1 del 11 de 2001; 07:36 AM - Pensamiento crítico
Escepticismo en Harry Potter
¿Puede ser escéptico un megabestseller que trata de un niño estudiante de magia en un colegio repleto de encantamientos? En esta parte magnífica, Hermione, la niña-bruja más empollona e inteligente del colegio se enfrenta con la profesora magufa:
“He decidido que empecemos por la bola de cristal algo antes de lo planeado -dijo la profesora Trelawney, sentándose de espaldas al fuego y mirando alrededor-. Los hados me han informado de que en vuestro examen de junio saldrá la bola, y quiero que recibáis suficientes clases prácticas.
Hermione dio un bufido.
-Bueno, de verdad… los hados le han informado… ¿Quién pone el examen? ¡Ella! ¡Qué predicción tan asombrosa! -dijo, sin preocuparse de bajar la voz.
Era difícil saber si la profesora Trelawney los había oído, ya que su rostro estaba oculto entre las sombras. Sin embargo, prosiguió como si no se hubiera enterado de nada.
-Mirar la bola de cristal es un arte muy sutil -explicó en tono soñador-. No espero que ninguno vea nada en la bola la primera vez que mire en sus infinitas profundidades. Comenzaremos practicando la relajación de la conciencia y de los ojos externo -Ron empezó a reírse de forma incontrolada y tuvo que meterse el puño en la boca para ahogar el ruido-, con el fin de liberar el ojo interior y la superconciencia. Tal vez, si tenéis suerte, algunos lleguéis a ver algo antes de que acabe la clase.
Y entonces comenzaron. Harry, por lo menos, se sentía muy tonto mirando la bola de cristal sin comprender, intentando vaciar la mente de pensamientos que continuamente pasaban por ella, por ejemplo “qué idiotez”.
No facilitaba las cosas el que Ron prorrumpiera continuamente en risitas mudas ni que Hermione chascara la lengua sin parar, en señal de censura.
-¿Habéis visto y algo? -Les preguntó Harry después de mirar la bola en silencio durante un cuarto de hora.
-Sí, aquí hay una quemadura -dijo Ron, señalando la mesa con el dedo-. A alguien se le ha caído la cera de la vela.
-Esto es una horrible pérdida de tiempo -dijo Hermione entre dientes-. En estos momentos podría estar practicando algo útil. Podría ponerme al día en encantamientos estimulantes.
Acompañada por el susurro de la falda, la profesora Trelawney pasó por su lado.
-¿Alguien quiere que le ayude a interpretar los oscuros augurios de labola mágica? -susurró con una voz que se elevaba por encima del tintineo de sus pulseras.
-Yo no necesito ayuda -susurró Ron-. Es obvio lo que esto quiere decir: que esta noche habrá mucha niebla.
Harry y Hermione estallaron en una carcajada.
-¡Venga! -les llamó la atención la profesora Trelawney, al mismo tiempo que todo el mundo se volvía hacia ellos. Parvati y Lavender los miraban escandalizadas-. Estáis perjudicando nuestras vibraciones clarividentes.-Se aproximó a la mesa de los tres amigos y observó su bola de cristal.(…)
-Muchacho… -La profesora Trelawney suspiró mirando a Harry-. Está aquí, más claro que el agua. Sí, mi querido muchacho… está aquí acechándose, aproximándose… el Gr…
-¡Por Dios santo! -exclamó Hermione- ¿Otra vez ese ridículo Grim?
La profesora Trelawney levantó sus grandes ojos hasta la cara de Hermione (…)
-Siento decirte que desde el momento en que llegaste a esta clase ha resultado evidente que careces de lo que requiere el noble arte de la
adivinación. En realidad, no recuerdo haber tenido nunca un alumno cuya mente fuera tan incorregiblemente vulgar.
Hubo un momento de silencio.
-Bien -dijo de repente Hermione, levantándose y metiendo en su mochila su ejemplar de Disipar las nieblas del Futuro-. Bien -repitió, echándose la mochila al hombro y casi derribando a Ron de la silla-, abandono. ¡Me voy!
Harry Potter y el prisionero de Azkaban. J. K. Rowling. Ed. Salamandra












