27 del 9 de 2001; 01:42 AM - Pensamiento crítico - Ciencia
Sí a los productos transgénicos

Por qué estoy en contra de las campañas por la prohibición.
Alarmismo injustificado, poco rigor científico y motivos pseudoéticos caracterizan a las campañas que exigen la prohibición total.
Joaquin Araújo, quizá el más famoso divulgador español del ecologismo, publicaba hace tiempo en el diario El País una columna acerca de los productos obtenidos de organismos transgénicos. “Cierto es que la biotecnología, podría alcanzar sanos y hasta muy constructivos objetivos. Además es legítima como incremento de nuestro saber”, escribía. Tras esta razonable frase, Araújo expone sus, en cierto modo, también razonables temores sobre los posibles riesgos de algunos productos de este tipo. Pero, sorprendentemente, leemos al final del artículo lo siguiente:
“aunque no hubiera secuela perniciosa para la salud de los humanos, ni para el derredor espontáneo, ni para la independencia de los países en espera de un mínimo bienestar, la suspensión de cualquier forma de libre circulación de los alimentos o seres transgénicos sería oportuna”.
Pocas veces puede uno encontrar una exposición tan clara y sincera de una convicción pseudoética (denomino así a la calificación de algo como “malo” (o “bueno”) aún cuando no existe ningún motivo racional para ello). He preguntado a algunos ecologistas (si bien pocos aún) si conciben la posibilidad de crear organismos transgénicos inofensivos o incluso beneficiosos para el medio ambiente, la salud, o la economía de los países pobres. Ninguno quiso contestarme a esta sencilla cuestión, posiblemente por miedo a caer en una trampa argumental. Pero Joaquin Araújo es pasmosamente sincero: admite la posibilidad de que puedan producirse transgénicos neutros o beneficiosos… pero, contra toda lógica, aboga por la prohibición de éstos transgénicos también. Es decir: aunque no sean malos, son malos.
Que no se malinterprete lo anterior. No estoy defendiendo que todos los productos transgénicos sean inofensivos. Simplemente afirmo que es muy posible que algunos sean más que beneficiosos. Cada producto transgénico es “un mundo”; no es posible generalizar, y este es uno de las más graves inconsistencias de las campañas anti-transgénicos. Mientras que una planta transgénica que sintetiza insecticidas podría tener un impacto ambiental negativo (o podría no tenerlo), una vaca que segrega insulina humana en su leche jamás se extenderá por el mundo causando estragos en los ecosistemas. Tampoco una planta de tabaco luminiscente tiene por qué crecer descontroladamente y dominar el mundo vegetal ¿en qué cabeza puede caber eso?. Mientras que una bacteria transgénica capaz de “comerse” el petróleo de las mareas negras podría alterar negativamente la cadena trófica marina, otra bacteria diferente, creada para los mismos fines higiénicos, podría no afectar en absoluto al plancton y cumplir su tarea de forma inocua. La pretensión de prohibir todos los productos transgénicos no tiene ningún sentido. Es como querer destruir todos los medicamentos solo porque algunos de ellos pueden implicar riesgos conocidos o desconocidos.
Determinados alimentos transgénicos podrían producir alergias a personas sensibles. Exijamos un riguroso control previo a la comercialización para evitar estos casos, y exijamos también una advertencia en la etiqueta del producto. Por ejemplo : “Este tomate contiene una proteína de salmón que puede causar molestias a las personas alérgicas al pescado”.
Algunos cultivos transgénicos pueden tener claras ventajas selectivas sobre el resto de las variedades domésticas o salvajes, y extenderse libremente, extinguiendo al resto y causando una pérdida de biodiversidad. Condenemos firmemente estos casos, cuando haya motivos racionales y científicos para hacerlo.
Algunas compañías pueden aprovechar la circunstancia de que cultivan variedades resistentes a un determinado pesticida y abusar de dicho producto. Denunciemos a estas empresas por contaminar el medio ambiente. Lo perjudicial, en este caso, es contaminar, no cultivar una planta transgénica.
El catastrofismo y la apelación al miedo a lo desconocido quizá sean dos de los principales motivos de rechazo a algunas pretensiones ecologistas por parte de un buen porcentaje de la comunidad científica y de las personas con una visión del mundo, digamos, racionalista, entre las cuales me incluyo. Otro factor importante quizá sea la sensación de que estas campañas adolecen de cierta escasez de rigor científico. La mayoría de los biotecnólogos y genetistas se echan las manos a la cabeza cuando leen la parte referida a “riesgos” en estos textos. De poco sirve decir que los productos transgénicos son los más controlados que existen en el mercado, infinitamente más que cualquier variedad no transgénica, pero obtenida por hibridación y/o selección artificial. Por muy inofensivo que parezca un transgénico a la luz de las decenas de estudios y controles obligatorios previos a su utilización, los ecologistas radicales no quedarán contentos. No quieren control ni prevención, sino prohibición.
En las campañas contra los productos transgénicos encontramos muestras de alarmismo exagerado como las que siguen (fuente: AEDENAT):
“La liberación de organismos vivos «diseñados» en el laboratorio mediante ingeniería genética constituye actualmente un peligro para la estabilidad ecológica del planeta de magnitudes comparables a la amenaza nuclear.”
“La liberación a gran escala de tales «absurdos» puede tener unas repercusiones en gran medida imprevisibles, y potencialmente desastrosas para el mantenimiento de la estabilidad ecológica del planeta.”
“Con todo ello, la ingeniería genética estaría creando verdaderas «autopistas» a través de las cuales se podrían propagar nuevas enfermedades, con efectos inimaginables.”
Inimaginable, imprevisible, impredecible, desconocido, inesperado, incalculable, etc. es quizá el tipo de adjetivo que más abunda en estas campañas. Con este tipo de estrategias quizá el ecologismo consiga el apoyo de la gente más ignorante en asuntos científicos (de hecho, ya lo están obteniendo). Para muchos de los que tenemos la suerte de haber recibido una cierta formación científica y haber desarrollado una mentalidad racionalista, los argumentos que apelan al miedo a lo desconocido nos resultan moralmente inaceptables. Es necesario, además, rigor científico, distinción entre casos, no generalización, denunciar el uso perjudicial de un producto, no al producto en sí. Yo, al menos, exijo el derecho de toda persona a beneficiarse de los posibles avances que nos brinde la ingeniería genética y la biotecnología.
No al uso indebido de los productos transgénicos. Sí al riguroso control. No a la prohibición total. Como dice una amiga mía, dejemos los dogmatismos para el Papa.
Y, por supuesto, sí a los grupos ecologistas. Qué sería del mundo sin ellos. Pero, como todo, pueden mejorar.













Febrero 11th, 2005 a las 4:18 am
Leí con atención tu artículo y lo encontré muy interesante (gracias)… ahora, voy a compartir mi posición con respecto al tema.
Personalmente estoy en contra de los transgénicos por tres razones:
*la primera es de tipo técnico: hasta donde sé no considero seguro el proceso mismo de diseño del transgénico. Veré qué sucede en el futuro, la ciencia cambia día a día y con ella las técnicas y tecnologías disponibles.
*la segunda es ideológica: sostengo que los humanos no tenemos el derecho a manipular la información genética de otras especies. Prefiero correrme del lugar de “reina de la creación” (ya la palabra “creación” me produce algo de urticaria).
* la tercera es política: las empresas relacionadas con la biotecnología funcionan según la lógica neoliberal que nada tiene que ver con la búsqueda del bienestar de las personas y comunidades. Todavía no tengo claro, en realidad no puedo imaginar si bajo otro sistema se seguirían produciendo transgénicos. Lo que sé es que bajo este sistema, la industria de la biotecnología pone en riesgo la biodiversidad de diversos ecosistemas, además de alterar las prácticas de cultivo de pueblos que tienen el derecho de elegir qué tipo de economía tendrán. Además de manipular a los consumidores (yo quiero saber qué como, quiero elegir, equivocarme yo solita)
Analizar “trangénicos” requiere varios niveles de discusión, y necesita que se escuche la voz de todos, con un espíritu (con el perdón de la palabra) constructivista. Yo misma cada tanto necesito rever mi posición a la luz de nuevas informaciones y también a la luz de nuevos puntos de vista que voy adquiriendo a lo largo de la vida.
Un abrazo
Andrea
Bs As - Argentina
Febrero 13th, 2005 a las 3:18 pm
Para Andrea, por si no la sabe, decirle que en esta página también hay otro hilo de transgénicos:
http://www.homowebensis.com/archivos/mentiras-antitransgnicas-el-alrgico-caso-de-la-nuez-de-brasil/
Decirte que estoy de acuerdo con la parte política de tu oposición a los transgenes: hasta ahora, creo que sobre todo hay detrás una cosa: INTERESES ECONÓMICOS, con lo que nada bueno espero. Los ricos serán los de siempre: USA, Europa y Japón. A lo demás, que nos den…
Por otra parte, creo que este siglo es el de la genética, así que, pese a quien pese, el avance de los transgenes y demás es imparable (como los penalties de Camacho en los anuncios). Vamos a ver qué pasa. Yo, como otros tantos, soy muy miedoso al respecto. Me uno al club de los miedosos. Pero bien es cierto, que el mundo no progresaría si tuviese que contemplar nuestros miedos y recelos. Así que nada… habrá que abogar por el estudio minucioso de cada transgen, claro. Pero sigo pensando una cosa. Un ejemplo: ¿la energía nuclear es buena o mala? Hay opiniones para todo. Pero si ahora pregunto: ¿la energía nuclear, si hubiera estado en manos de Hitler, es buena o mala? Creo que casi toda la buena gente sentiría algo de recelo. Pues bien: la investigación transgéncia, hoy por hoy, está en manos de Hitler, es decir, en manos de grandes corporaciones económicas que sólo buscan su propio lucro. Me repito como el ajo: ECONOMÍA, ECONOMÍA, ECONOMÍA. Así que, como esos ecologistas que mentaba Ernesto, yo tengo miedo, recelo, mucho miedo. En fin… estoy a favor pero en contra, ya que todo es relativo…
Igual hay más, no sé.
Febrero 15th, 2005 a las 6:26 am
*A la primera: ¿por qué el proceso de creación de variedades transgénicas es menos seguro que los procesos de selección e hibridación por los que se han obtenido casi todas las variedades de alimentos que consumimos?
*A la segunda: ¿Tenemos los humanos derecho a manipular la información genética de otras especies por selección e hibridación, como se ha venido haciendo desde el neolítico para obtener el trigo, los tomates o las gallinas que comemos actualmente y que antes no existían?
* A la tercera: ¿Qué tiene que ver la lógica de las empresas? Esa misma crítica se podría hacer a los que producen y comercializan patatas (transgénicas o no), ropa interior o servicios telefónicos y de acceso a Internet. ¿Estás por ello en contra de los tomates, la ropa interior, la telefonía o Internet?
Abril 25th, 2005 a las 10:30 am
¿Qué tiene que ver la lógica de las empresas? Pues todo. Por supuesto que no es algo exclusivo de los transgénicos, pero en cuanto a nuestro debate se refiere, tiene que ver todo. Para empezar, hace muy difícil mantener los términos del debate dentro del ámbito estrictamente científico. Las multinacionales cuentan verdades a medias, y los ecologistas responden haciendo lo mismo. Y como hay muchos intereses de por medio, el debate se radicaliza. La demagogia se hace con el poder. Entonces ocurre algo curioso: como es inevitable -pues ecologista puede proclamarse cualquiera y montar una página web donde mostrar sus ideas, también- pronto empiezan a decirse burradas, fruto de la ignorancia. ¿Que pasa entonces? pues que muchas personas con capacidad crítica (como nuestro webmaster ciberernesto) reaccionan con fuerza contra esta proliferacion de sandeces. Lo cual es muy lícito y razonable. El problema es que entonces se tiende a comulgar con los “favorables” no tanto por una meditada y profunda reflexión científica, sino como un acto de aversión de la irracionalidad que muestran muchos de los “críticos”. Pero no todos los críticos son descerebrados, como no todos los favorables trabajan para Monsanto, lo que pasa es que los que no dicen burradas y hablan más bajito y de una manera más rigurosa, pasan desapercibidos.
Y es que por fortuna o por desgracia, hoy por hoy, la Biología es una disciplina eminentemente fenomenológica, es decir, constituida sobre todo por una ingente cantidad de hechos conocidos más que por un sólido marco teórico matemático, como pasa con el caso de su hermana mayor, la Física. Esto es algo que los biotecnólogos pasan por alto con mucha frecuencia. Y es precisamente este “olvido” el que suscita las suspicacias de muchos científicos e intelectuales bien informados. Porque la Ingeniería Genética tiene muy poco de ingeniería y mucho de cocina. Los biotecnólogos ignoran a priori donde se van a insertar sus transgenes, así cómo cual es el funcionamiento que su gen de interés va a tener en un nuevo contexto genético. La genética molecular hace ya bastantes años que ha desechado el esquema reduccionista de que un gen codifica para determinada proteina, y esta proteina es la única responsable de un determinado carácter. Solo ahora empezamos a comprender que el fenotipo no es sino el resultado de una compleja interacción entre numerosos genes (para una pequeña aproximación no muy técnica a este concepto, véase NIJHOUT “La importancia del contexto en la genética” en la edición de Agosto de 2004 de la revista Investigación y Ciencia). Por eso lo de que esta tecnología es “precisa, segura y predecible” es un cuento. Poco es lo que los Biólogos hoy en día estamos en condiciones de predecir. Nuestro conocimiento es eminentemente fenomenológico. Como ejemplo, los ratones “knock-out” -ratones a los que se les elimina mediante ingeniería genética un gen para estudiar su función- que casi como regla suelen dar resultados inesperados, y muestran claramente como todavía casi no sabemos nada del funcionamiento de los genomas. “Bueno” -uno podría decir- “pero para eso están los técnicos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria, que ya se encargan de comprobar que no se comercialice nada raro”. Eso sería lo lógico, pero el criterio maestro a la hora de hacer la evaluación de riesgos es el de la “equivalencia sustancial”(Directiva EC 258/97 de la UE, a la que se amoldan las leyes nacionales). Este criterio básicamente equipara un producto transgénico a su homólogo no-transgénico si se comprueba que los niveles de una serie de nutrientes no han sufrido variación significativa. ¿Y que pasa con los posibles efectos inesperados? No se buscan, porque al fin y al cabo, la tecnología es “precisa, segura y predecible” (para más información, véase: MILLSTONE et al. (1999): “Beyond’s substantial equivalence”, Nature 401).
En cualquier caso, los riesgos sanitarios no son la principal causa de preocupación de muchas de las voces críticas autorizadas. Si sólo ahora estamos empezando a comprender los rudimentos de cómo funcionan los genomas, qué decir del funcionamiento de los ecosistemas, con cientos de miles de genomas interaccionando unos con otros y, a su vez, con el entorno. ¿Es posible evaluar el impacto del flujo de los transgenes hacia variedades silvestres, así como las posibles repercusiones de los productos de la expresión de los mismos sobre la red de interacciones que supone un ecosistema, tan solo haciendo unas pruebas de campo que no van allá de tres o cuatro generaciones? Animo a quien tenga interés en estas cuestiones a que le eche un vistazo al informe de los investigadores de la Agencia Europea de Medio Ambiente Katie Eastham y Jeremy Sweet titulado “Genetically modified organisms (GMOs): the significance of gene flow through pollen transfer”, que creo que está incluso colgado de la red (debería aparecer sin problemas si lo buscáis en www.scholar.google.com), así como el artículo de James Kling “Agricultural ecology: Could transgenic supercrops one day breed superweeds?”publicado en la revista Science en 1996, donde especula sobre posibilidad de que genes con resistencia a herbicida puedan transferirse a “malas hierbas”, dando lugar a “super-malas hierbas” resistentes a herbicidas. Un buen lugar para leer opiniones criticas y serias on-line (para quien no tenga acceso a una buena hemeroteca científica) es la página de la Union of Concerned Scientist (www.ucsusa.org).
Desgraciadamente, es escandalosamente pobre la literatura científica que se ha publicado sobre estos temas, que no es sino un reflejo del escandalosamente escaso número de investigaciones independientes que se han llevado al respecto. Abundan, eso si, cartas al director y comentarios, pero nada de contraste de hipótesis. Y eso es un motivo de preocupación más que suficiente para cualquier persona racional con cierto sentido crítico.
Y es que el problema fundamental de este asunto es que hay muchos intereses en juego. El debate que debería existir no es tanto científico como sociopolítico. Y si no, ¿alguien me quiere decir a santo de qué la Administración Bush denunció a la UE ante la OMC por poner trabas al libre comercio de transgénicos, cuando la famosa moratoria “de facto” en 1998? (ver, p.ej. RIFKIN “Bush, apóstol de los transgénicos” en The Guardian, 5.06.03)
Un puñado de gigantescas multinacionales agroquímicas busca aumentar la venta de sus productos fitosanitarios mediante la imposición del cultivo de plantas transgénicas (esa es la auténtica intención, los ingresos por venta de semillas son insignificantes comparados con los ingresos por la venta de justo los herbicidas a los que son resistentes el 90% de los cultivos transgénicos plantados en la actualidad). Dentro de lo que cabe, esto es totalmente lícito, tanto como las prácticas de Microsoft o Telefónica. Pero lo no es bajo ninguna circunstancia aceptable es el abuso de poder que este capital privado está ejerciendo desde hace más de una década, que ha debilitado enormemente nuestro sistema democrático, imponiendo criterios de rentabilidad por encima de valores como la salud humana, la libre investigación científica o la seguridad alimentaria del 3º Mundo (para una revisión en profundidad, léase RIECHMANN (2004), “Cultivos y alimentos transgénicos: una guia crítica” Ed. Pensamiento Crítico). Como ejemplo, baste recordar la aprobación en 1997 de un maiz trangénico de Novartis para su comercialización en la UE…con 13 de los 15 Ministros de Medio Ambiente en contra!!! (Decisión 97/99/CEE). O la revelación de que uno de los políticos que con más fervor apoyaron la introducción de productos transgénicos en la UE, Lord Sainsbury -Subsecretario de Ciencia de Tony Blair-, era el propietario de la patente para un gen clave en la manipulación genética de plantas (ver FLYNN “Revealed: Lord Sainsbury´s interest in key gene patent” en The Guardian, 16.2.99)
Concluyendo, el debate sobre las plantas transgénicas no se puede reducir a un simple esquema de científicos contra ecologistas ignorantes. Es algo mucho más complejo y no sólo se trata de una cuestión meramente técnica. Concurren desde los sesgos conscientes o inconscientes de los biotecnólogos (por trabajar directamente para las multinacionales, o bien por haber dedicado muchos años de su vida investigadora a desarrollar esta tecnología), hasta los intereses economicistas de muchos empresarios y políticos. Lo del criterio de “equivalencia sustancial” y la alarmante falta de investigaciones independientes no es casualidad o negligencia de los científicos. En fin, que desgraciadamente la lógica de las empresas aquí lo tiene que ver todo.
Para quien quiera algo de información crítica en castellano y divulgativo, recomiendo estos links
http://www.genaltruista.com/notas2/00000664.htm
http://www.ambiente-ecologico.com/ediciones/071-06-2000/071-miguelaltieri-biotecnologia.html
Un saludo.
Noviembre 28th, 2008 a las 2:05 pm
Desconosco compltamente los efectos negativos que provocan los transgenicos y me relaciono con personas de la zona rural que me piden información refrente al tema y no tengo claridad sobre el tema,como puedo obtener informacion clara y de ser posible ilustrada de estos productos
Gracias