiación por parte de la gran multinacional homeopática Boiron? Probablemente, no se trató de fraude, sino de sesgo inconsciente).

Posteriormente, Benveniste rehusó repetir él mismo su experimento en una situación más neutral y controlada. La memoria del agua estaba científicamente acabada, aunque los homeópatas no han variado un ápice sus creencias: siguen al pie de la letra al Maestro Hahnemann. Es típico de la pseudociencia seguir con un tema rechazado por la evidencia sin aportar ninguna otra prueba experimental. Benveniste seguía dando conferencias acerca del tema y participando en “saraos” cada vez más pseudocientíficos. Por supuesto, utilizaba la manida teoría de la conspiración de los poderes fácticos contra él (las autoridades sanitarias, a estas alturas, ya le habían retirado de su puesto: se había convertido en un payaso de feria).

Actualmente Benveniste tiene el disparatado proyecto de transmitir las “propiedades curativas” homeopáticas a través del cable, via internet (como lo oye, X.). Le ha sido otorgado ¡en dos ocasiones! el premio Ig-Nobel, un divertido premio que parodia al Nobel, y que suele darse, por ejemplo, a la investigación más absurda del año.

Y es que no sirve con citar un experimento publicado hace 11 años y pretender que con eso se justifican los postulados homeopáticos. Y encima, llamarnos ingenuos respecto al funcionamiento de la ciencia. En Nature, y en otras revistas científicas de primera, se publican frecuentemente estudios cuya validez es luego descartada cuando laboratorios diferentes consiguen resultados opuestos utilizando la misma metodología. La ciencia funciona así: lo que un día parece un resultado revolucionario, al poco tiempo resulta que se debió a un descuido en el diseño experimental, a la falta de objetividad, o en el peor de los casos, al fraude. El de Benveniste no es el único ejemplo: los hay en medicina, en biología, en física, en
paleontología…

No se puede citar a estas alturas el experimento de Benveniste como un apoyo para la homeopatía, y por tanto, si su carta se publica en El País, en mi humilde opinión está usted obligada moralmente a rectificar, o de lo contrario muchos lectores recibirán una información opuesta a la verdad.

Hay otras partes de su carta sobre las que haré otros comentarios. Dice usted lo siguiente: “-En primer lugar hablan de “. . .quienes ganan dinero con ello (los homeópatas). . . ” como si los demás profesionales trabajaran por amor al arte.”. Bueno, esto es tergiversar el sentido de nuestra frase, salvo que no la haya entendido usted, y en ese caso queda relativamente disculpada. Si se fija bien, en ningún momento hemos pretendido que la gente no deba ganar dinero en su profesión. Lo que decimos en la carta es que los medios de comunicación tratan el asunto de las medicinas alternativas de una forma sesgada que favorece únicamente a la parte que gana dinero con ello, pero no a la parte que gasta el dinero. En otras palabras, sirve como publicidad o propaganda. A la otra parte, el paciente o consumidor, le interesa una información equilibrada, en la que la crítica científica a la “medicina alternativa” esté presente. Nos referimos a esto y no a que la gente deba trabajar gratis.

Dice usted también que es una “ingenuidad omnisciente” decir que la ley de los infinitesimales contradice las leyes físico-químicas. Pues no, señora, no es una ingenuidad. Lo que es una ingenuidad es pretender que todas las industrias químicas y todos los laboratorios del mundo puedan funcionar en el caso de que existiera “la memoria del agua”. Si realmente las sustancias potenciaran sus efectos al diluirlas, el mundo sería completamente diferente al que usted conoce. Por ejemplo, el agua de un arroyo que ha pasado por un bosque con plantas medicinales debería curar muchísimas enfermedades, así como matar a todo el mundo si hubiese una planta venenosa en ese bosque. Cuanto mas escondida la planta venenosa, mas mortal el agua. Se han hecho multitud de chistes y comentarios ingeniosos (pero muy lógicos) sobre cómo sería el mundo si la ley de los infinitesimales fuera cierta. Cuando decimos que hay una contradicción con las leyes físico-químicas, no estamos negando que haya cosas desconocidas para la ciencia; sino que hay en ciencia leyes y conceptos bien establecidos, como el número de Avogadro, que son incompatibles con las propiedades mágicas de los productos homeopáticos. Incompatibles quiere decir incompatibles: o es cierto uno, o es cierto otro, pero no los dos al mismo tiempo. No pretenderá usted que eliminemos aquello que ya conocemos bien sólo por unas teorías sin ninguna prueba a favor, inventadas por un señor que ya iba retrasado científicamente en el siglo XVIII.

Más adelante dice usted que los científicos no han de pronunciarse (¿?) sobre la acción “in vivo” de la homeopatía, ya que, como usted misma ha tenido ocasión de comprobar, es muy eficaz. Pero en estos casos no sirven las anécdotas ni la apreciación personal. ¿Cómo distinguir entre las supuestas curaciones homeopáticas y las supuestas curaciones milagrosas en Lourdes? ¿Nos fiamos de usted porque es ATS? ¿Nos fiamos del Dr. Fulano porque es homeópata? ¿Nos fiamos de los laboratorios Boiron porque son los que más saben de “medicina homeopática”? No, no nos fiamos. Solo nos fiamos de los ensayos clínicos, porque aunque usted puede ser muy honesta, no es lo suficientemente objetiva (ninguna persona lo es, y por eso los científicos usan ensayos de tipo “doble ciego”).

Le cuento un caso que podría ser similar: MILES de enfermeras y médicos en EEUU practicaban y practican una técnica de sanación conocida como “imposición de manos”, que supuestamente curaba por medio de una “extraña energía” de tinte paranormal. Todas estas enfermeras estaban convencidas de que sus intervenciones eran muy eficaces (como usted de la homeopatía). Y sin embargo, un experimento determinante, diseñado por una niña genial, demostró que los “impositores de manos” no acertaban mejor que el puro azar.

¿A qué se debe esta discrepancia entre lo que cree firmemente el enfermero, y muchas veces el paciente, y lo que muestran los experimentos controlados? Existen fenómenos psicológicos relativamente bien conocidos, tanto en el médico como en el paciente, que explican por qué esa aparente, repito, aparente, “curación por la fe”. Si usted está interesada en saber más, estoy a su disposición. Puede leer dos detallados análisis críticos del tema de la homeopatía en www.arp-sapc.org (vaya a la sección “homeopatía”, y busque el capítulo dedicado al “caso Benveniste”.

Un saludo muy cordial y perdone a este ignorante.

por Cibernesto | Enlace | Comentarios (1)



12 del 1 de 2001; 05:12 AM - Pensamiento crítico

ARP denuncia la grave irresponsabilidad de algunos colegios médicos y universidades al apoyar prácticas médicas fraudulentas

Científicos alertan:

“Incluir en la Sanidad pública las llamadas medicinas alternativas, como pretende el PSOE andaluz, es jugar con la salud de los ciudadanos”

Nota de prensa de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, 19 de julio de 1999.

Que los llamados ‘médicos alternativos’ entren en la Sanidad pública tiene tanto fundamento como que lo hagan Rappel o Aramis Fuster; es decir, ninguno”, ha indicado Javier Armentia. El presidente de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico advierte así que la pretensión del PSOE para respaldar que el Servicio Andaluz de Salud incluya entre sus prestaciones la homeopatía, la acupuntura y otras terapias no se basa en criterios científicos, los únicos válidos cuando estamos hablando de la salud de la población.

El portavoz del grupo socialista en el Parlamento andaluz, José Caballos, mantiene que, con su iniciativa, se pretende “hacer normal en el SAS y en las leyes lo que es normal en la calle”, partiendo del hecho de que un 25% de los andaluces gastan anualmente 4.000 millones de pesetas en productos de la denominada medicina alternativa. Dado que el 46% de los españoles consulta habitualmente el horóscopo y el negocio de la adivinación del futuro mueve en nuestro país -dato correspondiente a 1993- unos 180.000 millones de pesetas anuales, ARP considera que, siguiendo el razonamiento del diputado socialista, el erario público debería cubrir antes la consulta a todo tipo de videntes, lo que demuestra lo disparatado e irracional de la propuesta.

ARP, sociedad integrada por científicos e intelectuales como Victoria Camps, Fernando Savater y Manuel Toharia, aboga porque los criterios que se sigan a la hora de examinar este tipo de terapias sean exclusivamente científicos y recuerda que, ya en 1985, la Real Academia Nacional de Medicina dictaminó que “no hay ‘medicinas alternativas’, sino intentos de alternativa a la medicina, sin fundamento científico reconocido”. Más recientemente y sobre la homeopatía en concreto, un informe de expertos encargado por el Parlamento Europeo determinó que su fundamento, la denominada ‘ley de la similitud’ carece de cualquier rigor científico. Y hay dictámenes similares sobre la acupuntura, la cromoterapia, la iridología, etcétera.

Revista El Escéptico. Información y subscripción

Para Pedro Caba, miembro de ARP y ex vicepresidente de la Organización Mundial de la Salud, “se trata de una lucha entre la fe y la razón. Ellos ponen la mente como principal responsable de todas las enfermedades y consideran que toda persona puede curarse a sí misma; pero la ciencia ha demostrado que sus argumentos carecen de fundamento”. “La única alternativa a la medicina es una medicina mejor”, advierte Caba, para quien las técnicas pseudocientíficas, a las que ahora quiere dar cobertura pública el Parlamento andaluz, pueden llegar a ser “muy peligrosas. Los precursores de tales métodos sólo pueden ser calificados como verdaderos charlatanes”

ARP considera lamentable que, desde posturas políticas progresistas, se dé pie al oscurantismo más recalcitrante; denuncia que la grave irresponsabilidad en que incurren algunos colegios de médicos y universidades que dan respaldo a este tipo de técnicas no por su validez científica, nunca demostrada, sino porque un amplio colectivo de médicos en paro ha encontrado en las mismas su sustento, y advierte que la inclusión en la Sanidad pública de cualquier terapia debe fundarse, exclusivamente, en su efectividad real demostrada científicamente, y no en una demanda social, en unos intereses corporativistas y en unos intereses empresariales (multinacionales farmacéuticas), como sucede con esta propuesta

El PSOE andaluz, con su iniciativa, está respaldando los intereses de embaucadores en detrimento de la salud de los ciudadanos.

ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico

por Cibernesto | Enlace | Comentarios (0)



11 del 1 de 2001; 12:52 PM - Pensamiento crítico

Medicina alternativa. Los riesgos de remedios no probados y no regulados

Editorial de The New England Journal of Medicine (Septiembre, 1998)

Marcia Angell, M.D. y Jerome P. Kassirer, M.D.
Traducido por Josep Català Medina

¿Qué es lo que aparta a la medicina alternativa de la medicina ordinaria?
El término se refiere a un notable y heterogéneo grupo de teorías y prácticas - tan dispares como homeopatía, terapia de toque, imagería y medicina herbolaria. ¿Qué las unifica? Eisenberg et al. definieron la medicina alternativa (ahora llamada con frecuencia medicina complementaria) como “intervenciones médicas que no se encuentran en las escuelas norteamericanas de medicina o en los hospitales norteamericanos.” Esta no es una definición muy satisfactoria, especialmente desde que muchos remedios alternativos han encontrado su camino dentro del entrenamiento médico. Escuelas de medicina enseñan medicina alternativa, hospitales y organizaciones de salud la ofrecen, y las leyes en muchos estados requieren planes de salud que la incluyen. La medicina alternativa constituye además una enorme y rápidamente creciente industria, en la cual las compañías farmacéuticas están participando.

Lo que mas aparta a la medicina alternativa, bajo nuestro punto de vista, es que no ha sido científicamente probada, y que además niega la necesidad de serlo. Por probar entendemos la obligatoriedad de evidencia rigurosa de seguridad y eficacia, tal como lo requiere la Food and Drug Administration (FDA) para la aprobación de fármacos, y las mejores revistas de medicina para la publicación de reportes de investigación. Por supuesto que muchos tratamientos usados en la medicina convencional no han sido rigurosamente probados, sin embargo, la comunidad científica por lo general reconoce que esta es una falla que debe ser remediada. Por el contrario, muchos defensores de la medicina alternativa creen que el metodo científico simplemente no es aplicable a sus remedios. Prefieren confiar en anécdotas y teorías.

En 1992, el Congreso estableció en los Institutos Nacionales de Salud una Oficina de Medicina Alternativa para evaluar los remedios alternativos. Los resultados fueron muy decepcionantes. Por ejemplo, de las 30 investigaciones seleccionadas para subvención por la oficina en 1993, 28 terminaron en “reportes finales” (resúmenes) que fueron listados en la base de datos pública en línea de la oficina. Pero una búsqueda en el Medline 6 años después de que las subvenciones fueron otorgadas, reveló que solo 9 de las 28 resultaron en artículos publicados. Cinco lo fueron en 2 revistas no incluidas entre las 3500 revistas de la colección Countway Library of Medicine. De los otros 4 estudios, ninguno fue un ensayo clínico controlado, por lo que ninguna conclusión pudo hacerse sobre la eficacia de los tratamientos alternativos.

Se ha argumentado que la medicina convencional confia en anécdotas también, muchas de las cuales son publicadas como reportes de casos en las revistas más leídas. Pero estos reportes de casos difieren de las anécdotas de la medicina alternativa. Aquéllos describen un nuevo hallazgo bien documentado en un campo definido. Si, por ejemplo, el “Journal” recibiera un articulo describiendo la recuperación de un paciente con cancer de páncreas luego de ingerir una dieta de ruibarbo, nosotros exigiríamos documentación acerca de la enfermedad y su extensión, preguntaríamos acerca de otros pacientes similares que no se recuperaron con el ruibarbo, y sugeririamos probar la mencionada dieta en otros pacientes. Si las respuestas a éstas y otras preguntas fueran satisfactorias, podríamos publicar el reporte de caso -no para anunciar un remedio, sino sólo para sugerir una hipótesis que podría ser verificada en un ensayo clínico apropiado. Por el contrario, las anécdotas sobre remedios alternativos (usualmente publicados en libros y revistas para el público) no tienen dicha documentación y son consideradas en sí mismas como apoyo suficiente para sus pretensiones terapéuticas.

La medicina alternativa se distingue tambien por una ideología que ignora los mecanismos biológicos, con frecuencia desacredita la ciencia moderna y confía en que está basada en prácticas antiguas y remedios naturales (que son vistos simultaneamente como más potentes y menos tóxicos que las medicinas convencionales). Según esto, las hierbas y mixturas son consideradas como superiores a los compuestos activos aislados en el laboratorio. Asi, metodos como la homeopatía y la terapia de toque son fervientemente promocionados, a pesar no solo de carecer de evidencia clínica de efectividad, sino de basarse en principios que violan las leyes científicas fundamentales - seguramente una circunstancia que requiere más, y no menos, evidencia.

De todas las formas de tratamiento alternativo, el mas común es la medicina herbolaria. Antes del siglo 20, muchos remedios eran botánicos, unos pocos de los cuales fueron encontrados útiles a traves del ensayo y el error. Por ejemplo, la digital púrpura resultó útil para la hidropesía, el opio de la amapola para el dolor, la tos y la diarrea, y la corteza de la chinchona para la fiebre. Pero los éxitos terapéuticos con medicinas botanicas tuvieron un alto costo humano. Las indicaciones para estas sustancias estaban mal definidas, las dosis eran arbitrarias porque las concentraciones de los ingredientes activos eran desconocidas, y toda clase de contaminantes estaban presentes. Más importante aún, muchos de los remedios simplemente no servían, y muchas personas empeoraban o morían. La única forma de separar lo beneficioso de lo inútil o peligroso era a través de anécdotas que se transmitian de boca en boca.

Todo esto comenzó a cambiar en el siglo 20 como resultado de los rápidos avances en la ciencia médica. La emergencia de métodos químicos y farmacológicos sofisticados permitió que pudieramos identificar y purificar los ingredientes activos de los productos botánicos y estudiarlos. Los digitálicos fueron extraídos de la digital púrpura, la morfina del opio de la amapola, y la quinina de la corteza de la chinchona. Además, una vez que la química fue comprendida, fue posible sintetizar moléculas relacionadas con propiedades más deseables. Por ejemplo, la penicilina fue fortuitamente descubierta cuando el moho Penicillium contaminó algunos cultivos bacterianos. Su aislamiento y caracterización permitieron la síntesis de una gran variedad de antibióticos relacionados con diferentes espectros de actividad.

Además, poderosas herramientas epidemiológicas fueron desarrolladas para probar los remedios potenciales. En particular, la evolución de los ensayos clínicos controlados y randomizados permitio a los investigadores estudiar con precision la seguridad, eficacia y las dosis efectivas de los tratamientos propuestos, asi como sus indicaciones. Ya no fue entonces necesario confiar en ensayos y errores ni en anecdotas. Aprendimos a preguntar y esperar evidencias estadísticamente confiables antes de aceptar conclusiones sobre remedios. Sin esta evidencia, la FDA no permite que un farmaco sea comercializado.

Los resultados de estos avances han sido espectaculares. Como ejemplos, ahora conocemos que el tratamiento con aspirina, heparina, agentes trombolíticos y bloqueadores beta-adrenérgicos reduce grandemente la mortalidad por infarto de miocardio; una combinacion de analogos de nucleósidos y un inhibidor de la proteasa puede retardar el inicio del SIDA en personas con infección por HIV; los antibioticos curan las úlceras pépticas; y un cóctel de medicamentos citotóxicos puede curar muchos casos de leucemia infantil. Tambien en este siglo, hemos desarrollado y probado vacunas contra una gran variedad de enfermedades infecciosas, como sarampión, poliomielitis, tos ferina, difteria, hepatitis B, muchas formas de meningitis y neumonía neumocócica, y tenemos un vasto arsenal de antibióticos efectivos para muchas otras. En menos de una centuria, la expectativa de vida en los Estados Unidos se ha incrementado en tres decadas, en parte debido a una mejor sanidad y estándares de vida, pero en gran parte debido a los avances en la medicina realizados a traves de pruebas rigurosas. Otros países se quedaron atras, pero como la medicina científica se hace universal, todos los países obtendrán los mismos beneficios.

Actualmente, con el incrementado interés en la medicina alternativa, nosotros vemos una inversión hacia aproximaciones irracionales para la práctica médica, aún cuando la medicina científica esta realizando muchos de sus más dramáticos avances. Explorar las razones de esta paradoja está fuera de los objetivos de este editorial, pero es probablemente parte de una desilusión por el trato apresurado e impersonal ofrecido por los médicos convencionales, y por los tratamientos duros que pueden ser necesarios para las enfermedades de por vida.

Afortunadamente, muchas de las hierbas medicinales son probablemente inocuas. Además, están destinadas primariamente para personas sanas que creen que estos remedios van a mantener su salud, o para personas que tienen problemas comunes relativamente menores, como lumbalgia o fatiga. Muchas de estas personas probablemente busacarán medicos convencionales si tienen indicaciones de enfermedad seria, como dolor torácico opresivo, una masa en la mama o sangre en la orina. Aun así, la incertidumbre sobre la seriedad de ciertos síntomas puede llevar a una peligrosa demora en acceder a tratamientos que han probado ser efectivos. Y mucha gente puede abrazar exclusivamente la medicina alternativa, poniendo su vida en un gran peligro. En este numero del “Journal”, Coppes et al. describen 2 casos de este tipo.

También en este número, vemos que existen riesgos en la medicina alternativa, ademas de la falla en recibir tratamientos efectivos. Slifman y sus colegas reportan un caso de intoxicación digitálica en una joven que ingirió una mezcla de hierbas contaminadas. El reporte de Ko encuentra amplias inconsistencias y adulteraciones en su análisis de medicinas asiáticas patentadas. LoVecchio et al. reportan un paciente que sufrió de depresión del sistema nervioso central luego de ingerir una sustancia vendida en tiendas de health-food como estimulador del crecimiento, y Beigel y colaboradores describen el enigmático curso clínico de un paciente que desarrolló intoxicación por plomo luego de tomar hierbas medicinales hindúes para su diabetes. Estos son simples ejemplos de un problema sin duda, rapidamente creciente.

¿Y que hace la FDA? ¿No es posible monitorear la seguridad y eficacia de estos remedios? No mucho, de acuerdo al Congreso de los Estados Unidos. En respuesta a los esfuerzos de las multibillonarias industrias de “suplementos dieteticos”, el Congreso en 1994 eximió sus productos de la regulación de la FDA (los remedios homeopáticos han sido eximidos desde 1938). Desde entonces, estos productos han invadido el mercado, sujetos sólo a los escrúpulos de sus manufactureros. Pueden contener las sustancias listadas en sus etiquetas en las cantidades mencionadas, pero no necesariamente, y no hay nada que hacer para prevenir su venta si esto último sucede. En análisis de productos de ginseng, por ejemplo, la cantidad de ingrediente activo de cada píldora varía tanto como un factor de 10 respecto a las cantidades mencionadas en las etiquetas. Muchas muestras no contenian nada del ingrediente.

Las hierbas medicinales pueden ser vendidas además sin el menor conocimiento acerca de su mecanismo de acción. En este número del “Journal”, DiPaola y sus colegas reportan que la mixtura de hierbas conocida como PC-SPES (PC por cancer de prostata y “spes” por “esperanza” en latín) tiene una actividad estrogénica considerable. Esta sustancia es promocionada como estimulante del sistema inmunitario en pacientes con cáncer de próstata refractarios al tratamiento con estrógenos. Muchos varones que han tomado PC-SPES, han recibido cantidades variables de tratamiento hormonal sin saberlo, además del tratamiento estrogénico dado por sus médicos convencionales.

El único requerimiento legal para la venta de estos productos es que no sean promocionados para prevenir o tratar enfermedades. Para cumplir con esta estipulación, sus productores han adquirido el arte de hablar en doble sentido (como ejemplo el nombre PC-SPES). No solo se expenden bajo el eufemístico nombre de “suplementos dietéticos”, sino que sus supuestos usos médicos se insinúan. No obstante, es claro lo que significan. El cartílago de tiburón (vendido en una tienda local por más de $3 la dosis diaria) es promocionado “para mantener apropiadamente la función de huesos y cartílagos”, el palmito “para promover la salud de la próstata” y el extracto de semilla de horse-chestnut “para promover … la salud de las venas de las piernas”. Cualquiera puede ir a una tienda de alimentos saludables y comprar inadvertidamente PC-SPES con cantidades desconocidas de actividad estrogénica o hierbas hindúes contaminadas con metales pesados. La FDA puede intervenir sólo despues del hecho, cuando es claro que el producto es dañino.

Es tiempo para la comunidad científica de detener el libre tránsito de la medicina alternativa. No existen dos clases de medicina - convencional y alternativa. Existe sólo medicina que ha sido adecuadamente probada y medicina que no lo ha sido, medicina que trabaja y medicina que puede trabajar o no. Una vez que un tratamiento ha sido rigurosamente probado, no interesa si fue considerada alternativa en su inicio. Si es razonablemente segura y efectiva, será aceptada. Pero las aseveraciones, especulaciones y testimonios no pueden sustituir a la evidencia. Los tratamientos alternativos deben ser sometidos a pruebas científicas no menos rigurosas que las requeridas para los tratamientos convencionales.

Marcia Angell, M.D.
Jerome P. Kassirer, M.D.

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10 del 1 de 2001; 12:47 PM - Pensamiento crítico

Homeopatía: la opinión de los pacientes

Por Manuel Borraz

La revista OCU-Salud, nº 30 (junio-julio / 2000), de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), ha publicado los resultados de un original estudio bajo el título ¿Qué piensan de la homeopatía? (pp. 20-25). El artículo da a conocer las conclusiones de una encuesta que ha abarcado un total de 1.025 pacientes de España, Italia, Bélgica, Francia, Portugal y Suiza, que acudían al homeópata por primera vez.

Un grupo de médicos homeopáticos ha servido de enlace con los pacientes, que han recibido dos cuestionarios: el primero, con ocasión de la primera visita, y el segundo, seis meses después. Dichos cuestionarios pretendían comprobar no tanto la eficiencia terapéutica del tratamiento sino más bien el grado de satisfacción con el mismo y la mejoría en la calidad de vida de los pacientes. Advirtamos aquí que, de entrada, los autores asumen de forma harto discutible que es difícil averiguar si la medicina homeopática da resultado, puesto que “su eficacia no se puede medir con los mismos sistemas que se usan en la medicina [convencional]”. La realización de ensayos clínicos para verificar la eficacia terapéutica viene siendo contestada por los homeópatas -se nos recuerda en el artículo- al considerar que cada paciente es único, y cada enfermedad, un mundo. Por otro lado, la relación causa-efecto entre el tratamiento y la curación -indican- sería mucho más difícil de establecer en la terapia homeopática, que no tendría como fin eliminar los síntomas sino potenciar la capacidad de reacción del organismo.

El perfil típico de los pacientes que han participado en la encuesta corresponde al de una mujer de entre 30 y 44 años de edad, residente en un medio urbano, que acude al homeópata por sugerencia de parientes o amigos, después de haber seguido un tratamiento convencional. La mayor parte de los pacientes han acudido a la consulta del homeópata por algún trastorno psicológico (22%) o por una dolencia general o inespecífica (20%), como malestar, cansancio…, sin concreción de síntomas precisos. De forma significativa, es precisamente en este último grupo de pacientes -afectados de un “malestar indeterminado”- donde se han registrado las mejorías más destacables (recordemos que la encuesta ha pretendido evaluar la posible mejoría en la “calidad de vida” del paciente). Un 5% de estos pacientes declara haber notado una mejoría sensible (aunque discreta) mientras que el 87% percibe una leve mejoría. En grupos afectados por otro tipo de dolencias no constan pacientes que declaren “mejorías sensibles” sino, a lo sumo, “ligeras mejorías” en proporción muy variable de un grupo a otro. Esa proporción de pacientes que ha notado una leve mejoría es del 71% en el grupo de dolencias del sistema digestivo, del 67% en el de alergias e hipersensibilidad, del 40% en el de problemas de piel, del 31% en el de trastornos psicológicos (estrés, ansiedad, depresión…) y tan sólo del 10% en el grupo afectado por dolencias otorrinolaringológicas. Los pacientes que tenían problemas musculares, de huesos o articulaciones no han experimentado ni la más mínima mejoría.

En el artículo se hace notar que las dolencias para las que más se suele requerir la atención del homeópata son precisamente aquéllas que presentan más posibilidades de “curación” mediante este tratamiento, lo que sugiere que se va corriendo la voz entre los pacientes.

Estos resultados, en general poco satisfactorios, contrastan con el hecho de que la gran mayoría de encuestados estén satisfechos con la terapia, hasta el punto de que un 75% recomendaría el tratamiento sin dudarlo. Aquí influiría la mejoría experimentada por el paciente, pero no de manera determinante:

“…lo sorprendente es que todavía más que este hecho influyen otros factores, como la impresión de competencia que da el homeópata y la calidad y exhaustividad de la información que proporciona a sus pacientes. En otras palabras: cuanto más competente encuentran a su homeópata y cuanta más información les proporciona, más satisfechos están.”

Efectivamente, la encuesta revela que el tiempo dedicado, la comprensión mostrada, la posibilidad de hablar, la competencia del doctor y la información proporcionada son los aspectos más valorados por los pacientes. En los cuestionarios dejan claro que el médico homeópata les dedica un tiempo y una atención que no habían encontrado en su relación con el médico de cabecera o el especialista convencional.

La mayoría de los pacientes encuestados ocultan a su médico que están siguiendo un tratamiento homeopático. Pero lo grave es que abandonan sus tratamientos convencionales: la mitad de ellos por no estar satisfechos de los resultados, uno de cada tres por los posibles efectos secundarios, y -lo que resulta preocupante- uno de cada seis por indicación del homeópata…

Otros aspectos que cubre el artículo son el tema del posible recrudecimiento pasajero de los síntomas al comienzo del tratamiento, la práctica ausencia de efectos secundarios y el nada desdeñable coste de la terapia (aunque en algún país -Francia- los medicamentos homeopáticos pueden llegar a ser parcialmente financiados por la sanidad pública, si los prescribe el médico).

En conclusión, y pese a que la OCU nunca ha sido una organización sospechosa de mantener una postura hostil frente a la homeopatía, el lector no encontrará en este artículo elementos de juicio que contradigan la consideración de la homeopatía como una especie de -como dijo alguien- “placebo optimizado”. El estudio es también interesante por las pinceladas que aporta sobre la psicología de los pacientes que acuden al homeópata.

Como telón de fondo no podía faltar el tema de la deteriorada relación médico-enfermo en la práctica médica moderna, por desgracia un problema endémico de nuestro tiempo que deberá abordarse seriamente tarde o temprano. .

Manuel Borraz

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10 del 1 de 2001; 12:50 AM - Pensamiento crítico

El suave encanto de las medicinas alternativas

Fernando Peregrín Gutiérrez
Artículo publicado en Claves de la razón práctica, noviembre 2001, número 127.

A simple vista se diría que la medicina moderna occidental está enferma. Los síntomas son el descontento de un creciente número de ciudadanos de las sociedades occidentales que buscan alternativas terapéuticas en otros tipos de medicinas y las crecientes manifestaciones de opiniones críticas contra ella, cuando no claramente desacreditadoras, que aparecen con mayor frecuencia en muchos medios de comunicación. Las causas, múltiples y complejas, paradójicamente, derivan en parte de las de su éxito: su progresiva dependencia de las ciencias naturales básicas-la física, la química y la biología molecular-y de los conocimientos histológicos, anatómicos, fisiológicos, etcétera, que éstas están proporcionado y las tecnologías sanitarias que han surgido de estos conocimientos. En consecuencia, por un lado, los médicos y demás profesionales sanitarios, a medida que basan su saber en la ciencia, tienden a adoptar un lenguaje cada vez más incomprensible para el paciente, al tiempo que toman una actitud más cautelosa, fruto de la sistemática duda científica, respecto de las certezas y seguridades que muy posiblemente necesiten los enfermos para su consuelo. Por otro, la tecnificación de la medicina occidental hace que sus usuarios se encuentren, extraños e indefensos, en un frío entorno de equipos e instrumentos cuya complejidad aumenta sin cesar y que parecen una cadena industrial de robots por la que van pasando, resignada y silenciosamente, un paciente tras otro.

Existen, sin duda, otras causas de origen político y económico que contribuyen al desprestigio de la medicina occidental. En la medicina pública, la insuficiencia de medios, cada vez más caros, para atender a la cada vez mayor demanda, ocasiona las desesperantes listas de espera y el escaso tiempo que se puede dedicar a lo que se llama atención personal, al contacto directo entre médicos y enfermos. Resulta que estos últimos perciben frecuentemente que no se les trata como individuos cuya mayor y casi única preocupación es su estado de salud, sino como a un elemento más de la masa indiferenciada de pacientes, un número de cartilla, y que en lugar de prestar atención para entender cómo experimentan sus síntomas y sufren sus dolores, la medicina moderna, mediante expertos con bata blanca, máquinas y laboratorios, decidirá por su cuenta. Se habla y se escribe entonces genéricamente de la deshumanización de nuestra medicina occidental, sin tener en cuenta que más que un problema intrínseco de dicha medicina, quizá esta situación se deba parcialmente a la manera políticamente interesada-no preocupa la calidad del sistema sanitario público, que no da votos; basta con solventar o postergar los problemas para no perderlos-, ineficaz y hasta chapucera en la que se administra y se suministra la medicina socializada en los sistemas públicos de salud de la mayoría, por no decir la totalidad, de los países occidentales (en Estados Unidos, aunque no se haya socializado la medicina, ésta está controlada por las aseguradoras y demás organizaciones administradoras de servicios sanitarios (HMO), es muy costosa y de muy irregular calidad. Los estadounidenses se gastan un 14% de su PIB en sanidad).

No obstante, para los más críticos con el llamado modelo de salud occidental, la deshumanización de la medicina se debe no sólo a las citadas causas políticas y económicas, sino que es consecuencia directa de su dependencia de la ciencia y la tecnología. La importancia, dicen, dada al estudio científico de los órganos y sus patologías en las enseñanzas regladas de los profesionales de la salud, hace que estos se centren en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades mediante las mejores tecnologías disponibles, tecnificando en exceso la medicina y descuidando los aspectos denominados “humanísticos” de la práctica médica. Más adelante intentaremos explicar qué entienden los citados críticos por dichos aspectos “humanísticos”, mas en este punto se debe señalar, aunque sin entrar en detalles, que es cierto en parte su reproche al descuido de las enseñanzas en las escuelas y facultades de enfermería y medicina sobre la comunicación que debe existir entre los profesionales sanitarios y los usuarios de la sanidad pública, sean pacientes o simplemente interesados en mantener adecuadamente su estado de salud.

Se dice también que otra causa deshumanizadora de la medicina moderna occidental, que tiene su origen en su enorme dependencia de la ciencia y la tecnología es la de que sus avances y progresos, tan evidentes que son difíciles por no decir imposibles de negar hasta por sus detractores más recalcitrantes, están controlados y dirigidos por una minoría formada por los grandes laboratorios médicos, las multimillonarias multinacionales diseñadoras y fabricantes de aparatos de electromedicina, instrumental clínico y otros dispositivos médicos (productos sanitarios, en la jerga de la legislación española vigente), las clínicas y hospitales (principalmente universitarios) de mayor prestigio internacional y los especialistas que ejercen en ellos, y una docena escasa de renombradas revistas científicas. El resultado de este monopolio técnico y científico, supervisado (y para algunos críticos del sistema médico occidental incluso propiciado) por unos pocos organismos gubernamentales de control y regulación, como son la Agencia Europea para la Evaluación de los Medicamentos (EMEA) y la Food and Drug Administration (FDA), ha sido la esclavitud del médico y de los sistemas nacionales de salud de una poderosísima industria médica y farmacéutica, que controla la investigación y el desarrollo de nuevos productos y tecnologías cuya exclusividad de comercialización se protege mediante patentes internacionales y cuyas decisiones y beneficios están en manos de unos pocos individuos, generalmente americanos o europeos. La deshumanización proviene en este caso, según los disconformes con la medicina occidental, de que tanto los médicos como los pacientes quedan indefensos frente a unos conocimientos y técnicas cuya complejidad y costo aumentan continuamente, que les son ajenos (el tradicional ojo clínico del facultativo, por ejemplo, se ha sustituido por una parafernalia de procedimientos diagnósticos tanto analíticos como mediante imágenes) y que les impone el sistema sanitario como única alternativa posible.

Es difícil negar la realidad de algunos de estos hechos. La medicina moderna se ha desarrollado en el marco de un sistema social y político determinado lo que explica en parte, aunque no siempre justifica, sus virtudes y defectos. Mas no es mi intención en este artículo realizar una crítica sociológica de la medicina moderna occidental y de sus logros y fracasos, sino de analizar las razones, entre las cuales se incluye sin duda el creciente descontento con la medicina convencional u ortodoxa de una parte cada vez mayor de la población, del importante auge en las sociedades de Occidente-en algunos países como Estados Unidos se puede calificar de espectacular-de otros tipos de medicinas y terapias llamadas alternativas, complementarias, no convencionales, suaves, holísticas o integrales.

Diferencias epistemológicas

Tienen en común todas estas medicinas que se presentan como alternativa o complemento a la medicina moderna que usualmente se enseña y practica en Occidente, a la que se la denomina también ortodoxa y convencional. Se han descrito como

“Un amplio ámbito de recursos curativos que abarca todos los sistemas de salud, modalidades y prácticas con sus correspondientes teorías y creencias que no son los del sistema de salud políticamente predominante en una sociedad o cultura en particular, en un determinado período histórico.”

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) los términos medicina alternativa y medicina complementaria deben definirse respecto del concepto de medicina tradicional o indígena, que corresponde a la suma de todos los conocimientos, habilidades y prácticas basadas en teorías, creencias y experiencias propias de cada cultura, sean o no explicables, y que se usan para el mantenimiento de la salud así como para el diagnóstico, mejora o tratamiento de enfermedades físicas y mentales. Se da pues el caso, no siempre simétrico, de que una medicina pueda considerarse tradicional en un país o región y no convencional, alternativa o complementaria en otros. Tal es el caso, por ejemplo, de la medicina tradicional china, que es alternativa en Occidente mientras que en China la medicina occidental no se denomina alternativa ni tiene la consideración que ese término conlleva en los países en los que la atención sanitaria principal en el ámbito nacional es responsabilidad exclusiva de la moderna medicina occidental. ¿En qué se diferencia pues, esta medicina de las demás para que se produzca tal asimetría conceptual y denominativa? Para los editorialistas de JAMA, la pregunta está mal formulada ya que no hay medicinas alternativas en general, sino la medicina que está científicamente demostrada, se basa en la evidencia de las pruebas y tiene una sólida base de datos experimentales en que apoyarse, y las que carece de pruebas y de evidencia científica. Y aunque no se diga explícitamente en el editorial en cuestión, no queda ninguna duda de que de todas las que se practican hoy en el mundo, la medicina moderna occidental es la única que se acerca al modelo de una disciplina cuya teoría y práctica se asientan en firmes y probados fundamentos científicos. De ello cabe inferir que, dado que el conocimiento científico en el que tiende a basarse cada vez más la medicina occidental es transcultural (digan lo que digan los relativistas gnoseológicos), ésta tiene cierto potencial de alcanzar un carácter transcultural, una validez universal, al menos en sus aspectos más conceptuales, técnicos y objetivos, pese a que no es fácil que la relación entre médico y enfermo o nociones generales como bienestar, salud, enfermedad y dolor, y por tanto, la práctica médica en su totalidad, pierdan alguna vez todo o parte de su dependencia subjetiva y cultural.

En general existen importantes diferencias ontológicas y epistemológicas entre la medicina científica y la gran mayoría de las medicinas tradicionales, principalmente debidas a que casi todas ellas surgieron en épocas pre-científicas y, posteriormente, no se han adaptado a los importantes cambios teóricos y metodológicos impuestos por la ciencia moderna. Así, mientras que la gran mayoría de las medicinas tradicionales se basan en algún tipo de vitalismo, sea de origen mágico, espiritual o religioso, la medicina científica se sustenta, al menos metodológicamente, en la biología naturalista que excluye cualquier clase de espíritus, fuerzas vitales y poderes sobrenaturales, por lo que, los que la desarrollan y ejercen deben actuar, independientemente de cuales sean sus creencias religiosas, con metodología naturalista. Sucede que la experiencia histórica nos ha mostrado la posibilidad de que las medicinas tradicionales hayan encontrado mediante métodos empíricos medios terapéuticos, físicos o químicos, para ciertas enfermedades, con independencia de las creencias vitalistas (sagradas o no) sobre los fundamentos y mecanismos de acción de dichas prácticas terapéuticas. Se trata de los llamados remedios naturales, entre los cuales el más importante es la fitoterapia o tratamiento de las enfermedades con plantas. La medicina científica, de forma pragmática, considera en estos casos que los orígenes místicos y el desarrollo empírico (mediante prueba y error sin control alguno) de estos remedios, por muy pre-científicos que fueran, son sólo de interés para los historiadores de la antropología cultural y la farmacognosia, y que, para que puedan considerarse parte de esa medicina científica basta con que superen la evaluación de su eficacia terapéutica y su seguridad mediante pruebas científicas realizadas con el rigor y la metodología reglamentada para los ensayos clínicos. Por este procedimiento, un número importante de sustancias de origen vegetal ha pasado a formar parte del vademécum de medicamentos de la medicina occidental. Sucede entonces que el misterio de la acción terapéutica de la planta desaparece, pues tarde o temprano se identifican los principios activos que contiene (una molécula o conjunto de ellas) responsables de la eficacia paliativa o curativa de dicha planta medicinal, se extraen y se purifican (o se sintetizan en los laboratorios) y se convierten en un medicamento convencional. Si una planta medicinal no supera esta evaluación o no ha sido aún evaluada con estos criterios, no puede admitirse como medicamento científico y por tanto se deberá seguir considerando, en el mejor de los casos, como un remedio natural de la medicina tradicional (o un tóxico potencialmente peligroso, en caso de no pasar las pruebas de seguridad).

Al comparar una planta medicinal de eficacia terapéutica con el correspondiente medicamento farmacéutico con los mismos componentes activos nos encontramos con otra de las causas del auge de las medicinas alternativas y complementarias. Para sus partidarios, y aunque el análisis químico y los ensayos clínicos demuestren irrefutablemente la equivalencia de ambos, la planta es preferible como medicina pues es un producto natural y no un artificio químico. Dejando a un lado la tentación de explicar con detalle por qué el ácido acetil salicílico sintético que contiene una tableta de Aspirina es en todo igual al que acumulan naturalmente las plantas como parte de su sistema de resistencia a las infecciones (resistencia sistémica adquirida) y que ambos son el mismo compuesto químico, continuaré con la afirmación de que la demanda de terapias no convencionales es una parte de la moda que otorga un gran valor a todo lo que se pueda etiquetar (con etiqueta de color verde, por supuesto) de natural, ecológico, verde, saludable y alternativo. Se argüirá que estamos ante algo mucho más importante que una simple moda y que nos encontramos frente a un amplio movimiento social que tiene unas nuevas formas de pensar y actuar, un nuevo “paradigma integral” basado en teorías diferentes a las del “paradigma reduccionista” de la ciencia moderna y una escala de valores más acordes con la relación holística e integradora que debe existir entre el hombre, la sociedad y la naturaleza. Por consiguiente, el auge de las medicinas alternativas, complementarias o suaves no es una cuestión de modas sino consecuencia natural de esta nueva cosmovisión.

Holismo y reduccionismo

Desde un punto de visto gnoseológico, lo que más llama la atención de ese supuesto nuevo “paradigma integral” o “paradigma holístico” es que, además de ser un cajón de sastre donde se mezclan incoherentemente teorías más o menos científicas, filosofías, creencias místicas y esotéricas, mitos y leyendas, parece una percha de la que se pueden colgar prácticamente todas las medicinas y terapias alternativas, complementarias o integrales, sean tradicionales o no, nuevas o centenarias, con tal de que de que cumplan con unos mínimos requisitos. ¿Cuáles son éstos? Aparentemente, el más importante, y al que ya hemos aludido con anterioridad, amén del de no ser parte de la medicina moderna occidental, es que deben basarse en unos principios vitalistas, ya sean de naturaleza animista sagrada o mágica, esotérica (fuerzas o energías vitales) o pansiquista, o relativos a las relaciones entre la mente y el cuerpo, en el sentido de que la mente y el cuerpo forman un todo integrado que no se rige por las leyes de las ciencias naturales, sino por otros principios sobrenaturales. Los propagandistas y promotores de estas medicinas y terapias hablan o escriben, siempre de forma vaga y sin ofrecer explicaciones razonables, sobre el carácter holístico de éstas en contraposición con el reduccionismo de la medicina científica.

Quienes así se expresan demuestran un serio desconocimiento del significado de reduccionismo de teorías en las ciencias naturales. Tradicionalmente, las teorías científicas se conciben como un conjunto de proposiciones, y, dicho aproximadamente, una teoría se reduce a otra cuando las proposiciones de la primera son derivables de las de la segunda. Ejemplos paradigmáticos son la reducción de la ley del movimiento de Galileo a la mecánica de Newton, la de las leyes de los gases ideales o perfectos a la teoría cinética de gases y las del enlace químico a la mecánica cuántica. En el caso de la biología y demás ciencias de la vida, se acepta por la comunidad científica que los últimos constituyentes de los fenómenos que se estudian por estas disciplinas son de naturaleza física. Los organismos biológicos, por ejemplo, están constituidos por células, las cuales a su vez están constituidas por moléculas complejas, que se pueden formar a partir de moléculas más simples, que están formadas por átomos, los cuales son ya los componentes de los fenómenos que competen a la física. Mas una cosa es que este reduccionismo ontológico sea indiscutible (excepto para los vitalistas) y otra es que las teorías de ciencias tales como la biología molecular o la fisiología se puedan reducir finalmente a las leyes de la física (reduccionismo epistemológico).

El desarrollo de la moderna medicina occidental, su carácter científico y su éxito se deben en gran medida a su ontología reduccionista (o naturalista) y a la adopción de un cierto reduccionismo metodológico, al menos, a un cierto nivel. Así, la medicina se dividió en disciplinas más o menos autónomas como la biología, la histología, la anatomía, la fisiología o la patología. Esto permitió lograr unos conocimientos precisos y cada vez más completos, fiables y veraces que ninguna otra medicina holística, integral, metafísica o como quiera llamársela, ha logrado jamás. En ciencia, como en otras muchas actividades humanas, lo que conocemos y comprendemos bien y con detalle es fruto de haber podido aplicar un cierto grado de reduccionismo metodológico y explicativo. Mas esto no entraña que la ciencia moderna no sea capaz de reconocer que, en casi todos los niveles de explicación, el todo es más que las partes de que se compone (que, precisamente, es la definición precisa de holismo), las cuales se estudian y comprenden en un nivel explicativo inferior. Esta forma de proceder no deriva de nuestro conocimiento temporalmente limitado en un cierto nivel cognitivo, sino que refleja los niveles de organización de la propia naturaleza, que tienen sus propias ontologías. Así, y por exhaustivo que llegue a ser nuestro conocimiento de la biología molecular, siempre tendremos que recurrir a la citología para explicar las propiedades emergentes de las células que surgen de las moléculas.

Los abanderados de las medicinas no convencionales y esotéricas objetarán diciendo que el precio pagado por estos conocimientos obtenidos fragmentando el cuerpo humano en partes y separándolo de su mente y de su entorno social y medioambiental, es el olvido de la concepción integral del ser humano y de la medicina humanista. Cierto que el problema mente-cuerpo fue ignorado por la ciencia hasta hace unos pocos años. He aquí una explicación de este hecho:

“Buena parte de la culpa la tuvo el dualismo cartesiano, con su nítida distinción entre espíritu, la sustancia pensante (res cogitans), y el cuerpo, la sustancia extensa (res extensa), que entraban en contacto a través de la glándula pineal. Para Descartes y para Galileo, la ciencia sólo puede investigar el mundo físico y, por tanto, la actividad mental, manifestación del espíritu, queda fuera de su alcance. Esta distinción contribuyó al desarrollo de la ciencia a partir del siglo XVII, ya que dificultó la injerencia religiosa en el ámbito de la investigación científica, pero también condicionó el estudio del cerebro cuando la psicología surgió como ciencia en la última parte del siglo XIX”

Pero tras la aparición de la psicología cognitiva y el desarrollo de las neurociencias, nuestro conocimiento científico de la relación entre mente y cerebro se ha desarrollado enormemente, y según uno de los científicos que más han contribuido a ello, Antonio Damasio, se ha avanzado más en este conocimiento desde 1990 que en todos los años anteriores. La postura más común entre neurobiólogos y psicólogos cognitivos respecto de la mente

“es la de un monismo materialista emergentista (qualified realism, en palabras de Edelman y Tononi), pero utilizando la palabra emergencia sin ningún contenido mistérico, tal y como se usa en química cuando se dice que las propiedades del agua emergen de la combinación del hidrógeno y del oxígeno pero no pueden reducirse a las propiedades por separado del hidrógeno y del oxígeno. Esta posición se separa drásticamente del dualismo cartesiano, o de cualquier forma de idealismo y del pansiquismo. Pero también se distancia de las propuestas ultrarreduccionistas del materialismo eliminativo que niegan la existencia objetiva de las experiencias subjetivas de la conciencia, los qualia, así como de los planteamientos cibernéticos de la inteligencia artificial, que equiparan la conciencia con un programa de ordenador implementado en un hardware orgánico, el cerebro, y también de los intentos de explicar los fenómenos conscientes recurriendo a fenómenos cuánticos en niveles subcelulares como, por ejemplo, las estructuras de los microtúbulos.”

Las relaciones cuerpo-mente y el efecto placebo

Nuestro conocimiento sobre la mente y su relación con el resto del cuerpo a través del cerebro es aún muy limitado y no es seguro que seamos capaces algún día de desentrañar “lo que David J. Chalmers llama el problema duro [de las neurociencias]: una explicación completa de la manera en que las experiencias subjetivas surgen de los procesos cerebrales.” Sin embargo, lo que sabemos ya nos permite afirmar que la gran mayoría, por no decir la totalidad, de las ideas, creencias o filosofías sobre las relaciones cuerpo-mente en las que se fundamentan la casi totalidad de las medicinas alternativas no son más que chácharas huecas, dislates pseudo-científicos y sinsentidos místicos.

En relación con nuestro desconocimiento sobre la mente y su acción sobre el cuerpo está el llamado efecto placebo, que tan importante papel (muchas veces, único y exclusivo; a veces, no siempre, se corresponde con el llamado poder de autosanación de la mente) juega en la debatida, y hasta ahora, prácticamente sin demostrar eficacia de la gran mayoría de las medicinas alternativas.

“El efecto placebo puede definirse como el cambio terapéutico en el estado del paciente que está causalmente conectado con el conocimiento (o la conciencia) personal que posee de encontrarse en una determinada situación clínica. Se trata, por tanto, de un procedimiento médico que no posee efecto fisicoquímico específico sobre la situación de dicho paciente.”

Ejemplos de placebo son las píldoras de azúcar (del mismo color y tamaño que los del fármaco a comprobar) o las inyecciones de solución salina que se dan a los grupos de control en los ensayos clínicos en lugar del medicamento a ensayar y sin informar sobre esta característica. Se han propuesto varias teorías para explicar los mecanismos del efecto placebo y sus efectos, mas ninguna ha recibido confirmación experimental definitiva, entre otras razones por lo difícil que es diseñar y realizar ensayos clínicos controlados sobre el propio placebo. Con bastante seguridad sabemos que los mecanismos de este efecto son de tipo psicológico y bioquímico y que existe numerosísimas vías anatómicas, fisiológicas y bioquímicas que conectan los sistemas inmunitario, nervioso y endocrino. Más de un 30% de la población de los países occidentales es sensible al placebo, y hasta ahora no se ha podido demostrar su eficacia curativa (si es que tiene alguna), por lo que parece lo más probable que se limite a producir alivio que se refleja en la mejoría de la sintomatología del paciente (no debe confundirse el placebo con la remisión espontánea o natural de muchas enfermedades; de hecho, más del 80%–algunos autores hablan de hasta un 90%–se curan solas).

Si una píldora o un jarabe no contienen sustancia activa terapéutica alguna se dice, como acabamos de ver, que es un placebo. Sin embargo, hay medicinas alternativas que ofrecen rutinariamente placebos en lugar de medicamentos; tal es el caso de la homeopatía. Para muchos pacientes que recurren a ella, uno de los encantos de la homeopatía es que sus remedios son naturales, muy diluidos (“dosis homeopáticas”) y no tienen efectos secundarios o contraindicaciones. Una de las leyes jamás demostrada por los partidarios de la homeopatía, y que estos aceptan como dogma de fe, es la llamada de los infinitesimales, que viene a decir que cuanto más pequeña sea la dosis más poderoso será el efecto de la sustancia. O lo que es lo mismo: los efectos de la sustancia se potencian con la dilución de la misma; cuanto más diluida esté la sustancia más poderoso será su efecto. Esta supuesta ley general médica va en contra de las leyes de la biología y hasta si se me apura, del sentido común. Pero es que, además, hay una ley de la naturaleza que nos marca un límite para las diluciones sucesivas que podemos hacer de una sustancia. Y dado que el proceso de fabricación de los productos homeopáticos consiste, entre otras cosas, en diluciones continuas, llega un momento en que éstas no contienen ni una sola molécula de la sustancia activa supuestamente terapéutica. Consecuentemente, ¿qué es el medicamento homeopático sino un placebo muy caro?

Misterios homeopáticos

Los homeópatas llevan 200 años tratando de rebatir esta aseveración sin conseguirlo. Entre dilución y dilución, dicen los homeópatas, hay que agitar fuertemente el preparado (una operación que se llama de dinamización) y tal vez ahí se encuentre la explicación. La primera se debió al fundador de esta medicina, el doctor alemán Samuel Hahnemann, hacia finales del siglo XVIII, para el cual a medida que la sustancia se diluía y agitaba perdía sus propiedades materiales y ganaba en espirituales (la homeopatía nació siendo vitalista y lo sigue siendo). Cuando los discípulos y seguidores de Hahnemann cayeron en la cuenta de lo que significaba el número de Avogadro, se pensó que el solvente conservaba memoria de la sustancia disuelta, aunque esta hubiese desaparecido, una teoría llamada “memoria del agua”, y su intento de demostrarla ocasionó al investigador francés Jacques Benveniste y a sus colaboradores uno de los fiascos más sonados y ridículos de la historia moderna de la investigación científica. A esta frustrada tentativa siguieron otras, como la muy inverosímil “hipótesis del medicamento informacional”, que enuncia que, bajo ciertas circunstancias, el agua y ciertos disolventes pueden registrar información a propósito de las sustancias con las que han estado en contacto y luego transmitir esa información a sistemas biológicos sensibilizados, mas jamás se ha podido saber ni demostrar cómo se transfiere, se guarda y se recupera dicha información. Todas las hipótesis formuladas hasta la fecha para explicar el mecanismo de acción del medicamento homeopático tienen en común su carácter pseudo-científico y muy especulativo. Y puestos a elegir una, nos quedaríamos con la original de Hahnemann, que al menos tiene un cierto sabor a romanticismo y a metafísica de la Naturphilosophie.

Pruebas de eficacia y riesgos

Pero la homeopatía funciona, proclaman sus adeptos. Ya hemos dado noticia del pragmatismo con que la medicina moderna examina hoy día la eficacia de terapias, independientemente de las filosofías, leyendas o creencias anticientíficas en que se basen. Pues bien, hasta la fecha de hoy, no hay evidencia suficiente ni definitiva de que la homeopatía funcione mejor que el placebo. En Estados Unidos, el National Center for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM), integrado por presiones políticas y económicas, en contra de la opinión mayoritaria de la comunidad científica estadounidense, en los prestigiosos National Institutes of Health (la mayor organización mundial dedicada a la investigación de la medicina científica), ha sido incapaz desde su creación en 1998 hasta la fecha, pese a su abultado presupuesto (más de 104 millones de dólares para el año en curso) de lograr evidencia suficiente para demostrar incuestionablemente la validez de la homeopatía (o de otras medicinas alternativas o complementarias) más allá de su acción como placebo. En la Unión Europea, el Grupo de Trabajo sobre homeopatía integrado en el proyecto COST B4 (Medicinas no convencionales en Europa) de la Comisión Europea, en su informe final a la Comisión (1999), no sólo reconoce que los estudios de eficacia son de “relevancia cuestionable”, sino que se carece de estudios sistemáticos sobre la tan cacareada seguridad de los preparados homeopáticos, que “en diluciones bajas pueden contener concentraciones fisiológicamente relevantes de sustancias tóxicas (por ejemplo, metales pesados)”. Asimismo advierte este informe a la Comisión Europea sobre los riesgos indirectos (el daño que puede causar la no aplicación de un tratamiento efectivo de la medicina científica) que puede conllevar la práctica de la homeopatía (especialmente arriesgada es la aparente actitud de algunos homeópatas en contra de la inmunización mediante vacunas convencionales) .

Tal vez el mayor riesgo indirecto de la homeopatía y de otras muchas medicinas alternativas y complementarias provenga del diagnóstico. Por muchos síntomas, enfermedades y sustancias que hayan incorporado con el tiempo los homeópatas a sus repertorios y textos de materia médica, el diagnóstico homeopático sigue estancado en sus inicios, en la década final del siglo XVIII. Nace, además, de un principio cuya aplicación general es, más que una cuestión discutida, un buen ejemplo de falsa ciencia: lo similar cura a lo similar (similia similibus curentur, el latinismo usado para dar prestigio científico a una idea sin base científica alguna). Los conocimientos que tienen los homeópatas de las enfermedades provienen básicamente, en concordancia con este principio, de hacer ingerir a voluntarios sanos la sustancia a ensayar y anotar sus síntomas, los cuales se incluyen, con el nombre en latín de la sustancia, en la materia médica (patogénesis homeopática). Esta misma sustancia que produce un determinado tipo de síntomas se espera que, una vez diluida cure enfermedades que producen síntomas similares. El diagnóstico médico consiste básicamente en un interrogatorio, en el que el homeópata puede preguntarle a una paciente, además de por sus síntomas, por cualquier cosa, como por ejemplo qué es lo que le debe a su madre. A partir de los síntomas del enfermo y de lo que puede observar a simple vista (si es un paciente reincidente, se considera también la historia médica homeopática), la tarea esencial del homeópata consiste en ajustar el cuadro sintomático del paciente a la patogénesis de un determinado medicamento homeopático. Dada la vaguedad con que los pacientes explican sus síntomas y la subjetividad de estos, no tiene nada de extraño que los homeópatas vendan su producto como si se tratara de un traje a medida, con el lema de que no hay enfermedades sino enfermos, lo que se expresa también diciendo que la homeopatía es una medicina holística. Esta máxima, en un sentido amplio, es una perogrullada; como principio de la medicina, es falsa. Hay enfermos de gripe y hay gripe. Por ello se puede estudiar la gripe como enfermedad y llegar a saber con precisión su etiología y patología a partir de datos objetivos y no solamente de una sintomatología personal y subjetiva.

Mas no cabe duda de que, carente de otros medios, el homeópata conversa largo y tendido con sus pacientes, lo que le ha valido la etiqueta de medicina humanística. Pero hablando con una paciente de sus síntomas y estableciendo con ella una cálida relación humana no se diagnostica precozmente el cáncer de mama ni otras patologías cuya mortalidad depende de un diagnóstico técnico, preciso, fiable y precoz. Se dirá que el homeópata no rechaza el diagnóstico de la medicina alopática y que recurre a él cuando lo considera necesario, algo que no requiere justificación pues lo contrario, limitarse a los pobres medios de diagnóstico de la homeopatía sería verdaderamente inhumano. En este sentido, se habla y se escribe sobre complementariedad de las medicinas e integración de la terapias, sin tener en cuenta que la diagnóstica de la medicina científica es una refutación inapelable de la mayoría de los fundamentos de la homeopatía y de la casi totalidad de las demás medicinas alternativas (la patogénesis homeopática, por ejemplo, es incompatible con la diagnóstica científica).

Los enormes avances en la diagnóstica de la medicina científica y su desfase respecto de la terapéutica es una de las razones de los recelos de una gran parte de las poblaciones occidentales respecto del sistema de salud convencional. Se dice, a propósito de esto, que la medicina moderna lo diagnostica todo pero cura sólo lo que puede, una perogrullada que a la vez es reflejo irónico de la realidad. Las técnicas de diagnóstico van muy por delante de la capacidad de tratar con éxito las enfermedades que se diagnostican y conocen. Con mayor frecuencia y precisión la medicina es capaz de decirle a un paciente qué enfermedad tiene, cómo se originó, cómo va a evolucionar y hasta cómo y cuándo le va a matar, mas no de ofrecerle siempre remedios eficaces ni el consuelo de la esperanza que proviene del optimismo del ignorante. Esta es una poderosa razón por la que los enfermos desahuciados recurren a los curanderos, a las vírgenes milagrosas o a cualquier medicina alternativa que le ofrezca esperanzas de sanación.

Relativismo multiculturalista posmoderno y la new age

El renacimiento de la homeopatía en Europa (en Alemania y Francia hay una importante tradición homeopática) y su expansión por otras zonas de occidente se debe también al relativismo cognitivo posmoderno o como dice la filósofa belga Isabelle Stengers, a la “ecología de los saberes”, una actualización “en verde” del anything goes o “todo vale” de Feyerabend. Ante el fracaso de la homeopatía y de otras medicinas alternativas de justificar científicamente su eficacia, el relativismo terapéutico intenta descalificar los métodos que la medicina científica ha desarrollado para los ensayos clínicos, que es el que han adoptado las autoridades sanitarias para dar carta de naturaleza científica a una terapia. Dado que la ciencia y la medicina científica, dice el relativismo, son construcciones culturales, y que sus métodos y conocimientos, las enfermedades, su diagnóstico y su terapia son meros acuerdos tras “negociaciones entre actores”, no se debe exigir a otras terapéuticas “cultivadas” (en el sentido de que son un hecho de cada cultura o grupo cultural, sin base en el saber adquirido mediante la razón y la actividad científica) que resistan a unas pruebas impuestas (los ensayos clínicos de la medicina científica) por otras medicinas también “cultivadas”. Según este relativismo, cada medicina, cada terapéutica, cada curandero y cada sanador milagrero tiene derecho a establecer por sí mismo las pruebas y ensayos que considere oportuno debe presentar o superar para probar la eficacia terapéutica de sus teorías, métodos y procesos. Esta postura que resulta del punto del vista de la “democracia de los saberes” presenta un grave problema en este contexto: que no tiene en cuenta que lo que está en juego no es un debate académico sobre epistemología, sino la seguridad, la salud y hasta la vida de los pacientes; y que, en consecuencia, el listón que marca las exigencias de las pruebas a que se deben someter las terapias para demostrar su seguridad y eficacia debe ponerse lo más alto posible. Con todas sus limitaciones y yerros, la denostada medicina moderna occidental es la única que está diseñando y acumulando pruebas cada vez más exigentes de su validez y seguridad.

El relativismo multiculturalista posmoderno está también detrás del auge en Occidente de ciertas terapias tradicionales de otras culturas como la acupuntura de la medicina tradicional china o el panchakarma de la medicina ayurvédica. Otra fuente inagotable de terapias y medicinas esotéricas (que aparecen por docenas a diario), es el pensamiento mágico y la espiritualidad narcisista de la new age que mezcla con asombroso eclecticismo karmas con energías positivas y negativas, masculinas y femeninas, de colores, etcétera; auras con vibraciones bioenergéticas, las doshas ayurvédicas con la función de onda de la mecánica cuántica, el Reiki con el toque terapéutico transpersonal (versión actualizada de la imposición de manos milagrera) y así hasta agotar los esoterismos, las magias y los términos científicos sacados al azar de los libros de divulgación (y crear, de pasada, un floreciente e incontrolado negocio multimillonario). Respecto de muchas de estas medicinas new age, así como de la mayoría de las “verdes” medicinas alternativas, lo mejor que se puede decir muchas veces es que la imaginación, la irracionalidad y la credulidad humanas no parecen conocer límites, lo que queda especialmente patente leyendo los panegíricos que sus crédulos proselitistas publican sobre estas magias, mitos, creencias o simples charlatanerías. A propósito de esto, cabe concluir citando a Peter Medawar, un inmunólogo ilustre, premio Nobel de medicina y al que tantos años de vida le deben los transplantados: “si fuese una credulidad inocente, pasiva, sería excusable; pero salta demasiado a la vista, ¡ay!, que se trata de una disposición activa a dejarse engañar.”

(En agradecimiento a las Dras. Camino y Campuzano, del Servicio de Cardiología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, por el buen trato profesional y humano que me dispensaron recientemente)

Fernando Peregrín Gutiérrez es ensayista de epistemología e historia de la ciencia y expresidente de un Comité Técnico del área de salud y medicina de la Comisión Europea de Normas (CEN).

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10 del 1 de 2001; 12:17 AM - Pensamiento crítico

Tradición, magia, esoterismo y moda de las medicinas alternativas

El próspero negocio de los libros sobre pseudomedicinas

Fernando Peregrín Gutiérrez.
Publicado en REVISTA DE LIBROS de CAJAMADRID en el número 73, enero de 2003, páginas 27-30.

Cuando la profesión médica de los opulentos países occidentales parece cada vez más dispuesta a olvidarse del ojo clínico y del ars medica para volcarse en la scientia medica y en la moderna tecnología sanitaria, los pacientes se rebelan y buscan salud y remedios en otras medicinas y terapias, muchas de ellas llegadas casi sin evolucionar desde el neolítico hasta nuestros días o inventadas hace unas semanas en ese vivero de espiritualidad narcisista y misticismo hedonista de Occidente que es la new age californiana. Esto ha dado lugar a un próspero negocio editorial de libros relacionados con la salud y la medicina, que van desde los de recetas de cocina sana y natural hasta las guías sobre las terapias extravagantes más de moda, pasando, cómo no, por algunos de los inefables e incontables libros de autoayuda. En ciertos sectores de las sociedades occidentales, generalmente de educación y medios económicos por encima de la media y de notoria mayoría femenina, se está produciendo una deserción parcial cada vez más importante de la moderna medicina occidental y una vuelta al pensamiento mágico y al vitalismo espiritual, precisamente cuando la susodicha medicina está avanzado y progresando a ritmo vertiginoso.

Existen varias definiciones de ese conglomerado de medicinas y terapias llamadas no convencionales o alternativas y complementarias, más ninguna hace justicia del todo a la prolijidad y disparidad del batiburrillo que forman. Se pueden describir en general como “un amplio ámbito de recursos curativos que abarca todos los sistemas de salud, modalidades y prácticas, con sus correspondientes teorías y creencias, los cuales no son los del sistema de salud políticamente predominante en una sociedad o cultura en particular, en un determinado período histórico” (1).

Recientemente un turbio asunto relacionado con la venta y comercialización de un fármaco ilegal, el Bio-Bac, un elixir supuestamente eficaz frente a dolencias de la más diversa etiología ha puesto en evidencia que la relación entre la medicina convencional y científica y las que se presentan como sus alternativas y complementarias no es tan diáfana como podría deducirse de la definición anterior y que es tan complicada y está tan cargada de intereses económicos y sentimientos de angustia y desesperación ante la gravedad de ciertas enfermedades irremediables que con facilidad se escapa del ámbito del debate científico objetivo y del consiguiente sobre el ordenamiento legal y puede entrar de lleno en una disputa descontrolada y pasional que acaba por minar la confianza de los usuarios en la medicina científica sin que las alternativas ofrezcan soluciones eficaces y viables. Cierto que el caso del Bio-Bac, según toda la información disponible en el momento de redactar este artículo, se trata de un claro ejemplo de incumplimiento de la legislación sanitaria europea (y su correspondiente española) en vigor, mas no esmenos verídico que dicha legislación es muy confusa, incompleta y poco eficaz para regular el amplio y diversificado campo de las medicinas alternativas y complementarias.

Las principales razones para el importante auge en Occidente de estas medicinas son, aparentemente, el descontento con la medicina socializada convencional que se ha masificado y tecnificado, mientras que despierta cada vez más recelos por sus errores y limitaciones—sobre todo, terapéuticas, pues se podría decir coloquialmente que se diagnostica casi todo y se cura sólo lo que se puede—, y su incumplimiento de expectativas generadas; el relativismo cultural posmoderno y la democracia de saberes que en su versión extrema concede igual peso a la opinión del oncólogo sobre el cáncer que a la del curandero milagroso o a la del sanador energético de auras, postura que abunda en muchos medios de comunicación bajo la coartada de igualdad de trato para todas las ideas y “equidistancia informativa” de los criterios enfrentados; y, tal vez la más importante de ellas, la moda que otorga un gran valor a todo lo que se pueda etiquetar—con etiqueta de color verde, por supuesto—de natural, ecológico, verde, sano y alternativo (2).

En las publicaciones sobre salud y medicinas alternativas o terapias no convencionales se empieza casi siempre haciendo hincapié en los riesgos derivados de los fármacos de la medicina académica, llenos de peligrosa química, así como de sus métodos terapéuticos agresivos y antinaturales (por lo que los errores y efectos secundarios suelen ser de muy graves consecuencias). Por ende, es frecuente leer en las citadas publicaciones que en la medicina convencional muchas veces es peor el remedio que la enfermedad. Sin datos concretos al respecto, así como sin análisis ni valoración crítica de esta afirmación, se suele dar por sentado demagógicamente el peligro de los medicamentos bioquímicos y demás artilugios de la medicina moderna occidental, mientras se ningunean los riesgos de las otras medicinas y terapias no convencionales. En general, lo que se pretende es desprestigiar a la medicina académica y no realizar comparaciones válidas de eficacia y riesgos, sobre todo porque no son comparables las terapias ni los enfermos que tratan una y otras medicinas y porque, así como la convencional está muy controlada y regulada mediante sistemas de vigilancia propios y gubernamentales que evalúan los riesgos y eficacias de los tratamientos, la mayoría de las medicinas alternativas, por no decir todas, están sin reglamentar y se carece de datos fiables sobre sus resultados terapéuticos y su seguridad.

Raro es el texto sobre medicinas alternativas y complementarias que no hable de holismo como una de las características principales de éstas, mientras que a la medicina académica se la tilda de reduccionista y de haber abandonado la relación directa entre pacientes y terapeutas, lo que se califica como la deshumanización de esta medicina, dado que, se dice, se ha centrado en la enfermedad olvidándose de la salud integral y ha separado la mente del cuerpo dividiendo éste en órganos, tejidos y células. Por el contrario, la mayoría de las medicinas no convencionales se caracteriza, según nos cuentan sus encomiásticos propagandistas en sus libros, por la importancia que se concede a los llamados valores y aspectos espirituales de la salud, así como por su comprensión de que el disfrute y mantenimiento de ésta es muy diferente de combatir las enfermedades y porque se considera a cada ser humano como un todo integrado mental y corporalmente, el cual a su vez se halla inmerso inclusiva y ecológicamente en la totalidad de un flujo de vida universal y cósmico. Mas todo ello se nos presenta casi siempre con pobreza de argumentos, tratado de una forma sucinta, vaga y general, con trivial impresionismo, recurriendo constantemente a las tautologías y a un magma fenomenológico de sensibilidades, intuiciones, místicas percepciones y poéticos sentimientos.

El aspecto de las medicinas alternativas y complementarias que más literatura está propiciando es sin duda el de la relación entre la mente (de ontología distinguible e independiente del cerebro y de su bioquímica) y el cuerpo, con el objetivo de lograr una sensación de bienestar psíquico o espiritual, y alcanzar mediante el poder de la mente incluso la autosanación de enfermedades serias y graves, como el cáncer o los trastornos inmunológicos. En esta categoría se incluyen algunos de los llamados libros de autoayuda, mas en general este tipo de libros no se puede considerar propiamente como publicaciones sobre medicinas alternativas y complementarias, pues sus objetivos y contenidos son diferentes. Verdad es que dada esa concepción tan metafísica e indefinida de salud, bienestar y enfermedad que es característica de muchas medicinas alternativas, principalmente las que se basan en la relación cuerpo-mente, en algunos casos es difícil trazar una línea divisoria entre las máximas (a ser posible, con sabor a misticismo oriental), consejos y recetas (y hasta ejercicios absurdos) para aumentar la autoestima mediante el autoengaño, que es el fundamento de los libros de autoayuda, y las recomendaciones y prácticas de autosanación de trastornos o problemas psicosomáticos o meramente somáticos (3). Ejemplo de lo dicho es la prolífica y popular Louise L. Hay, la campeona de los “pensamientos positivos”, para la cual, si estamos dispuestos a realizar el trabajo mental necesario, casi todas las disfunciones de nuestro cuerpo pueden curarse (4). Sucede que, si bien la línea de demarcación entre medicina científica y medicinas alternativas parece más o menos evidente, no ocurre lo mismo con las psicoterapias convencionales y alternativas, categoría en que se pueden encuadrar los libros de autoayuda. Mas para analizar con cierta seriedad el fenómeno social de estos libros y los demás sobre seudopsicologías alternativas hay que tener un estómago literario y una tolerancia para la estupidez intelectual a prueba de bomba, algo de lo que confieso carecer.

Un leitmotiv de los textos sobre terapias cuerpo-mente, sean del nivel intelectual y filosófico que sean, es la existencia de un poder mental de curación que la ciencia moderna desconoce porque su dualismo cartesiano le ha llevado a centrarse en los órganos y sus patologías, sin tener en cuenta los aspectos espirituales y mentales de la salud y las enfermedades. Curiosamente, el antiguo dualismo cartesiano se ve ahora reemplazado generalmente por la tríada formada por la mente, el cuerpo y el espíritu, cuya proclamada unidad recuerda un tanto al misterio de la santísima trinidad. Y si bien es verdadero, como dicen los libros de terapias de la mente que el conocimiento científico de las neurociencias y de la psicología cognitiva sobre ella y su relación con el cuerpo a través del cerebro es aún limitado, no es menos evidente que lo que ya sabemos con cierta seguridad nos permite afirmar que la gran mayoría de las ideas, creencias o filosofías sobre las relaciones cuerpo-mente en que pretenden fundamentarse todas o casi todas las medicinas alternativas que promueven este tipo de terapias mentales no son más que chácharas huecas y sinsentidos místicos, cuando no verdaderos disparates seudocientíficos.

Entre los autores más fecundos y populares sobre las medicinas cuerpo-mente está el doctor Andrew Weil, un médico de Harvard considerado como uno de los máximos gurús de las medicinas alternativas y de la biología mística y anticientífica de la new age, el cual promueve con entusiasmo e ilimitado sincretismo sanitario la integración de todo tipo de medicinas (5).

La homeopatía: vitalismo místico con disfraz de ciencia

De todos los libros sobre medicinas alternativas, los dedicados a la homeopatía—posiblemente la medicina alternativa con mayor auge y popularidad actualmente en España—suelen ser los más documentados, los mejor escritos, a la vez que los menos numerosos, ya que se la considera una medicina de especialistas y no una medicina casera ni esotérica. Sus autores son por regla general médicos de formación académica convencional que han tenido su epifanía homeopática, y que cuando predican su nuevo evangelio (para muchos investigadores críticos, la homeopatía, una medicina vitalista con disfraz de científica, es un culto casi religioso), intentan dar una apariencia de ciencia a los principios y métodos terapéuticos de su nuevo dogma sanativo. Mas no por ello se apartan generalmente de la norma de las publicaciones seudocientíficas sobre medicinas no convencionales que consiste en creer que las experiencias personales de los pacientes, las anécdotas y los exámenes de casos particulares son tan válidos científicamente para establecer la eficacia y seguridad de una cierta terapia como los estudios sistemáticos y los ensayos clínicos controlados y metodológicamente regulados de la medicina científica. Con la homeopatía, nos encontramos ante un ejemplo clásico de una medicina autodenominada holística y natural, pues, según sus partidarios, trata a sus pacientes según el principio de que no hay enfermedades sino enfermos y sus remedios se fabrican a partir de sustancias naturales y están tan diluidos que no tienen riesgo alguno de contraindicaciones o efectos adversos. Respecto de la primera afirmación se puede decir que en un sentido muy general es una trivialidad; como regla médica, es falsa, ya que existen diabéticos y diabetes, una dolencia cuya etiología y patología se pueden estudiar empíricamente, con independencia de la forma particular en que se presente en cada paciente. Sucede sin embargo que tal procedimiento es ajeno a la homeopatía, que sigue anclada en el método diagnóstico y terapéutico que enunciara su fundador, el médico alemán Samuel Hahnemann, hace 200 años y que se basa casi exclusivamente en un interrogatorio, por lo común largo y detallado, en el que a los pacientes se les pregunta sobre todo (hábitos, creencias, problemas, aficiones, entorno social, etcétera), incluyendo sus síntomas concretos. De ahí su denominación de medicina holística y humanística. Mas dada la vaguedad con que los enfermos explican sus síntomas y la subjetividad de estos, y la carencia de modernos medios técnicos de diagnóstico, hablando con una paciente sobre su familia, su trabajo y sus síntomas y estableciendo con ella una cálida relación humana no se diagnostica precozmente un cáncer de mama ni otras patologías cuya mortalidad depende en gran medida de un diagnóstico técnico, preciso, fiable y precoz.

En cuanto a la inocuidad y carácter natural de los remedios homeopáticos en lo que tanto se insiste en los libros de divulgación de la homeopatía, estos se fabrican de tal forma que en general es casi imposible encontrar en ellos una sola molécula de la sustancia supuestamente activa para la terapia que se quiere llevar a cabo. Los pacientes ingieren agua con alcohol o lactosa, según los casos, disfrazadas pomposamente con el nombre en latín de la sustancia que ha desaparecido de la pócima tras las múltiples diluciones sucesivas. La mayoría de los mencionados libros de divulgación pasan de puntillas por el hecho de que las leyes de las ciencias naturales convierten al remedio homeopático en un placebo. Más vale así, pues cuando pretenden explicar el mecanismo de acción de los remedios homeopáticos, o repiten las referencias a experimentos y estudios que han entrado en la historia de los fiascos científicos más esperpénticos, como el de la “memoria del agua”, o se escudan tras una baturrillo de términos y teorías científicas, como la del “medicamento informacional” o de las “sutiles energías curativas” indemostrables, totalmente especulativas que puede que impresionen al lector desapercibido pero que causan la carcajada del que sabe algo del estado actual de los conocimientos bien establecidos de las ciencias naturales (6).

Flores para las emociones de toda la familia

Una de las terapias más místicas y esotéricas y que más literatura popular ha generado es la de las flores medicinales de Bach, una especie de mezcla entre la homeopatía y la aromoterapia, una práctica curanderil muy de moda y que forma parte de la mitología de la new age. Las 38 esencias de flores naturales que el médico británico Edward Bach decidió por pura intuición e inspiración metafísica que tenían propiedades terapéuticas para las emociones forman la base de esta terapia, dirigida fundamentalmente a la automedicación casera, para lo cual se venden en un kit generalmente de apariencia rústica y artesanal. En los libros y manuales sobre las flores de Bach, muchos de ellos de transcendido lirismo, nos encontramos con todos los tópicos de las medicinas espirituales y emocionales. La fuerza vital (llamada también “cualidad espiritual” o la “vibración energética”) de cada una de estas flores se transfiere al agua y de ahí a los seres humanos. Tienen estas diluciones de esencias florales una “cualidad espiritual” que es afín con las distintas “cualidades espirituales” de los pacientes y armoniza con ellas, logrando un reequilibrio de las emociones y energías sutiles y espirituales de estos. Dado que para el Doctor Bach y sus seguidores las enfermedades no son más que un desequilibrio emocional que produce alteraciones en el campo energético del ser vivo, bastará con restaurar el desequilibrio emocional, eliminar las emociones negativas e impulsar las positivas para que desaparezca la afección. Se trata, como la mayoría de las terapias espirituales y de energías vitales, de remedios universales, especies de elixires mágicos que curan todas las enfermedades de la A a la Z, y por riguroso orden alfabético. Además, se recalca sin pudor alguno, son compatibles con cualquier otra terapia y muy útiles para toda la familia, desde la cuna hasta la achacosa ancianidad (uno de los remedios más populares de las flores de Bach es el llamado “de rescate”, y se aconseja en casi todos los libros y guías que se dé a los recién nacidos para ayudarles a superar el “trauma emocional del nacimiento”) (7).

Las plantas medicinales y las dietas terapéuticas producen más literatura divulgativa que todas las demás medicinas alternativas juntas. Dentro de los libros sobre alimentación, cabe separar, aunque no siempre, los destinados a difundir la cocina sana y natural como una manera de mantener la salud, conservar la línea y prevenir enfermedades, y los que se dedican a las dietas curanderas, es decir, a la sanación de afecciones concretas mediante una alimentación específica. Entre este último tipo de libros y guías se cuentan los innumerables sobre las llamadas “dietas milagrosas de adelgazamiento”, normalmente basadas en falacias y teorías sin base científica alguna e inventadas por ignorantes en técnicas de los alimentos y fisiología digestiva. Más que su eficacia, generalmente nula, lo preocupante es que pueden llegar a ser verdaderamente peligrosas para la salud. Igualmente sucede con las dietas terapéuticas curalotodo que se recomiendan en algunos manuales sobre naturopatía, sobre todo cuando se llevan a cabo en sustitución de terapias eficaces desarrolladas por la medicina científica. Una corriente muy en boga dentro de la trofología del naturismo moderno es la afirmación, muchas veces sin la necesaria base empírica, del carácter curativo de ciertos alimentos. Muchos de los tratadistas populares sobre el poder curativo de los alimentos se basan en estudios más o menos conclusivos sobre la alimentación como origen de unas patologías y las características preventivas en mayor o menor grado de determinadas sustancias y compuestos moleculares presentes en algunos alimentos para asentar sobre estos hechos sus teorías sanativas. Se comprenderá que es dar un salto mortal en el vacío pasar del conocimiento de que algunos tipos de fibras de ciertos alimentos ayudan a prevenir algunas clases de cáncer, a aseverar que éste se cure comiendo fibras; o atribuir al limón y al pomelo, debido a un genérico carácter antitóxico y a un alto contenido en vitamina C, la propiedad disolver placas arteriales y curar enfermedades cardiovasculares (8). El problema más general de esta clase de libros, esto es, los dedicados a explicarnos cómo y por qué curan los alimentos (o algunos tipos de ellos), es el carácter seudocientífico que suelen tener, en el sentido de que se apoyan constantemente en comentarios tales como: “hay, en estos últimos años, una explosión de estudios sobre estos temas y una serie de hallazgos científicos asombrosos sobre los poderes curativos y preventivos de los alimentos que afectan al comportamiento celular” o referencias a demostraciones científicas muy vagas e imprecisas sobre la efectividad curativa de tal o cual sustancia presente en tal o cual alimento (9). Así pues, se recomienda considerar con escepticismo cualquier tipo de libro que lleve por título algo relacionado con la facultad de curar de los alimentos.

La dudosa inocuidad de las plantas medicinales

Las plantas medicinales, paradigma de remedio natural, son un ejemplo de que la experiencia histórica nos ha mostrado la posibilidad de que las medicinas tradicionales hayan encontrado mediante métodos empíricos medios terapéuticos, físicos o químicos, para ciertas enfermedades, con independencia de las creencias vitalistas (sagradas o no) sobre los fundamentos y mecanismos de acción de dichas prácticas terapéuticas. La medicina científica considera de forma pragmática que para que estos remedios naturales puedan considerarse parte de esa medicina científica basta con que superen la evaluación de su eficacia terapéutica y su seguridad mediante pruebas sistemáticas realizadas con el rigor y la metodología reglamentada para los ensayos clínicos. Por este procedimiento, un número importante de sustancias de origen vegetal ha pasado a formar parte del vademécum de medicamentos de la medicina occidental. Si una planta medicinal no supera esta evaluación o no ha sido aún evaluada con estos criterios, no puede admitirse como medicamento científico y por tanto se deberá seguir considerando, en el mejor de los casos, como un remedio natural de la medicina tradicional (o un tóxico potencialmente peligroso, en caso de no pasar las pruebas de seguridad).

Uno de los tópicos que aparece constantemente en todos los libros sobre plantas medicinales es que éstas, al ser naturales, no presentan problemas de rechazo o efectos adversos. Son medicinas suaves e inocuas, por lo que son idóneas para la automedicación. Cierto que en algunos tratados y guías aparece en letra pequeña una advertencia sobre los riesgos de tomar de varios grupos de ellas sin prescripción médica, mas la mayoría de estas publicaciones sobre plantas medicinales y sus indicaciones son verdaderos manuales de automedicación, lo cual entraña un serio riesgo que hace de la fitoterapia doméstica indiscriminada algo muy poco aconsejable. Ahora bien, lo que sorprende es que, habiendo valiosa documentación científica sobre los graves problemas de eficacia y seguridad de la mayoría de las llamadas medicinas naturales (que comprenden los preparados alimenticios especiales, dietéticos y plantas medicinales), se sigan vendiendo libros y libros que repiten monótonamente que las medicinas naturales son poderosos agentes curativos de casi todas las dolencias y trastornos, con una amplísima gama de aplicaciones y que, además, carecen de los efectos secundarios indeseables que son, al parecer, tan frecuentes en los medicamentos bioquímicos de la industria farmacéutica moderna. Lo cual está en flagrante contradicción con la información contenida en la base de datos sobre remedios naturales más completa del mundo, la “Natural Medicines Comprehensive Database”, que incluía en su edición de 1999 un total de 964 remedios de las medicinas naturales, de los cuales, únicamente 46 tenían la consideración de eficacia probada para las indicaciones correspondientes (según la evidencia científica disponible), y sólo 147 se consideraban como suficientemente seguros. La revisión sistemática de estos datos se resume en que meramente en un 15% de los remedios de las medicinas naturales se ha podido establecer su seguridad más o menos completa y solamente en un 11% de ellos, su eficacia o probable eficacia para las indicaciones en las que tradicionalmente se vienen usando (10).

Multiculturalismo terapéutico y misticismo hedonista new age

El relativismo multiculturalista posmoderno está detrás del auge en Occidente de ciertas terapias tradicionales de otras culturas como la acupuntura de la medicina tradicional china o el panchakarma de la medicina ayurvédica. La medicina tradicional china comprende, además de la acupuntura, la moxibustión, la herbología y, para algunas escuelas, los ejercicios de qigong (chi kung). Se lee con mucha frecuencia en los libros sobre acupuntura y demás terapias de la medicina tradicional china que es una ciencia fruto de la sabiduría milenaria de filósofos y médicos chinos, como si las creencias, los mitos y las leyendas se convirtieran en verdad científica en virtud de su antigüedad (más longevidad tienen posiblemente el racismo, el sexismo y la creencia de que el Sol gira alrededor de la Tierra, y no por ello se consideran conocimientos científicamente válidos, sino todo lo contrario). La teoría básica de la medicina tradicional china se fundamenta en una serie de conceptos como la energía vital o qi (chi) que circula por los meridianos o canales inmateriales. Las enfermedades se interpretan como exceso o carencia de yin o yang y su tratamiento genera un cambio que reestablece el equilibrio y la armonía. La acupuntura, por ejemplo, actuando sobre unos puntos que regulan el flujo del qi, consigue ese reequilibrio. De los libros occidentales sobre acupuntura, algunos se olvidan de las energías esotéricas y de la metafísica oriental e intentan explicar la posible eficacia terapéutica de ésta mediante el recurso a la estimulación de puntos sensibles del sistema nervioso por medio de las agujas y la consiguiente producción de neurotransmisores. Mas siempre habrá de los que entre una explicación racional y otra mágica, se queden con ésta última, por lo que es muy posible que sigan abundando libros sobre el qi, el yin y el yang (11).

Otra fuente inagotable de terapias y medicinas esotéricas (que aparecen por docenas a diario), es el pensamiento mágico y la espiritualidad narcisista de la new age que mezclan con asombroso eclecticismo y sincretismo karmas con energías positivas y negativas, masculinas y femeninas; el aura del cuerpo astral con vibraciones bioenergéticas de los cristales, las doshas ayurvédicas con la función de onda de la mecánica cuántica (12), el Reiki con el toque terapéutico transpersonal (versión actualizada de la imposición de manos milagrera) y así hasta agotar los esoterismos, las magias y los términos científicos sacados al azar de los libros de divulgación (y crear, de pasada, un floreciente e incontrolado negocio multimillonario a base de publicaciones, seminarios, cursos y talleres). Además, se trata de un espiritualismo hedonista y con un fuerte componente de fetichismo por el cuerpo, ya que en la mayoría de libros sobre estas charlatanerías bioenergéticas y astrales, llenos de consejos en tono de confidencialidad cómplice y trucos inverosímiles, salud y belleza surgen fundidas como fruto de una evolución espiritual que conduce a un trascendental y arcano “crecimiento interior” que se refleja en la salud y belleza exterior. En verdad hay que tener credulidad, imaginación desbordada y facilidad para el pensamiento mágico e irracional para poder escribir o leer libros sobre estas supercherías y engañifas místicas. Pero es más: si alguien sostiene que la mayoría de los libros sobre estas charlatanerías esotéricas son un fraude, no seré yo quien le lleve la contraria.

Fernando Peregrín Gutiérrez es ensayista de epistemología e historia de la ciencia y ex presidente de un Comité Técnico del área de salud y medicina de la Comisión Europea de Normas (CEN).

Notas:

1.-Panel of Definition, CAM Research Methodology Conference, April 1995. “Defining and describing complementary and alternative medicine.” Alternative Therapies in Health and Medicine, 1997;1995:3:49-57. Nótese el acento en las componentes políticas, culturales e históricas de la medicina y no en las positivistas. Por complementarias debe entenderse que son compatibles y se pueden combinar con la medicina académica u ortodoxa. Las medicinas tradicionales, cuando se practican en donde son autóctonas y en donde son, en muchas ocasiones, las únicas medicinas a disposición de la población, merecen respeto y comprensión, aunque no sean científicas y de eficacia y riesgo muy discutibles. Mas cuando se ejercitan en Occidente por moda o capricho, como negocio, merecen otra consideración.

2.-En Estados Unidos, donde el crecimiento de este tipo de terapias es espectacular, aunque no se haya socializado la medicina, ésta está controlada como un monopolio por las aseguradoras y demás organizaciones administradoras de servicios sanitarios (HMO), es muy costosa y de muy irregular calidad. Los estadounidenses se gastan un 14% de su PIB en sanidad y soportan listas de espera parecidas a las europeas.

3.- Cosa distinta es el autoengaño consciente, sin el cual, muy probablemente, sería imposible vivir razonablemente en las actuales sociedades occidentales.

4.- Tal vez el libro más célebre y vendido de esta autora, que se dirige a un público mayoritariamente femenino, sea “Usted puede sanar su vida”, del que se ha hecho hasta una edición ilustrada a todo color (Ediciones Urano). Otro título en el que se mezclan autoayuda con la autosanación de enfermedades en orden alfabético es “Sana tu cuerpo A-Z” (Ediciones Urano). Según esta autora, el que no se cura de cualquier cosa es porque no quiere.

5.- Algunos títulos de libros del doctor Weil son suficientemente explicativos. Así, por ejemplo, “La curación espontánea. El cuerpo como medicina” (Ediciones Urano, 1995), o “Elige tu propia medicina” (Ediciones Urano). Sobre el folclórico y esotérico Dr. Weil es aconsejable leer el artículo desmitificador de Arnold S. Relman, M. D. “A Trip to Stoneville: Some Notes on Andrew Weil (1998)”, publicado en The New Republican, 14 de diciembre de 1998. Entre los tenidos por textos de cierto nivel literario e intelectual cabe citar “Mind/Body Medicine: How to Use Your Mind for Better Health” (Consumer Reports Book), colección de artículos de diversos autores editado por Daniel Goleman y Joel Gurin. Goleman es el autor del libro de autoayuda de gran éxito popular “Inteligencia emocional” (Editorial Kairos, 1996), la cual se considera por algunos entusiastas exegetas como un “nuevo e innovador concepto”.

6.- Como ejemplo de este tipo de baturrillo seudocientífico para intentar explicar los mecanismos de acción de los remedios homeopáticos, puede consultarse: Lockie, A.: “Enciclopedia de homeopatía”, Ediciones Grijalbo, 2001; Horvilleur, A.: “Guía familiar de la homeopatía”, Salvat Editores S. A., 2000; Vithoulas, G.: “Leyes y principios de la homeopatía en su aplicación práctica”, Paidos, 1997, y Jonas, W. B. y Jacobs, J.: “Healing with Homoepathy: The Natural Way to Promote Recovery and Restore Health”, Warner Books, 1996. Para un análisis detallado de los serios malentendidos sobre física moderna en que se basan dichos mecanismos de acción, véase: Park, R. L.: “Alternative Medicine and the Laws of Physics”, Skeptical Inquirer, septiembre/octubre de 1997.

7.- Algunos ejemplos de esta terapia floral: Bach, E.: “La curación por las flores. Cúrese usted mismo”. Edaf, Madrid, 1991. Stern, C.: “Todo lo que las Flores de Bach pueden hacer por ti”, Tidal, Barcelona, 1997; Bernabeu Mur, F.: “Esencias florales del Dr. Bach: 59 remedios para equilibrar las emociones negativas”, Editorial Integral-Oasis, 2000, y los varios libros y manuales de Mechthild Scheffer, editados en español por las editoriales Paidos y Urano

8.- Sobre la correlación entre cáncer y alimentación, véase: “30 años de ciencia sólo aportan hipótesis sobre la relación dieta-cáncer”, El país, 17 de septiembre de 2002, y Key, T. J. et al.: “The effect on diet on risk of cancer”, The Lancet 2002; 360:861-68.

9.- Carper, J.: “Los alimentos, medicina milagrosa”, Editorial Amat, 2002; Asuman, P. y Hurley, J. B.: “Los alimentos que curan”, Ediciones Urano, 1994; Kordich, J.: “El poder de los zumos”, Círculo de lectores. Editorial Emecé. Barcelona, 1993, y Lezaeta Acharan, M.: “La medicina natural al alcance de todos”, Editorial Kier, Buenos Aires, 1979.

10.- Marty, A. T.: “Natural Medicines Comprehensive Database”, Journal of the American Medical Association, JAMA, Vol. 283 No. 22, junio de 2000.

11.- La acupuntura, al igual que la homeopatía, está siendo objeto de un amplio y acalorado debate entre partidarios y detractores. Respecto de los ensayos clínicos de eficacia se encuentra en una situación muy parecida a la de la homeopatía, de la que se carece de suficiente evidencia (de hecho, no hay casi ninguna) de que sea algo más que un placebo; excepto que, en el caso de la acupuntura, aparentemente se están acumulando pruebas a favor de su eficacia para el tratamiento del dolor y las náuseas en casos muy concretos (véase Linde, K et al.: “Systematic Reviews of Complementary Therapies. An Annotated Bibliography. Part 1: Acupunture”, Cochrane Complementary Medicine Field, 2002, y “Part 3: Homeopathy”, Cochrane Complementary Medicine Field, BMC Complementary and Alternative Medicine, 1:4, 2001.

12.- Es el caso de Deepak Chopra, que tras publicar libros de gran éxito sobre esta cuestión (“La curación cuántica”, Editorial Gijalbo, 1994, por ejemplo) que son pura charlatanería y sinsentidos, ha montado un negocio esotérico de sanaciones en asociación con una empresa especializada en “lo último” en caprichos y juguetes de adulto para ricos.

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9 del 1 de 2001; 11:26 PM - Pensamiento crítico

Recetas para hacer milagros

Colaboración de Eduardo Giménez González

Nuevamente se volvió a licuar la “sangre de San Genaro”, en Nápoles. Por si no lo sabéis, dicha “sangre” se licúa:

  • El sábado que precede al primer domingo de mayo.
  • El 19 de septiembre.
  • El 16 de diciembre.
  • Y (no es broma) bajo una orden de Napoleón.

¿Cómo? ¿Qué no os lo creéis? Pues nada, para convenceros, aquí van unas recetas para que tengáis también vuestra ¡PROPIA SANGRE DE SAN GENARO! (O DE SAN PANTALEÓN) y lo comprobéis, ¡incrédulos!

Ésta la daba el Gran Diccionario Universal Larousse en el siglo XIX: Esperma de ballena (la esperma es la grasa, malpensados), teñida con una pequeña porción de sangre humana y con una tintura adecuada que dé al compuesto color carmín. La mezcla se mantiene sólida a los 21 grados C. Si el ambiente se caldea (¿No hay un volcán cerca de Napoles? :-) ) o apretando el tubo que la contiene con los dedos, la “sangre” pasa del estado sólido al pastoso, para luego convertirse en líquido.

Un libro titulado “Tesoro de los Remedios Secretos”, edición de 1955 e impreso en Lyon, Francia, escrito por el médico alemán Conrad Gesner bajo el pseudónimo de Evónimo Philiatro, da otra receta: Se mezclan sangre humana y aditivos céreos de facil obtención; “se destilan en un alambique bien zulacada; la primera agua saldrá blanca; la segunda, pálida; la tercera, leonada; y la cuarta roja y un poco grasienta.” Este producto pasa del sólido al líquido con facilidad.

Otra más, ésta publicada por tres investigadores italianos, Garlaschelli, Ramaccini y della Sala: Una disolución de 25 gramos de cloruro férrico, que se encuentra de forma natural en la molisita, en 100 mililitros de agua. Se añaden gradualmente 10 gramos de carbonato cálcico, que se encuentra en el marmol, la tiza y las conchas marinas. Echar luego esta mezcla en una bolsa cerrada. Esta bolsa se deja en agua destilada durante cuatro días. Después se extrae la mezcla del interior de la bolsa y se coloca sobre un plato para que se vaya evaporando hasta un volumen de 100 mililitros. Una vez obtenida esta sustancia se le añaden 1,7 gramos de cloruro sódico, sal común, y el resultado es un líquido de color marrón oscuro. Este líquido se convertirá en gel en el plazo de una hora y tiene propiedades tixotrópicas, es decir, se volverá líquido si se le agita y permanecerá sólido si está en reposo. Basta pues con tocar o mover una ampolla con la sustancia y ya está. ¿Y cómo se consigue que sólo cambie en unos días concretos? ¿Eh? Pues muy facil: ¡Basta con no tocarla ni moverla los otros días, Caramba!

Por cierto, la palabra “licuefación” debe usarse para pasar del estado gaseoso al líquido. Cuando se pasa del sólido al líquido se usa “fusión”. Adios.

Eduardo Giménez González

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9 del 1 de 2001; 01:10 PM - Pensamiento crítico

La falacia homeopática

Colaboración de Manuel Borraz

Cuando un proponente de alguna pseudociencia deriva hacia posiciones mas críticas acerca de sus creencias previas no es raro que sea víctima de una curiosa falacia. Los ejemplos hablan por si solos:

Parapsicología evoca transmisión del pensamiento, visión a distancia, premonición, poder de la mente sobre la materia, dotados, videntes, mediums, polstergeist, viajes astrales, apariciones… Un parapsicólogo racionalista verá como, tras numerosos disgustos y debiendo descartar mucho fraude y testimonio anecdótico, la única evidencia que le quedará será, por ejemplo, un registro de pequeñas desviaciones estadísticas en una serie de pruebas aleatorias, que al parecer nadie ha podido invalidar pero tampoco reproducir. Pues es muy posible que ese investigador, que en buena lógica ya debería ser un escéptico consumado, siga hablando de El Misterio de la Parapsicología…, aunque eche pestes de mediums, videntes, profecías, experimentos de laboratorio previos, etc.

Ufología trae a la mente de la mayoría las imágenes de platillos volantes, contactos con extraterrestres, persecuciones, ocultaciones, secuestros, aterrizajes… A medida que pierde su fe, el ufólogo se torna mas proclive a admitir que más del 90 por ciento de los casos que colecciona tiene una probable o posible explicación convencional. Es evidente que esto es ya una respuesta satisfactoria al misterio. Pero seguramente se aferrará a los pocos casos que le queden por explicar, manifestando que éstos pueden solucionar El Enigma de El Fénomeno de los OVNIs. Aparentemente, no caerá en la cuenta de que esos casos ya son sencillamente irrelevantes y que, por el camino, ya ha enterrado la Ufología.

Decir Astrología es hablar del destino escrito en los astros, de su influencia en la historia, en la personalidad, de cartas astrales, de horóscopos… Ahora bien, para el astrólogo que quiere contrastar estadísticamente la validez de su “ciencia”, las cosas pintan mal. Aunque quizás encuentre alguna correlación puntual extraña por ejemplo, entre la fecha de nacimiento de algunos deportistas y la posición de Marte. Entonces quizás piense, “después de todo, algo de cierto hay en la Astrologia…”.

Y aún podrían proponerse otros ejemplos. Como el del historiador cristiano que, muy aplicadamente, termina poniendo en evidencia la fragilidad de los testimonios y las pruebas sobre la existencia de Jesús y documenta rigurosamente el proceso de formación del cristianismo primitivo a partir de diversas tradiciones, fuentes, actores…, pero, sin embargo, sigue reverenciando la figura de Jesús

¿Que tienen en común estas situaciones? A fuerza de dudar, el investigador disuelve la evidencia fiable hasta límites “homeopáticos”, es decir, hasta extremos en los que resulta irrelevante para sustentar las proposiciones de partida. Y sin embargo, sigue comportándose (¿por hábito*? ¿por cerrazón mental?) como si las proposiciones de partida aún fueran vigentes.

Manuel Borraz

*Esto me recuerda aquel experimento de psicología de la percepción en que a un sujeto se le mostraban sucesivas siluetas de un perro evolucionando hasta convertirse en un felino y se le preguntaba cada vez de qué se trataba. El sujeto respondía que estaba viendo un perro y lo seguia manteniendo incluso ante siluetas que ya tenían más de felino que de can, hasta que llegaba un momento, casi al final, en que debía de rendirse ante la evidencia y reconocer apresuradamente que aquello ya era un felino.

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8 del 1 de 2001; 12:55 PM - Pensamiento crítico

Timocultura

Biocultura’97, organizada por la asociación Vida sana, se celebró en Madrid en los días 7-10 de noviembre y, al igual que en los años anteriores, volvió a mezclar el ecologismo con las falsas medicinas, la artesanía con la fotografía del aura, y la agricultura biológica con la radiestesia. Sería en cierto modo razonable hacer en este articulillo un balance entre los aspectos positivos y los negativos de dicha feria, pero como los medios de comunicación* ya se encargan de destacar únicamente el lado bueno, vamos a hacer aquí lo contrario.

Quizá la pseudomedicina más peligrosa de las que se promocionan en Biocultura es el higienismo. Según este modo “alternativo” de “curar” (multiplíquense las comillas), el propio organismo puede sanarse, sin intervención externa, de todas las enfermedades (repito: TODAS). Dentro de las mal-llamadas “medicinas alternativas”, el higienismo está entre las más radicales, pues considera perjudicial para el organismo cualquier tipo de medicamento y recomienda al paciente que haga caso omiso de los conocimientos de la “medicina oficial”. En el stand de la Coordinadora Higienista, se divulga, entre otros disparates, que el virus del SIDA no es el causante de la terrible enfermedad. Esta teoría de la inocencia del virus del SIDA no es una rareza anecdótica de los higienistas, sino que podemos ver libros con este tema anunciados en otros puestos diferentes, junto con absurdas teorías sobre el cáncer.

La medicina “oficial” es agresiva, violenta, innecesaria y antinatural, según estos sanadores “alternativos”. Los médicos y los científicos biosanitarios actuarían movidos por los intereses del “Sistema”, y por tanto no podemos fiarnos de ellos. Les interesa, según la “medicina natural, crear mitos como el del virus del SIDA, para asegurar el negocio de las industrias farmacéuticas. Esta es la moto que nos quieren vender en Biocultura.

Como podéis suponer, aunque podamos sanarnos a nosotros mismos, esto no nos libra de tener que pagar. Podemos elegir entre apuntarnos a sus cursos, comprar sus libros de autocuración, o acudir a las consultas de los pseudomédicos. Poco les importa que sus teorías sean disparatadas desde el punto de vista científico, o que jamás hayan demostrado con ensayos clínicos rigurosos que sean capaces de curar algo. A la ciencia “oficial” no le interesa reconocer que estos señores tienen razón: hay demasiados intereses en juego. Esta basura es parte de lo que se divulga en Biocultura.

Además del higienismo, en Biocultura encontramos muchas otras pseudomedicinas, terapias, etc. que nunca han demostrado tener los efectos saludables o curativos que pretenden en su publicidad. Tanto en los puestos como en los folletos de propaganda nos quedamos anonadados ante la increíble diversidad de estas prácticas tan “naturales”: Medicina holística, aromaterapia, hidroterapia, fitoterapia, flores de Bach, Shiatsu, Feng-Shui y diferentes tradiciones chinas, acupuntura (incluso para animales), moxibustión, medicina Ayur-Védica, fisiología energética, meditación trascendental (como alternativa para la prevención y tratamiento de la hipertensión), reflexología podal…

Por otro lado, La Liga para la libertad de Vacunación nos ofrece en Biocultura nada menos que 5 conferencias y una mesa redonda ¡Qué favoritismo! En ellas se intenta convencer al personal de que vacunar a los niños de la hepatitis, la polio, con la triple-vírica, etc. no es nada recomendable. La vacunación “representa una agresión artificial a la cual se nos hace difícil suponer que sea inocua” y porque “la vacuna no activa el sistema de defensa tan bien como el virus natural“, siendo “un factor desencadenante de enfermedades autoinmunes como la esclerosis múltiple o el síndrome de Guillain-Barré“. Los folletos alarmistas abundan, repletos de referencias inconcretas a “un estudio hecho en Italia…“, “tenemos constancia de…“, “algunos estudios establecen una relacion…“. ¿Os suena de algo?

Sigamos ahora con otra pseudociencia donde las haya, a pesar de su nombre oportunista: Geobiología. Según esta “disciplina”, la superficie de la Tierra está surcada por redes de Hartman, o franjas de radiación cosmotelúrica (toma ya). Éstas se detectan mediante radiestesia, es decir, que necesitamos una cierta sensibilidad y un péndulo de características muy concretas (por ejemplo, el cordel tiene que ser de algodón, y el precio no será inferior a las mil y pico). También se pueden medir estas franjas, producidas por el campo magnético terrestre, con magnetómetros extremadamente sensibles o bien con un sencillo aparato de radio que no esté sintonizando ningún canal. Si dormimos de forma constante sobre una de estas franjas podemos incrementar bastante nuestro riesgo de cáncer de hígado, próstata, mama, enfermedad de Parkinson, afección virósica de hígado y bazo, parto con niño deforme… Basta cambiar de sitio la cama, para sacarla de la influencia de estas redes magnéticas y que desaparezca el insomnio y los dolores de cabeza que sufren tantas personas. ¿Por qué estos estudios tan interesantes no se publican en las revistas científicas?, preguntamos ingenuamente. Hombre, nos dicen, porque existen muchos intereses en contra; imagínate el lío que se armaría con las empresas constructoras. Pero ¿no bastaba con mover de sitio la cama? En fin… El grupo responsable de la divulgación de esta “ciencia contracorriente” en Biocultura es la GEA, Asociación de Estudios Geobiológicos (toooma ya). En el folleto de GEA-Madrid, cuyo logotipo presenta al típico madroño y un oso zahorí, podemos comprobar cuán interrelacionados están los asuntos, pseudocientíficos o no, de la feria: entre los geobiólogos tenemos a agricultores “biológicos”, practicantes de “Bioenergética” integral, el Feng Shui, la arquitectura “biológica**” y arquitectura Sagrada, especialistas en “bio”sensores…

Quedan bastantes cosas que comentar, pero no quiero aburrir demasiado. Sin embargo, es necesario mencionar la fotografía del aura, que en Biocultura se ofrece por un precio que oscila entre las dos mil y las tres mil pelas (una foto, dos, con interpretación, sin interpretación). Unas chicas pululan a la caza del cliente soltando encantadas el correspondiente rollo pseudocientífico sobre la fotografía con cámara Kirlian***, y la interpretación del aura energética que todos tenemos. ¿Cómo se sabe qué significa cada forma y color del aura? Pues porque se han hecho “mogollón de estudios”. ¿Por qué cada vez que se toma la foto sale un aura diferente en la misma persona? Porque el aura cambia según la evolución personal. Además, la gente que tiene un brazo o pierna amputados a veces lo sienten como si lo tuvieran ahí, y esto es a causa del aura, porque en la foto sale también el aura del miembro perdido. ¿Y si hacemos la foto al brazo cortado, sale el aura del cuerpo entero? Puesss…

Y esto es solo una pequeña muestra de los fraudes que, bajo un disfraz ecológico, biológico y natural, nos quieren hacer tragar en “Timocultura”. Pero aunque la mona se vista de verde, mona se queda. Sin embargo es triste constatar que grupos ecologistas como Greenpeace, AEDENAT, la CODA, así como agricultores, artesanos e incluso el Ministerio del Medio Ambiente, conviven, al parecer sin problemas, con estos engaños a costa del crédulo y el desinformado. El próximo año, no estaría mal que hicieran boicot.

____________
* El País, en el suplemento de Madrid del día 9 de noviembre de 1997, publicaba un artículo sobre Biocultura titulado Una feria de lo más natural, en el que no se criticaba en absoluto los contenidos pseudocientíficos. Volver al texto

**Ante tal profusión de técnicas “biológicas” y aplicaciones del prefijo “bio” desconocidas para este pobre biólogo, me pregunto ¿qué narices me han estado enseñando en la carrera? Volver al texto

***Pulsa aquí para navegar hacia una explicación científica de la llamada “fotografía del aura” Volver al texto

Nota: Este artículo es del año 97. Biocultura se sigue celebrando regularmente y, por lo que sabemos, sin demasiados cambios.

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