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Gran Magufo

El rincón del magufo

El enemigo también tiene voz en Homo webensis

En pro de la pluralidad, el rincón del magufo ha sido habilitado para proporcionar un espacio de expresión para aquellos que sustentan una ideosincrasia opuesta a la que viene a predominar en Homo webensis (perdonad este horroroso párrafo, es el cansancio y la contaminación causada por lo que viene abajo). Se aceptarán colaboraciones magufas siempre y cuando estén escritas con buena fe y, lo que es casi imposible en el mundo magufil, con un estilo y ortrografía presentables.

 

Genes y Zodiaco: otro genio pasa desapercibido

Colaboración de Porcupine Hedgehog

Quizá el más grande misterio de la astrología, -cómo, al nacer un individuo, puede la disposición de los astros determinar su personalidad y su destino- fue resuelto en el año 1991 por Armando de Carranza, en un modestísimo artículo publicado en una no menos modesta publicación científica (reconozcámoslo: Más Allá de la Ciencia está muy lejos de Nature o Science).

En Los Genes está el Zodiaco. Así se titula este quizá trascendental artículo, publicado en el número 29, un "especial verano" de la mencionada revista científica. La tesis principal está magníficamente resumida en el "abstract": "Todo ser humano posee en el momento de su nacimiento una proporción de genes ‘en blanco’ sobre los cuales marca su impronta la sume de los efluvios de los 12 signos zodiacales, formando un diseño único e irrepetible." Buscando en el texto no hallamos ninguna referencia, ninguna explicación sobre el origen de tan genial solución. Dejando aparte la posibilidad de plagio, que obviamente me apresuro a descartar, debemos deducir, pues, que es el propio Carranza quien la ha elaborado él solito y plasmado con modestia e ilusión.

Pero lejos de centrarse en esta hipótesis, y con todos mis respetos, este autor se va por las ramas y se sube por las lianas con tanta facilidad como el orangután que aparece en una foto del artículo, junto a otra que representa a un químico, con el siguiente comentario: "El Hombre tiene en común con el chimpancé el 99% de los genes, por lo que el feto de este mono y el humano son casi idénticos. La diferencia no está en los genes, sino en la energía espiritual" . Pero ahora soy yo quien se está descentrando; leamos el artículo desde el principio y vayamos por partes.

 

De Mendel a Carranza

"Hagamos al Hombre a nuestra imagen y semejanza, dijeron recientemente algunos doctores en genética", comienza Carranza. Poco después de esta ingeniosa y solemne apertura, asistimos a un breve resumen de la historia de la Genética. Así, se nos explica que Gregor J. Mendel fue quien realizó el "primer intento trascendente de manipular las leyes de la vida". Quizá algo exagerada esta frase, pero estilísticamente soberbia. La mención a Mendel podría interpretarse como un guiño del autor, quien quizás adivinó que su destino podría correr paralelo al de este padre de la Genética cuyos descubrimientos pasaron totalmente desapercibidos en su época. Mentes más lúcidas que la mía deberían analizar el artículo para dilucidar este punto, aparentemente en clave.

"Y por fin hoy," continúa, "la ciencia se ha puesto a reescribir el Génesis, y la rueda del Zodiaco o Rota Geniturae, ha quedado como timón en poder de científicos que aún no saben que lo que tienen entre manos es más que la ciencia pura que imaginan". De Mendel al Proyecto Genoma Humano hay un gran salto para la humanidad. El PGH nos acerca, según el autor, a "la lectura de la carne, letra a letra". Esta soberbia expresión es de nuevo un ejemplo de la riqueza del estilo, sorprendente en una revista científica (aunque modesta). Sigamos deleitándonos: "(...) esa partícula llamada gen que algunos imaginan que es sólo la unidad de la herencia, cuando lo cierto es que es el punto de unión y acción entre Vida, Universo y Zodíaco". Nadie podría haberlo expresado mejor.

 

El Gen es "la pera"

El Gen es algo importantísimo, como se esfuerza en hacernos notar el autor: "El gen posee tanto al individuo al que pertenece, que bastarían unas células para recrearlo, es decir, para nacer a otro ser idéntico a él, ya sin necesidad de padres". El gen es magia, y la magia ya no es ajena a la ciencia, sino que "De hecho es ya su más alta expresión, como se comprobará conforme se avance en el conocimiento del gen, de la energía que este guarda se han servido hasta las más humildes brujas para practicar sus hechizos.". De los miopes conocimientos actuales, sin embargo, se desprendería que los genes no son especialmente energéticos, y que las humildes brujas deberían utilizar lípidos o glúcidos como combustible de sus hechizos, en lugar de ácidos nucleicos, pues aquéllos, además de proporcionar más calorías son infinitamente más fáciles de obtener. Pero la ciencia cambia y se corrige, y podríamos estar equivocados.

A continuación el autor nos ilustra sobre la etimología de la palabra "mago" y nos planta un buen trozo de rollete (si me disculpan la ordinariez) sobre los "iniciados de hace milenios". Lo cual, lógicamente, nos impacienta a quienes buscamos ávidamente ampliar nuestros conocimientos de genética. Una cita de Le Cerveau Humain, de Chauchard, sobre el parecido que guardan los cerebros de los grandes hombres y de los criminales, sirve a Carranza para apoyar (supongo, porque el hilo del razonamiento se me escapa) su teoría. Tampoco hay relación entre el tamaño del cerebro y la inteligencia, nos dice, y además, "el sabio más grande y el cavernario más primitivo tienen exactamente el mismo cerebro" La diferencia, de nuevo, está en la carga astral de sus genes. Aquí debo corregir al autor, pues si el cavernario primitivo (¿un Homo antecessor?) y el sabio tuvieran exactamente el mismo cerebro, serían unos hermanos siameses especialmente desafortunados. Pero debemos considerar la novedosa idea de que las diferencias en inteligencia y sentido moral vienen determinadas por la fecha de nacimiento, como sugiere Carranza, superando en valor a cualquier astrólogo.

Efectivamente, "Múltiples experimentos realizados en los Estados Unidos, particularmente en las universidades de California y Minnesota, han demostrado que carácter y personalidad no provienen del medio en que la persona nace, se desarrolla y se educa, sino del caudal genético". Se refiere, por ejemplo, al famoso estudio de adopción de Minnesota, cuyos resultados internamente contradictorios han servido para que los científicos se quedasen igual que al principio en la controversia herencia-ambiente. "De hecho", continúa, "la mayor parte de la carga genética es de condición astrológica". Y atención, porque lo que sigue es para enmarcarlo:

 

Un párrafo que hará Historia

"Todo ser vivo surgiría, en el momento de su nacimiento, dotado con una buena proporción de genes ‘en blanco’ sobre los cuales se ‘imprimiría’ la suma de los efluvios energéticos de los 12 signos del Zodíaco, o sea, de todos los cuerpos celestes, precisamente en la posición y con la intensidad con que esplendían en ese justo instante y sobre ese preciso punto de la Tierra, en que sólo esa persona ha nacido. Ese entretejimiento megnético impregnaría la irradiación viva, pura, blanca, que brota de la dotación energética individual del ser en el momento en que éste aflora del huevo o del vientre materno, formándole un diseño genético único e irrepetible con el que le confiere una forma de ver y entender, así como de darse a ver y a entender"

Absolutamente genial, pero oscuro. Aparecen conceptos que de nuevo parecen adelantarse a nuestra época: "entretejimiento magnético", "irradiación viva (pura, blanca)", "dotación energética", etc. Carranza no sólo es un astrogenetista, sino que también tiene cabeza de físico. En su artículo, de un modo que a una mente simple como la mía podría parecerle que no viene a cuento, cita la teoría de Jean E. Charon de que "la materia de la cual está formado el ser humano posee una condición distintiva de psicomateria, determinada por el eón, o ‘electrón espiritual’, que posee naturaleza imperecedera y cuyo cometido esencial sería adquirir sin cesar más y más información para mantener la evolución de la conciencia". Los eones, por otra parte, "se disponen simbólicamente en forma de pirámide" (y de nuevo hay una referencia a los antiguos iniciados), "pueden reencarnarse" y "se encuentran en todas partes donde haya materia".

 

La tragedia de un cura trastornado

A continuación Carranza vuelve a sorprendernos. Ahora inserta una curiosa historia sobre un sacerdote alcohólico que no condenaba la prostitución, aunque lamentaba la "mecanicidad del propósito". Este cura se ordenó a causa de la presión de su madre, "anhelante de que él llegara a ofrecerle (...) la absolución del pecado que le permitió pagarle los estudios". Este cura, tras morir su madre, se quedó sin feligreses pues pretendía que fueran ellos, los pecadores, quienes le absolvieran a él. A Carranza, lo que más le asusta de la "lectura de la carne" es precisamente la mecanicidad del propósito, "tan alejada de conceptos como los del Zohar". Como la prostitución.

 

La evidencia

¿Pruebas de la tesis principal ? Carranza se explaya adecuadamente en este punto. Por ejemplo, "los signos de Piscis y Géminis son particularmente susceptibles a las depresiones como consecuencia de que en sus cerebros la serotonina presenta un nivel bastante bajo". Tras explicar que el pueblo celta ha dado lugar a una nación "geminiana irlandesa" y a otra "pisceana gallega", nos muestra que "otra característica químicoastral de los genes celtas es la marcada sensibilidad al propilenglicol, que les orilla más que a otros el tipo de cáncer conocido como melanoma". Los irlandeses, continúa, presentan una debilidad geminiana del aparato pulmonar, por escasez de la proteína AAT, lo que les predispone a la bronquitis crónica. Justo al contrario que los pieles rojas "que en su mayoría son Virgo complementado con Sagitario", el opuesto a Géminis. Éstos, además, no suelen sufrir vértigo, particularmene los sioux, algo que también está determinado por una "condición sociogenética y astral". Virgo combinado con Escorpión, por otro lado, "induce a la anemia crónica como reacción ante muy diversas sustancias químicas (...) debido a las deficiencias del gen G6PD". De nuevo la excesiva modestia del autor le impide citar las fuentes científicas correspondientes, presumiblemente estudios realizados por el propio Carranza. Es una lástima.

 

El futuro tras la "lectura de la carne"

El proyecto Genoma humano conduce (y no nos precipitemos a malinterpretar lo que sigue como una muestra de racismo) a la "concreción de las posibilidades raciales o étnicas". "De aquí, casi simultáneamente, se pasará al cálculo de las posibilidades mentales de las que en buena parte se sabe ya que también son hereditarias". Los pueblos más emotivos (Piscis y Géminis) llevarán la peor parte, ya que "suelen ser también los menos disciplinados y productivos". La manipulación de la reproducción humana con el objetivo de crear seres humanos "superiores" producirá un nuevo Tercer Mundo formado por "seres humanos desfasados". Carranza condena este "peligro esencial", que "afectaría profundamente a la especie y al Zodíaco mismo en una escala que sin duda posee inmensa importancia en el orden cósmico, la humana". Esto es así ya que "Al establecerse que gran parte de los genes es de naturaleza zodiacal, empezarán a administrarse los signos artificialmente". Lo que no entiendo es por qué ésto nos convertirá en una raza "supramental". Pero, de cualquier modo, la Rota Geniturae nunca volverá a ser la de antes y eso, concluye Carranza tan magistralmente como empezó, "quizás haga reir a Dios".

Quienes han llegado hasta aquí quizá se pregunten por qué una contribución a la ciencia de este calibre no ha tenido ningún eco en la comunidad científica. ¿Por qué no pudimos leer este revolucionario trabajo en las publicaciones de más prestigio? ¿Son los oscuros intereses de una ciencia oficial deshumanizada y al servicio del mejor postor, los que han impedido la divulgación de esta auténtica bomba? En mi opinión personal no ha sido así. El motivo fundamental de la injusticia ha sido, paradójicamente, el exceso de humildad del propio Carranza, que le ha impedido cumplir las estrictas normas de publicación científica relativas a la estructura del artículo, estilo, presentación de datos, modo de citar, bibliografía, etc. Por no autocitarse, por no mostrar su absoluta originalidad, la teoría genético-astrológica ha quedado en el olvido. Pues tan sólo Más Allá, poco severa en cuanto a formalidades, lo consintió. Espero que este escrito contribuya a divulgar la teoría de Carranza, aunque me temo que sólo me permitirán publicarlo en la World Wide Web, donde se permite todo. Qué curioso, esto de las vidas paralelas...

Porcupine Hedgehog
(Heterogenetista y estudioso del periodismo de lo anormal)

Hay 3 comentarios

  1. Federico dice:

    Me ha encantado la lectura y he aumentado mi vocabulario con el sustantivo magufo, y los adjetivos magufo/fa y magufil. Desgraciadamente no aparecen en el diccionario de la RAE. Tampoco en un diccionario wiki (wikcionario), donde intenté incluir estos términos, pero sin tener “santos en la corte” me borraron el término despiadadamente. Al parecer tienen una especie de dictador magufo que se ofende con la palabra :-D (http://es.wiktionary.org) Invito a los escépticos a hacer aparecer sus palabras en los diccionario, al menos las palabras que ya han salido del uso restringido de un blog.

  2. coco dice:

    Me han inpresionado los escritos del tal Carranza,un artista, un poeta, un genio, no cerremos nuestra mente, si existe pintura abstracta ¿porque no ciencia abstracta, es un prejuicio el que la triste realidad y el aburrido raciocinio nos priven de la belleza de algunas elucubraciones.

  3. nosce dice:

    …y luego también están los CIENZUFOS.

    http://tinyurl.com/CIENZUFOS

    que de todo hay en la Viña del zeñó…

    >

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