2 del 8 de 2002; 06:33 AM - Pensamiento crítico
Taller new age
Michel Houellebecq*
“Para celebrar nuestra presencia”, empezó la monitora, “para saludar a la Tierra y las cinco direcciones, vamos a comenzar el taller con un movimiento de hatha-yoga que se llama saludo al sol.” Siguió la descripción de una postura incomprensible; la borracha de al lado eructó por primera vez. “Estás cansada, Jacqueline…” dijo la monitora; “No hagas el ejercicio si no lo sientes. Túmbate; el grupo hará lo mismo después.”
Hubo que tumbarse, sí, mientras la profesora kármica recitaba un discurso calmante y vacío (…). Tumbado en el mugriento tatami, a Bruno le castañeteaban los dientes de irritación; la borracha eructaba cada dos por tres. Entre eructo y eructo espiraba con grandes “Aaaaaaaah” para materializar su estado de relajación. La colgada kármica seguía con su numerito, recordando las fuerzas telúricas que irradian el vientre y el sexo. Después de recorrer los cuatro elementos, satisfecha de su actuación, concluyó con estas frases: “Ahora habéis atravesado la barrera de la mente racional; habéis establecido contacto con vuestros niveles más profundos. Os pido que os abráis al espacio ilimitado de la creación.”. ¡Pelo de cojón!, pensó Bruno con rabia, levantándose con esfuerzo. Entonces vino la secuencia de escritura, seguida de una presentación general y una lectura de textos. En aquel taller sólo había una tía pasable: una pelirroja en vaqueros y camiseta, no muy mal hecha, que se llamaba Emma y era la autora de un poema completamente estúpido que hablaba de corderos lunares. En general todos rebosaban gratitud y alegría por el contacto recuperado, o sea, con nuestra madre Tierra y nuestro padre Sol. Llegó el turno a Bruno. Con voz lúgubre, leyó su breve texto:
Los taxis son unos cabrones
no se paran aunque uno reviente
“Sientes eso”, dijo la monitora, “porque no te has librado de tus malas energías”. Te siento lleno de niveles profundos. Podemos ayudarte, aquí y ahora. Vamos a levantarnos y a centrarnos otra vez en el grupo.”
*de la novela de Michel Houellebecq
Las Partículas Elementales. Editorial Anagrama.












