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Archive for Septiembre, 2001

28 del 9 de 2001; 11:36 PM - Pensamiento crítico - Ciencia

Transgénicos, recapitulación de casos

platanosColaboración de Miguel Calvo

Lo que sigue es una recapitulación de los tipos de productos transgénicos relacionados con la alimentación, su situación y sus riesgos:

1.- Sustancias empleadas en tratamientos de animales para mejorar la producción.
Yo no las incluiría aquí, pero los ecologistas sí lo hacen. El mejor ejemplo, muy usado en USA (no en la UE, más por razones económicas que por otra causa) es la hormona de crecimiento bovina recombinante utilizada para aumentar la producción de leche. En este caso, deberíamos evaluar los riesgos para el consumidor (paso de hormona a la leche) y para los animales en los que se utiliza. Yo los considero despreciables. No hay riesgos ecológicos.

2.-Sustancias empleadas en la industria alimentaria, obtenidas en microrganismos por técnicas de DNA recombinante.
Por ejemplo, la quimosina (cuajo) recombinante. Usada ya en la UE para fabricar queso. Tiene problemas burocráticos (denominaciones de origen) pero no problemas ecológicos ni riesgos para el consumidor.

3.-Animales transgénicos que tengan en su leche una proteina humana, menos lactosa, etc.
No hay ninguno aún comercial, que yo sepa. Ni riesgos ecológicos ni riesgos para el consumidor.

En estos tres casos no se liberan organismos al medio ambiente. Una vaca no es un organismo que pueda “polinizar” sin control a nadie, y en los otros casos solamente se comercializan las sustancias puras obtenidas. No hay que considerar pues transferencias de genes, resistencias a antibióticos, etc.

4.-Vegetales transgénicos* con tecnología RNA antisentido.
En este caso, el vegetal deja de fabricar una proteína suya, pero no fabrica nada nuevo. Por ejemplo, el tomate Flavr Savr, comercializado es USA, y creo que ya en Inglaterra también. No hay riesgos ecológicos por el vegetal (si pasara el gen a otra planta, no le serviría de nada, al no tener la misma secuencia de mRNA para hibridar, y aunque la tuviera, pues simplemente el fruto se apocharía más despacio). No hay riesgos para el consumidor, ni siquiera de alergias marginales. [*Estos vegetales están genéticamente modificados, pero no son realmente transgénicos, pues no tienen genes de otras especies (Nota de Homo webensis)]

En este caso solamente nos queda el asunto de los genes de resistencia a antibióticos. Hasta ahora tampoco veo yo ningún riesgo socioeconómico de monopolios, abusos por parte de las multinacionales y demás.

5.-Vegetales con un gen de resistencia a herbicida, que no se consumen directamente por las personas.
El caso de la soja. Riesgos ecológicos teóricos de trasmisión de la resistencia al herbicida si:

  1. donde se cultiva existen plantas semejantes
  2. si tenía algún interés utilizar el herbicida para eliminar la planta salvaje.

La condición a) no se produce en Europa. La b) se le olvida, curiosamente, a todos los ecologistas que hasta hace unos días no querían ni ver a los herbicidas. Nota: el gen no ha salido de la nada, sino de otra planta salvaje, creo que de las familia de las petunias.

6.-Vegetales con gen de la toxina de Bt, que no se consumen directamente por las personas.
El maíz transgénico. Riesgos ecológicos:

  1. Trasmisión de resistencia. Sólo si donde se cultiva existen plantas semejantes, lo que no sucede en Europa.
  2. Aparición de insectos resistentes a Bt. Posible, pero menos probable que con el uso indiscriminado de la toxina propugnado por la “agricultura biológica”
  3. Destrucción de insectos beneficiosos. Escandalosa y malintencionada mentira. Esto si puede suceder si se usa la toxina de Bt a voleo. Si está en el maíz, hay que comérselo antes, y ningún insecto que come maíz es “beneficioso”, al menos para el agricultor.
  4. Toxicidad para otras formas de vida. No, porque la toxina de Bt no afecta a aves, mamíferos, etc, que se puedan merendar el maíz, o los insectos afectados (lo que no se puede decir de los insecticidas convencionales, que de pronto pasan a ser los “buenos” de esta película.
  5. Posible perjuicio a insectívoros (murciélagos, aves, etc): Ninguno depende exclusivamente de los comedores de maíz, y los demas insectos se verán menos afectados que con sistemas químicos. Mas que perjudicial, beneficioso comparado con los plaguicidas químicos.

En los casos 5 y 6 no existe riesgo para el consumidor de ningún tipo. Lo que comemos es almidón, lecitina, glucosa,etc, que no contiene proteínas (no hay riesgo de alergias) ni DNA (ni de trasmisión de resistencias a antibioticos). Existe el riesgo teórico de paso de resistencias a antibióticos en el tubo digestivo de los rumiantes cuando se utilizan como pienso. Nota al margen. Las resistencias a antibióticos, para trasmitirse eficazmente precisan dos condiciones:

  • Que se trasmitan
  • Que exista una presión selectiva favorable, es decir, que esté presente ese mismo antibiótico. La segunda condición se olvida casi siempre.

7.-Vegetales con un gen extraño, el que sea, que se consumen como tales.
No hay ninguno comercial. Serían patatas, frutas, etc, con genes de cualquier tipo. Aquí, además de los riesgos ecológicos de trasmisión del gen (con las debidas condiciones para que sea posible, no hay patatas salvajes en Europa), o de la resistencia a antibióticos (también ya en humanos) deberíamos considerar:

  • Aparición de alergias. Una proteína nueva aumenta la alergenicidad, teóricamente al menos. El aumento es en realidad casi despreciable (pongamos un 1 por mil más de lo que ya existía), y sólamente en alimentos crudos.
  • Aparición de toxicidad. Puede ser importante, y exige un examen minucioso antes de comercializar el producto. Son los que tienen mas riesgos, pero son también los mas prometedores, científica y socialmente, si se desarrollan adecuadamente. INVESTIGACION PUBLICA YA !!!

8.-Bacterias, levaduras, etc, utilizadas en fabricación de alimentos (pan, cerveza, yogur etc.), a las que se les coloca el gen de un enzima de otra. Se está trabajando en ello, incluyendo grupos españoles. Creo que no hay ninguna todavía comercial. Antes de “soltarlas” deberían llevarse a cabo controles estrictos de seguridad. La mayor parte de este tema está en manos públicas, por lo que la sensatez parece estar garantizada.

Los casos 5 a 7 se prestan además a situaciones de abuso poder por parte de empresas multinacionales, especialmente en el caso de las parejas resistencia-herbicida. No creo que mas que lo que sucede con el petróleo, pero eso es otra historia, y yo no soy economista.

Miguel Calvo
Tecnologia de los Alimentos
Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza

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27 del 9 de 2001; 01:42 AM - Pensamiento crítico - Ciencia

Sí a los productos transgénicos

reptil

Por qué estoy en contra de las campañas por la prohibición.

Alarmismo injustificado, poco rigor científico y motivos pseudoéticos caracterizan a las campañas que exigen la prohibición total.

Joaquin Araújo, quizá el más famoso divulgador español del ecologismo, publicaba hace tiempo en el diario El País una columna acerca de los productos obtenidos de organismos transgénicos. “Cierto es que la biotecnología, podría alcanzar sanos y hasta muy constructivos objetivos. Además es legítima como incremento de nuestro saber”, escribía. Tras esta razonable frase, Araújo expone sus, en cierto modo, también razonables temores sobre los posibles riesgos de algunos productos de este tipo. Pero, sorprendentemente, leemos al final del artículo lo siguiente:

“aunque no hubiera secuela perniciosa para la salud de los humanos, ni para el derredor espontáneo, ni para la independencia de los países en espera de un mínimo bienestar, la suspensión de cualquier forma de libre circulación de los alimentos o seres transgénicos sería oportuna”.

Pocas veces puede uno encontrar una exposición tan clara y sincera de una convicción pseudoética (denomino así a la calificación de algo como “malo” (o “bueno”) aún cuando no existe ningún motivo racional para ello). He preguntado a algunos ecologistas (si bien pocos aún) si conciben la posibilidad de crear organismos transgénicos inofensivos o incluso beneficiosos para el medio ambiente, la salud, o la economía de los países pobres. Ninguno quiso contestarme a esta sencilla cuestión, posiblemente por miedo a caer en una trampa argumental. Pero Joaquin Araújo es pasmosamente sincero: admite la posibilidad de que puedan producirse transgénicos neutros o beneficiosos… pero, contra toda lógica, aboga por la prohibición de éstos transgénicos también. Es decir: aunque no sean malos, son malos.

Que no se malinterprete lo anterior. No estoy defendiendo que todos los productos transgénicos sean inofensivos. Simplemente afirmo que es muy posible que algunos sean más que beneficiosos. Cada producto transgénico es “un mundo”; no es posible generalizar, y este es uno de las más graves inconsistencias de las campañas anti-transgénicos. Mientras que una planta transgénica que sintetiza insecticidas podría tener un impacto ambiental negativo (o podría no tenerlo), una vaca que segrega insulina humana en su leche jamás se extenderá por el mundo causando estragos en los ecosistemas. Tampoco una planta de tabaco luminiscente tiene por qué crecer descontroladamente y dominar el mundo vegetal ¿en qué cabeza puede caber eso?. Mientras que una bacteria transgénica capaz de “comerse” el petróleo de las mareas negras podría alterar negativamente la cadena trófica marina, otra bacteria diferente, creada para los mismos fines higiénicos, podría no afectar en absoluto al plancton y cumplir su tarea de forma inocua. La pretensión de prohibir todos los productos transgénicos no tiene ningún sentido. Es como querer destruir todos los medicamentos solo porque algunos de ellos pueden implicar riesgos conocidos o desconocidos.

Determinados alimentos transgénicos podrían producir alergias a personas sensibles. Exijamos un riguroso control previo a la comercialización para evitar estos casos, y exijamos también una advertencia en la etiqueta del producto. Por ejemplo : “Este tomate contiene una proteína de salmón que puede causar molestias a las personas alérgicas al pescado”.

Algunos cultivos transgénicos pueden tener claras ventajas selectivas sobre el resto de las variedades domésticas o salvajes, y extenderse libremente, extinguiendo al resto y causando una pérdida de biodiversidad. Condenemos firmemente estos casos, cuando haya motivos racionales y científicos para hacerlo.

Algunas compañías pueden aprovechar la circunstancia de que cultivan variedades resistentes a un determinado pesticida y abusar de dicho producto. Denunciemos a estas empresas por contaminar el medio ambiente. Lo perjudicial, en este caso, es contaminar, no cultivar una planta transgénica.

El catastrofismo y la apelación al miedo a lo desconocido quizá sean dos de los principales motivos de rechazo a algunas pretensiones ecologistas por parte de un buen porcentaje de la comunidad científica y de las personas con una visión del mundo, digamos, racionalista, entre las cuales me incluyo. Otro factor importante quizá sea la sensación de que estas campañas adolecen de cierta escasez de rigor científico. La mayoría de los biotecnólogos y genetistas se echan las manos a la cabeza cuando leen la parte referida a “riesgos” en estos textos. De poco sirve decir que los productos transgénicos son los más controlados que existen en el mercado, infinitamente más que cualquier variedad no transgénica, pero obtenida por hibridación y/o selección artificial. Por muy inofensivo que parezca un transgénico a la luz de las decenas de estudios y controles obligatorios previos a su utilización, los ecologistas radicales no quedarán contentos. No quieren control ni prevención, sino prohibición.

En las campañas contra los productos transgénicos encontramos muestras de alarmismo exagerado como las que siguen (fuente: AEDENAT):

“La liberación de organismos vivos «diseñados» en el laboratorio mediante ingeniería genética constituye actualmente un peligro para la estabilidad ecológica del planeta de magnitudes comparables a la amenaza nuclear.”

“La liberación a gran escala de tales «absurdos» puede tener unas repercusiones en gran medida imprevisibles, y potencialmente desastrosas para el mantenimiento de la estabilidad ecológica del planeta.”

“Con todo ello, la ingeniería genética estaría creando verdaderas «autopistas» a través de las cuales se podrían propagar nuevas enfermedades, con efectos inimaginables.”

Inimaginable, imprevisible, impredecible, desconocido, inesperado, incalculable, etc. es quizá el tipo de adjetivo que más abunda en estas campañas. Con este tipo de estrategias quizá el ecologismo consiga el apoyo de la gente más ignorante en asuntos científicos (de hecho, ya lo están obteniendo). Para muchos de los que tenemos la suerte de haber recibido una cierta formación científica y haber desarrollado una mentalidad racionalista, los argumentos que apelan al miedo a lo desconocido nos resultan moralmente inaceptables. Es necesario, además, rigor científico, distinción entre casos, no generalización, denunciar el uso perjudicial de un producto, no al producto en sí. Yo, al menos, exijo el derecho de toda persona a beneficiarse de los posibles avances que nos brinde la ingeniería genética y la biotecnología.

No al uso indebido de los productos transgénicos. Sí al riguroso control. No a la prohibición total. Como dice una amiga mía, dejemos los dogmatismos para el Papa.

Y, por supuesto, sí a los grupos ecologistas. Qué sería del mundo sin ellos. Pero, como todo, pueden mejorar.

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27 del 9 de 2001; 12:27 AM - Pensamiento crítico - Ciencia

El mito del clon

caras

Ni zombies ni fotocopias; creencias irracionales relacionadas con la clonación reproductiva

Los raelianos y su empresa Clonaid anuncian que ha tenido éxito en la clonación del primer ser humano. Afirma esta secta contactista y racista que ya ha nacido la primera niña clónica. En breve, dicen, darán pruebas de que su ADN es idéntico al de su “madre”. En Ciencia 15 y en La Biblioteca de Babel encontraréis buenas razones para no creeros todo esto, junto con enlaces interesantes.

Yo prefiero aprovechar y decir algunas cosillas acerca de la clonación reproductiva humana, algo que probablemente se acabará haciendo, sean o no los raelianos los primeros. Por lo visto, hay mucha gente en el mundo que desea un hijo clónico. ¿Realmente saben lo que quieren? ¿Sus expectativas se ajustan a la realidad? Se detectan bastantes creencias irracionales, tanto entre quienes los partidarios de clonar para reproducirse, como entre los escandalizados.

Relación clon-progenitor: Genéticamente, un clon no sería como un hijo, sino como un hermano: un hermano gemelo. Un clon sería un hijo sólo en la medida en que así lo considerase su progenitor y la sociedad en la que éste vive.

Determinismo: Un clon es un niño (hijo-hermano) que se parece mucho al progenitor, pero que jamás será una copia idéntica. El hecho de tener idénticos genes que el progenitor no garantiza, en absoluto, que el clon vaya a tener los mismos gustos, aficiones, personalidad, capacidades, enfermedades o resistencias, éxitos, creencias, o deseos. El clon vive en otro ambiente que el progenitor, y en otra época. Los hermanos gemelos, a pesar de ser genéticamente iguales y haber compartido muchísimas influencias ambientales, suelen tener mentalidades diferentes; a veces incluso desde que son muy pequeños. Por tanto, intentar recrear artificialmente el ambiente del progenitor no servirá para conseguir un “clon mental”.

Inmortalidad: La clonación no tiene nada que ver con la inmortalidad. Un clon no es una “reencarnación” de su progenitor; es una persona distinta que no le va a librar a éste de la muerte. Ni siquiera hay razones para pensar que el clon va a continuar la “historia vital” del progenitor muerto. O, al menos, no necesariamente lo hará mejor que un hijo normal.

Sub-humanidad: Por alguna extraña razón está muy extendida la creencia de que los clones van a ser ciudadanos de segunda clase. Con derechos inferiores a los del resto de las personas, dóciles y mansos, manipulables, marionetas “desalmadas”. ¿Influencia de los comics y la mala ciencia-ficción? Quizá. De cualquier manera, es muy discutible que la explotación y el abuso de las personas sea más fácil o más justificable si éstas son clones. A la inversa, no hay motivos racionales para creer que los clones vayan a situarse por encima del común de los mortales o pertenecer a una elite social.

Ya sé que cuesta trabajo, pero cuando pensemos acerca de la clonación reproductiva, intentemos ignorar ese “mito del clon” que se nos ha incrustado en la cabeza. Un clon no sería una fotocopia, ni un zombie ¡Sería un niño! Ojalá quienes le traigan al mundo no esperen de él otra cosa.

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27 del 9 de 2001; 12:21 AM - Ciencia

El “tanto por ciento” genético

abeja

Qué es y qué no es la heredabilidad*

Hoy es frecuente leer, acerca de una enfermedad, un rasgo físico o de la personalidad, una habilidad, etc, que “es genético en un tanto por ciento”. A veces se trata de opiniones personales de alguien (es intrigante la capacidad que a veces pretenden tener los artistas, deportistas, o incluso los intelectuales, para “distinguir” dichos porcentajes); pero por lo general estas noticias se refieren a estudios científicos, más o menos rigurosos, sobre heredabilidad.

La heredabilidad es un concepto científico muy poco intuitivo, y además tiene la desgracia de prestarse a múltiples confusiones. Por un lado, las que se derivan de su colisión con el significado común del verbo cotidiano “heredar”, que es muy diferente. Por otro lado, las causadas por un conjunto de creencias erróneas muy arraigadas sobre la genética y que se ha dado en llamar “el mito del gen“.

¿Qué indica la heredabilidad?

Imaginemos un estudio que estime la heredabilidad de la adicción al tabaco en España y arroje un resultado del 30%.
¿Significa eso que el 30% de los hijos de un adicto al tabaco serán también adictos? No.
¿Significa que el hijo de un adicto tiene una probabilidad del 30% de volverse también adicto? Tampoco.
¿El 30% de los adictos al tabaco lo son por razones genéticas y el 70% por otras razones? ¡No!
¿Tienen los genes de Fulano el “30% de la culpa” de su adicción? No.
¿Tiene Fulano una probabilidad del 70% de librarse de su adicción, ya que el otro 30% es una influencia genética inevitable? No.
¿La humanidad tiene una tendencia innata, cuantificada en un 30%, a ser adicta al tabaco? Tampoco.

Y, sin embargo, solemos hacer alguna o incluso varias de estas deducciones incorrectas cuando leemos este tipo de noticias.

Sustituyamos la adicción al tabaco por la esquizofrenia, el cociente intelectual, la agresividad, la homosexualidad, o cualquiera de los rasgos cuya heredabilidad lleva siendo controvertido objeto de estudio durante los últimos años. Las respuestas siguen siendo “¡No!”.

En primer lugar, la heredabilidad es un dato estadístico que se refiere a poblaciones, no a individuos. La heredabilidad de la adicción al tabaco no nos dice nada sobre las causas de la adicción que sufre Fulano, ni siquiera considerando a Fulano como un “término medio”. No es que sea inexacto o impreciso extrapolar estos datos a los individuos; es sencillamente absurdo, igual que es absurdo decir que Fulano tiene una tasa de natalidad X.

En segundo lugar, la heredabilidad se refiere a poblaciones concretas, es decir, a conjuntos de individuos con una diversidad genética concreta que viven en un ambiente concreto. La heredabilidad de un rasgo en una población, por tanto, no nos da información sobre lo que ocurre en otras poblaciones sometidas a diferentes circunstancias, ni sobre lo que ocurriría en esa misma población tras una modificación del entorno (una reforma educativa, un nuevo tratamiento médico, la presencia de un veneno, etc.) Y, por supuesto, no nos dice gran cosa sobre la “naturaleza humana”.

En tercer lugar, la heredabilidad concierne a las diferencias en una cualidad, y no a la magnitud absoluta de esa cualidad. ¿Qué porcentaje de la estatura de los murcianos es de origen genético y qué porcentaje no lo es? La heredabilidad no nos responderá a esta pregunta, entre otras cosas porque es absurda. Es imposible medir a una persona que ha vivido sin influencias ambientales de ningún tipo; la comida, por ejemplo, es ambiental, y sin comida uno se muere. Tampoco es posible quitar a los niños sus genes para ver cuánto crecen sin ellos.

Ahora bien, ¿qué porcentaje de las diferencias en estatura de los murcianos se deben a diferencias en sus genes? A esta pregunta (simplificada) sí responde la heredabilidad. Sustituyamos “diferencias” por varianza estadística si queremos más rigor. La heredabilidad es el cociente entre la varianza genética y la varianza total. Si los murcianos fueran genéticamente iguales la heredabildad sería del 0%, ya que no habría varianza genética. Si los murcianos compartieran exactamente las mismas influencias ambientales, la heredabilidad sería del 100%. Son dos casos extremos y estamos ignorando complicaciones reales e importantes como la interacción genes-ambiente, pero espero que sean ilustrativos. La heredabilidad nos indica que las diferencias genéticas causan parte de las diferencias observadas.

Errores más comunes.

Los errores más comunes sobre el concepto de heredabilidad podrían ser los siguientes:

  • Pensar que la heredabilidad indica el grado de “culpa” que tienen los genes en los portadores de la enfermedad o el rasgo en cuestión.
  • Pensar que heredabilidad implica invariabilidad o inevitabilidad. Es decir, que cuanto más alta sea la heredabilidad en un rasgo, más difícil de modificar es éste rasgo. Por ejemplo: “ya que la heredabilidad del cociente intelectual es importante, es inútil gastar recursos en la educación de los torpes, puesto que no conseguiremos nada”.
  • Pensar que la existencia de alta heredabilidad en una población nos da información sobre por qué difieren dos poblaciones. Ejemplo: “Como el cociente intelectual en los blancos de EEUU tiene una heredabilidad del 50%, los negros e hispanos hacen peor los tests por razones genéticas”.

Ejemplos

Los siguientes son algunos ejemplos de confusión sobre la heredabilidad en los medios de comunicación:

“LA TROMBOSIS ES DEBIDA EN UN 60% A CAUSAS DE ORIGEN GENÉTICO Resultados del estudio GAIT del hospital de Sant Pau de Barcelona El 60% de las causas de una trombosis -coagulación de la sangre que origina infartos de miocardio, ictus y embolismos pulmonares- tiene base genética, mientras que los factores ambientales, como la dieta o el tabaquismo, son responsables del 40%.”. (El País)

Como podemos ver, el dato poblacional (la heredabilidad de la trombosis en una población no especificada) se aplica erróneamente al análisis de las causas de un caso medio (”una trombosis”).

” (…)Una razón genial para la felicidad o la desdicha. Rojas Marcos, humanista, le concede un valor limitado a la fuerza de la genética. Pero es, nada menos, que del 40%.” (Vicente Verdú en El País (23 nov 2000), sobre el libro Nuestra Felicidad, de Luis Rojas Marcos)

También en este caso el porcentaje corresponde (o debería corresponder) a un estudio de heredabilidad, y no a una “fuerza” que la genética tendría supuestamente en la determinación de nuestra felicidad o infelicidad.

“La conclusión en la que convergen todos estos estudios es que se heredaba casi la mitad del CI y menos de una quinta parte se debía al entorno que los hermanos compartían: la familia. El resto procede del útero, el colegio y las influencias externas tales como los grupos de compañeros. Hasta eso es engañoso (…) Si el CI se hereda individualmente en un 50%, entonces algunos genes deben influir sobre él. Pero es imposible decir cuántos.” (Mat Ridley, en su libro Genoma, la autobiografía de una especie).

¿Que el CI se hereda individualmente en un 50%? Ridley, que supuestamente se ha preparado antes de escribir su best-seller, tampoco acierta con la heredabilidad y transmite la confusión a la mayoría de sus lectores.

¿Es tan importante aclarar estos malentendidos?

En mi opinión, mucho. La investigación sobre la heredabilidad de los caracteres físicos y mentales ha tenido y puede tener consecuencias políticas y sociales graves. Las confusiones mencionadas son utilizadas para justificar científicamente creencias racistas y clasistas. Hay cientos de cosas que un estudio sobre heredabilidad no implica, pero que el público acaba creyendo. Los divulgadores científicos, especialmente si son autores de best sellers, deberían esforzarse un poco para evitarlo.

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26 del 9 de 2001; 10:44 AM - Ciencia

Grande, pero no excepcional

El cerebro humano, comparado con el de los otros animales

(Resumen de David Marjarovic sobre un estudio de Gerhard Roth*)

delfinPuede considerarse que el cerebro humano está en el la posición superior en el “rango” de los cerebros de mamíferos, pero no es anatómicamente excepcional. El trabajo de Roth clarifica conceptos y corrige varias viejas creencias erróneas.

Tamaño absoluto
La creencia más vieja de todas: los humanos no tenemos los mayores cerebros. Muchos de vosotros sabréis ya que el mayor cerebro que existe lo posee el cachalote y pesa de 7 a 9 kg. Entre los humanos el peso cerebral varía entre 1 y 2 kg, y no está relacionado en absoluto con la inteligencia (Anatole France tenía un cerebro de un kg., me pregunto quién lo pesaría). La media en los humanos actuales es de 1,3 kg (en los neandertales era mayor, sobre 1,45 kg).

Tamaño relativo
El tamaño del cerebro está determinado por el tamaño del cuerpo; al aumentar una vez el peso del cuerpo, el peso del cerebro aumenta aproximada mente 0,7 veces (nadie sabe por qué 0,7). A esto se le llama alometría negativa del cerebro.

Los animales pequeños, por tanto, tienen en términos absolutos pequeños cerebros, pero grandes en relación al peso de su cuerpo; los animales muy grandes tienen cerebros muy pequeños en relación a sus cuerpos. Las musarañas tienen cerebros que llegan a ocupar el 10% del peso total de su cuerpo, mientras que en la ballena azul, el mayor animal viviente, el cerebro constituye sólo el 0,01% de la masa corporal total. (…) El hombre estaría en el grupo superior en lo tocante a su peso cerebral relativo, con un volumen del 2% del volumen total del cuerpo. Pero no está solo en la cima, como a menudo se afirma. El hombre comparte esta “pole position” con algunos muy pequeños monos, murciélagos, musarañas y pájaros poseedores un cerebro igualmente grande -y en ocasiones mucho más grande-, relativo a su tamaño o masa corporal. Esto no es ningún portento, porque los animales diminutos, como se ha dicho, tienen un cerebro relativamente mayor que los grandes.

Lo que es inusual en el cerebro humano es

el hecho de que es, respecto al tamaño absoluto del cuerpo humano, extraordinariamente grande. Es posible calcular si el peso relativo de un cerebro de mamífero se sitúa por encima o por debajo de la media, y cuánto se desvía de ésta. Si la relación en un gato, el cual representa un valor medio, se establece arbitrariamente en 1, entonces los humanos tenemos un tamaño cerebral relativo que es entre 7 y 8 veces mayor que la media mamiferiana. Esto, sin embargo, no nos hace únicos, ya que algunos delfines tienen un cerebro que es aún entre 5 y 6 veces mayor que la media.

En un gráfico puede observarse que las musarañas, algunos ratones, ratas, ardillas, perros, gatos, caballos y elefantes africanos se sitúan sobre la media. Los murciélagos, cerdos, la ballena azul y el cachalote, entre otros, están por debajo. “Podemos sentirnos todavía orgullosos de nuestro cerebro, si tuviéramos una respuesta a la pregunta sobre qué significa tener un cerebro relativamente grande en primer lugar“. Después de todo, las musarañas aún no han salido en las noticias a causa de su inteligencia”

Circunvoluciones y tamaño del neocórtex

Otro argumento común sostiene que lo que importa no es el tamaño relativo o absouto, sino el tamaño del córtex y el número de sus circunvoluciones. Los humanos estamos, de hecho, particularmente orgullosos de nuestro grande y bien circunvolucionado neocórtex, y existe una suposición muy extendida según la cual el tamaño del córtex humano y sus circunvoluciones son únicos. Esto, también, es un error. Las ballenas, delfines, y también los elefantes tienen un neocórtex mucho mayor con muchas más circunvoluciones que nuestro cerebro. Si estudiamos con más detenimiento el asunto, se hace patente que el tamaño del córtex no está, como muchos creen, determinado por algún extremo factor de selección para la inteligencia, sino por el simple tamaño cerebral: los cerebros grandes tienen grandes córtex que se h acen abovedados simplemente por razones “arquitectónicas”. Por tanto las ballenas, delfines y elefantes tienen un córtex mucho mayor y más circonvolucionado que nosotros.

Es otra mera alometría. “Cerebros grandes implican también cerebros frontales grandes. Esto es tan interesante porque el cerebro frontal, el córtex prefrontal, es comúnmente considerado la sede de la inteligencia, la personalidad y la capacidad de planificar acciones. Pero el cerebro frontal humano es sólo tan grande en relación al peso corporal y respecto al tamaño cerebral total, como es usual entre los primates“.

Número de neuronas
Lo que debería ser importante para la inteligencia es el número absoluto de células nerviosas en el cerebro; tener más células significa potencial para más grandes y complejas redes neuronales. La densidad de células nerviosas en el cerebro de los delfines es sorprendentemente pequeña (alrededor de 1/4 de lo normal) y su córtex es muy delgado y simple. Los delfines, en total, tienen tantas neuronas como los chimpancés, lo que encaja bien con su inteligencia. “Queda aún la cuestión sobre la capacidad del cerebro de 4 kg de los elefantes. Los pocos datos existentes muestran que los elefantes poseen un córtex relativamente grueso. Incluso aunque la densidad de células parece ser un poco inferior a la de los humanos, un elefante debe tener tantas neuronas en su córtex gigantesco como un humano, a saber, entre 10 mil millones y un billón. Aparte de su proverbial memoria no se conoce nada excepcional sobre la inteligencia de los elefantes.

Número de conexiones nerviosas
¿Y qué ocurre con el número de sinapsis por neurona? varía entre 100 y 100.000 dentro de un mismo cerebro. Los cerebros pequeños tienen más sinapsis por célula nerviosa que los grandes. Acerca del incremento en tamaño cerebral durante la evolución humana:

“Este fuerte crecimiento filogenético del cerebro en humanos, que ha afectado a casi todas las partes del cerebro es probablemente el resultado de un accidente genético** y no puede ser por el momento conectado sin ambigüedades a presiones selectivas externas, aún cuando se especula mucho sobre ello. Una hipótesis muy debatida es que el hombre es un chimpancé paedomórfico. Los chimpancés jóvenes son mucho más parecidos a los humanos que los animales adultos. Entre otras cosas, tienen un cerebro relativamente mucho mayor y son más capaces de aprender que sus conespecíficos adultos”

David marjarovik

___________
* Gerhard Roth: Kleine Gehirne — große Gehirne. Evolutionäre Aspekte und funktionelle Konsequenzen (Small brains — big brains. Evolutionary aspects and functional consequences), Naturwissenschaftliche Rundschau 52, p. 213 — 219, 6/1999.

**No sé a qué se refiere el autor con “accidente genético”. Supongo que no pensará en un único acontecimiento accidental, porque el aumento del cerebro en los homínidos ha sido un proceso lento y escalonado. El autor muestra su preferencia por las explicaciones no adaptacionistas, aunque no argumenta esta preferencia, al menos en los párrafos citados.

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26 del 9 de 2001; 01:49 AM - Ciencia

¿Realmente descendemos del mono?

gorilaUna falsa duda divulgada sin mala intención.

Frecuentemente leemos en los libros o revistas de divulgación que no descendemos de los monos, sino que tenemos un antepasado común con ellos. A veces, incluso, se afirma que la idea de “descender del mono” es una vieja patraña. (Por ejemplo, James Trefil (1992), en “1001 cosas que todo el mundo debería saber sobre ciencia” RBA editores).

¿Quién es “el mono”?

En primer lugar, es necesario decir que “mono” no es un término taxonómicamente válido, es decir, no es una palabra científicamente admitida para designar a un grupo concreto de animales. El significado popular de la palabra “mono” tampoco está claramente delimitado; según la enciclopedia Larousse sirve para designar a los miembros del orden zoológico al que pertenecemos, es decir, Primates, pero según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, sólo se refiere al “suborden de los simios”. Estoy más de acuerdo con el DRAE que con la Larousse, pues pienso que hay muchos primates que nadie calificaría como “monos”; me refiero al enigmático tarsero y a los prosimios, es decir, a los lemures, con su “cara de perro”, a los loris, a los gálagos, al extraño aye-aye, etc.

Concretando: pienso que en general, cuando decimos popularmente “mono”, nos referimos a los miembros del suborden Anthropoidea exceptuando al hombre. Esto incluye al infraorden Platyrrhine (platirrinos o “monos del nuevo mundo”, es decir, todos los monos americanos), y al infraorden Catarrhine, los catarrinos, que incluye las familias Cercopithecoidea (papiones, mandriles, macacos, colobos, etc.) y Hominoidea (gibón, chimpancé, gorila, orangután y hombre), exceptuando al hombre. (He seguido a Benton, 1991. Paleontología y Evolución. Ed. perfils). Quizá habría que excluir también a los hombres-mono, es decir, a los australopitecos.

(Si algún lector no está de acuerdo con excluir a los prosimios del significado de la palabra “mono”, da lo mismo. Quiero decir que no afecta en absoluto a la argumentación posterior.)

¿Qué es “descender del mono”?

Cuando alguien dice que descendemos del mono solo puedo entender lo siguiente: descendemos de animales pertenecientes al grupo de los monos. Muchas personas inmediatamente se hacen la siguiente pregunta: ¿Por qué entonces no todos los monos se han convertido en humanos?. Hay múltiples respuestas posibles, pero no nos metamos en ellas. Usemos tan solo la lógica y un símil adecuado: Digamos sencillamente que la familia McFlaherty, estadounidense, desciende de irlandeses, sin que esto signifique que todos los irlandeses se hayan convertido en la familia McFlaherty. En biología evolutiva nada obliga a todos los miembros de un grupo a transformarse en lo mismo. De hecho, tal situación sería muy extraña.

Bien, la evidencia procedente de la paleontología, la anatomía comparada, la embriología, y la genética molecular, coincide en un hecho: el hombre desciende de animales que pertencieron al grupo de los monos y habrían sido clasificados como tales. Es decir, que entre nuestros antepasados hubo auténticos monos. Tanto si con “monos” nos referimos a los simios antropoides, como si nos referimos a todos los primates, se cumple que descendemos de monos.

un mono

Antepasados comunes: una obviedad

Volvamos ahora al principio: “no descendemos de los monos, sino que tenemos un antepasado común con ellos“. Considero errónea esta frase. En primer lugar, decir que tenemos un antepasado común con los monos no es decir gran cosa, pues tenemos un antepasado común con cualquier ser viviente, sea bacteria, elefante, margarita o champiñón (Esta es una de las más bellas ideas ciertas que ha concebido el hombre, concretamente Charles Darwin). En segundo lugar, el antepasado común entre todos los monos actuales y el hombre era un auténtico mono, luego los dos enunciados, “descendemos de los monos” y “tenemos un antepasado común con los monos” no son contradictorios, ni siquiera uno es más correcto que el otro, como da a entender la frase.

También había monos antiguamente

¿Por qué se divulga entonces esa frase? Parece que las intenciones eran buenas: intenta aclarar que nuestro antepasados simiescos no son monos actuales, sino formas fósiles. Lo que nos quieren decir quienes emplean esta frase es que el hombre no desciende del chimpancé, ni del gorila, ni del mono aullador, ni del macaco japonés, sino de primates que ya no existen como tales. Sin embargo, esta idea se ha plasmado de forma muy poco afortunada.

Los primates existen desde el paleoceno (65-57 millones de años) y los monos existen desde el oligoceno (34-23 millones de años). Todos los antepasados del hombre que vivieron entre esa época y la de la aparición de los primeros australopitecos, eran monos. Tenían aspecto de mono y comportamiento de mono (si es que es posible tal generalización). Cualquier persona que tuviera el privilegio de verlos, se referiría a ellos, sin vacilar, como “monos”. Descendemos de monos, monos antiguos, pero monos sin lugar a dudas.

Hombre y chimpancé

El análisis filogenético muestra que el antepasado común entre cualquier mono actual y nosotros era otro mono. Pero centrémonos en nuestros parientes más cercanos. Tanto la anatomía comparada como las técnicas moleculares revelan que el animal más estrechamente emparentado con nosotros es el chimpancé. Se calcula que el antepasado común vivió hace entre 7 y 5 millones de años, y posteriormente su linaje se dividió en dos: el de los chimpancés y el de los homínidos (primates bípedos: Australopithecus, Paranthropus, Homo). Si pusiéramos a los homínidos en orden de antigüedad, podríamos ver que los más antiguos son los que más se parecen al chimpancé, particularmente en el cráneo, manos y tórax. Esto no significa que descendamos del chimpancé, sino que el antepasado común entre hombres y chimpancés era muy parecido a este último. Al menos, era mucho más parecido al chimpancé que al hombre (con toda seguridad no andaba de pie, no hablaba, etc.). Se deduce de esto que, aparentemente, el chimpancé ha evolucionado (cambiado) morfológicamente y comportamentalmente en menor medida que que el hombre. Por otro lado, si el chimpancé es un mono, nuestro antepasado de hace 7-5 millones de años no lo era menos. Es decir, que descendemos de un mono muy parecido al chimpancé. Ni Darwin se equivocó esta vez, ni los temores de sus enfadados críticos eran infundados.

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22 del 9 de 2001; 07:40 AM - Pensamiento crítico

Nuevo libro-basura sobre evolución

No lo busquéis en lo que sería su lugar: la inmensa sección de esoterismo y paraciencias de las librerías. Este lamentable libro ha logrado disfrazarse para aparecer al lado de la mejor divulgación científica. En él se afirma, por ejemplo, que nuestra especie existe desde hace cientos de millones de años, conviviendo con los dinosaurios como en los dibujos animados de los Picapiedra, y que el hombre de neandertal y otros homínidos sobreviven entre nosotros. Todo esto, por supuesto, es ocultado o ignorado por los paleoantropólogos de la “ciencia oficial”. El autor de esta colección de disparates es Bruno Cardeñosa, un profesional del sector misterioso (Más Allá, Karma 7…)

Según Luis Alfonso Gámez:

‘El código secreto’ es un libro que ataca a la ciencia, pero que, al mismo tiempo, se sirve de ella para intentar disfrazar su mensaje hostil de inocente y bienintencionada heterodoxia. Cardeñosa mezcla
indiscriminadamente información científica muchas veces, erróneamente interpretada con otra procedente de fuentes pseudocientíficas. A ojos
del lector, coloca a la misma altura la posibilidad de que el hombre conviviera con los dinosaurios que los hallazgos de Olduvai, a Lucy que al Yeti. Otorga, a charlatanes como Erich von Däniken, Peter Kolosimo, Jacques Bergier y Zecharia Sitchin, la misma o más credibilidad que a científicos como Glen Kuban, Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Todos ellos, sin distinción, son investigadores. Así, abundan ejemplos de ‘travestismo intelectual’ como el del ufólogo francés Aimé Michel, reconvertido en el mucho más digno de crédito “antropólogo galo Aimé Michel”, y hasta el más delirante charlatán ibérico se transmuta en ‘investigador’. A la hora de elaborar el libro, Cardeñosa ha seguido esa misma línea y se ha nutrido, a partes iguales, de literatura pseudocientífica y de auténtica divulgación. De
los 67 libros que cita y recomienda en la bibliografía, más de una treintena corresponde a ufólogos y a quienes propugnan que la Tierra fue
visitada en el pasado por extraterrestres que enseñaron a nuestros torpes ancestros a hacer maravillas: títulos como ‘Astronaves en la
Prehistoria’, de Kolosimo, y ‘Los extraterrestres en la historia’, de Bergier, se recomiendan junto a ‘El origen de las especies’, de Charles Darwin, y ‘La especie elegida’, de Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez.
Y, en lo que se refiere a las revistas, equipara, por ejemplo, las demenciales ‘Año Cero’ y ‘Enigmas’ con ‘Nature’, ‘Science’ e ‘Investigación y Ciencia’. Es una manera como otra cualquiera de sembrar
la confusión, de minar la capacidad crítica del lector poco informado, que, desorientado, concederá el mismo crédito a todas las fuentes y autores citados. Un juego sucio que no sólo practica, sino del que también se beneficia personalmente el propio Cardeñosa.

Extracto del artículo Un feriante en la corte de Lucy, publicado por Luis Alfonso Gámez en El Escéptico Digital

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22 del 9 de 2001; 07:38 AM - Pensamiento crítico

La CIA hace vudú

Martin Gardner:

“El interés por los fenómenos psíquicos y otras tonterías de la Nueva Era han formado siempre parte del circo interior del poder. En el Pentágono, la CIA y el FBI hay gente que apoya con energía la financiación de estudios psíquicos. Tanto el Ejército como la Armada [de EEUU] han patrocinado investigaciones de este tipo, que cuestan a los contribuyentes millones de dólares. Por lo general, estos trabajos han sido alto secreto, con nombres en clave que ocultan la naturaleza de las investigaciones. En parte, el secreto se debe al miedo al ridículo y a las críticas de los escépticos, y sobre todo de los fundamentalistas cristianos, que sospechan que estas agencias están aliadas con Satanás.”
“En 1884, el Instituto de Investigación del Ejército, temiendo que los soviéticos llevaran décadas de adelanto sobre EEUU en investigación paranormal, financió una investigación de la Academia Nacional de Ciencias. Se puso al psicólogo Ray Hyman al frente de una subcomisión encargada de informar sobre la situación de la parapsicología. El estudio llegó a la conclusión de que no hay ninguna evidencia sólida de la existencia de fenómenos psíquicos. La Academia consideró que algunas de las investigaciones psíquicas realizadas por funcionarios de la CIA resultaban difíciles de creer. La CIA había intentado entrenar a psíquicos para que miraran fotografías de vehículos soviéticos y dijeran qué ocurría en el interior. ¡Los funcionarios consideraron en serio la técnica de pinchar neumáticos clavando alfileres en las fotografías!”


Martin Gardner. ¿Tenían ombligo Adán y Eva? La falsedad de la pseudociencia al descubierto. Ed. Debate.
(Libro recomendado por Homo webensis).

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1 del 9 de 2001; 07:43 AM - Pensamiento crítico

Clasificación de crédulos

Por Juan Antonio:

Categoría 1: Esotéricos, estos creen en los extraterrestres y son capaces de razonar por que creen (en fin, cosas como que puede ser, que dios pudo poner a mas seres, cuestión de probabilidades etc)

Categoría 2
: Magufos, creen en extraterrestres por esta razón ¿quien manejaría los ovnis si no?

Categoría 3: Telúricos, creen en extraterrestres por que los domingos hacen un picnic con habitantes de Ganímedes.

Categoría 4: Esohistericos, creen por que ELLOS son extraterrestres.

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1 del 9 de 2001; 07:41 AM - Pensamiento crítico

Otro conflicto más entre ciencia y religión

Richard Dawkins:

El hombre de Kennewick es un esqueleto descubierto en el estado de Washington en 1996 y cuya edad, estimada por el método del carbono radiactivo, es de más de 9000 años. Los antropólogos estaban intrigados por ciertos rasgos anatómicos que indicaban que podía no estar relacionado con los amerindios típicos, y por lo tanto podía representar una migración antigua y distinta a través de lo que ahora es el estrecho de Bering, o incluso desde Islandia. Cuando se disponían a realizar pruebas de ADN de suma importancia, las autoridades legales se apropiaron del esqueleto con pretensión de cederlo a representantes de las tribus indias locales, que propusieron enterrarlo e impedir cualquier estudio ulterior. (…)
Los nativos norteamericanos tienen una fuerza legal impresionante, y “El Antiguo” podría haber sido cedido a las tribus locales de no ser por un giro inesperado. La Asamblea popular Asatru, un grupo de adoradores de los dioses escandinavos Tor y Odín, interpuso una reclamación legal afirmando que el Hombre de Kennewick era en realidad un vikingo. Esta secta nórdica (…) obtuvo el permiso de las autoridades para realizar una ceremonia religiosa sobre los huesos. Pero esto enfadó a la comunidad Yakama, cuyo portavoz temía que el rito vikingo pudiera “impedir que el espíritu del Hombre de Kennewick encontrara su cuerpo”. (…) El estudio científico de estos restos arrojaría una luz fascinante subre la cuestión de los primeros pobladores de América. Pero los cabecillas indios rechazan la misma idea de investigar esta cuestión (…). Como dice Armand Minthorn, líder religioso de la tribu Umatilla: “por nuestras tradiciones orales sabemos que nuestro pueblo ha formado parte de esta tierra desde el principio de los tiempos. No creemos que nuestro pueblo migrara aquí desde otro continente, como afirman los científicos”.

Quizá la mejor política para los arqueólogos sería que se declararan una religión y convirtieran la prueba del ADN en su tótem sacramental. Por chistoso que parezca, éste es posiblemente el único recurso que funcionaría en el clima estadounidense de finales del siglo XX.

Richard Dawkins. Destejiendo el arco iris. Ciencia, ilusión y el deseo de asombro. Ed. Metatemas (Libro recomendado por Homo webensis)

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